El Festejo


Al Negro, con toda la amistad que le corresponde.
Feliz Cumpleaños.
        Aquel recuerdo es vago, pero aún lo recuerdo:
        Sentí la tranquilidad de aquella noche de verano, en un parque, solo, esperando que algo suceda... y nada.
        Me acerque al kiosco que sus luces de neón me mostraron, pedí la primer cerveza y volví al banco del parque, donde respiré e incorpore tranquilo el placer de aquella fresca bebida. El alcohol en mi cabeza me hizo recordar viejas épocas, momentos bellos que guardo en mi nostalgia.
        Acabe el ultimo trago, saque la radio de la mochila, y la encendí. Racing ganaba dos a uno; la nostalgia volvió a mi en un recuerdo de mi padre cantando en el gran coliseo. Aquel momentáneo resultado era para festejarlo, -como diría mi hermano- con otra fresca bebida. Para cuando concluí la segunda, el partido ya había terminado y mantenido el mismo resultado, -motivo para festejarlo-.
Hasta donde sé, creo haber hecho otros tres festejos más, para entrar en el nivel delirante, en que uno se siente mareado, en el que las luces comienzan a brillar demasiado, y todo se vuelve confuso, el tiempo se acorta y ya no se ve a los costados.
        En ese momento intente recapacitar, pensando en donde estaba, y lo recordé al instante: era la Plaza San Martín. Razone unos minutos más tratando de fijar el estado en que me encontraba, cuando note una gran figura que se acercaba hacia mí, mientras la luz de uno de los faroles que se extendía por detrás me impedía ver su rostro. Solo necesite que riera para reconocerlo, era Julián, el Negro para los amigos; sus primeras palabras junto con su gruesa sonrisa, me preguntaron que estaba haciendo ahí solo, y basto con que le diga que estaba festejando para que se sentara, y festejara conmigo.
        Comenzamos a recordar montones de cosas que habíamos pasado durante nuestra adolescencia: unos cuantos consejos recíprocos, alguna que otra discusión, y unos cuantos miles de festejos. Bebimos hasta pedir fiada la ultima cerveza (que fue otro motivo para festejar)  y ya no poder decir palabra.
        Me despertaron los rayos del sol en la cara, que se filtraban entre las ramas de los frescos arboles, estaba sentado igual que como creía haberlo estado la ultima vez que me senté, observe a mi alrededor y no había ni rastro de mi amigo; cosa que hizo refregarme los ojos y entrar en recapacitación de mi festejo solitario. 1
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