Encantamiento



        El reloj empezó a dar las doce desde la torre de la iglesia, la hora en que se abre la puerta entre la vida y la muerte permitiendo que pasaran los espíritus en ambas direcciones...
Stephen King (Misery)

        La historia que voy a contarles es totalmente verdadera y vivida en carne propia, durante la segunda semana en que llegue a aquel barrio de las cercanías del centro de la ciudad de Buenos Aires. Quienes no quieran creerme, por supuesto, están en su libre derecho de hacerlo o no, en lo que a mí respecta, me parece que tampoco podría creer algo como esto... pero es verdad.
        La razón de mi llegada a éste barrio se debió al fallecimiento de mi padrastro que tenía una fría e inmensa casa ubicada en el Tigre, donde mi madre se sentía totalmente incomoda, y ayudada por el momento depresivo que estaba pasando, nos  vimos obligados a buscar algo más pequeño.
        En aquel barrio lo único que me llevaba a hacer algo era mi perro, un San Bernardo de unos cuatro años de edad. Con él daba vueltas por un parque cuyo nombre ahora no recuerdo. Era un parque llano, con pocos caminos y casi todo el césped poblado de árboles, tantos eran estos que me podía imaginar su verde terraza con pequeños espacios, donde observaba desde abajo las estrellas mas comunes. Generalmente estaba deshabitado, aunque de vez en cuando se reunían algunas personas de entre quince y veintiun años, quienes iban a patear un poco una pelota y a fumarse unos cigarrillos de marihuana.
        Uno de esos días, entre el cuarto y el quinto de mi estadía, la conocí a ella. Era una de mis tantas noche de insomnio alrededor de las tres de la madrugada, paciaba con Toifer cuando entre los caminos del desolado parque me encontré con su silueta. Ella estaba sentada en un banco con las piernas cruzadas y hamacando una de ellas. Yo que nunca fui muy sociable pase sin siquiera mirar, di unos pasos más, hasta que descubrí que Toifer no se encontraba a mi lado. Al darme vuelta lo vi con su inmensa cabeza apoyada sobre la falda de aquella silueta fantasmagórica, pero tan bella al mismo tiempo. En ese momento ella llevó una de sus manos hacia su boca mientras que con la otra continuo acariciando al pequeño Toifer, y sin sacarme la mirada de encima me pidió fuego. Accedí acercándome mientras hurgaba en el bolsillo de mi campera intentando sacar mi dorado encendedor Zippo. Cuando encendí la llama, pude ver el juvenil rostro, aunque debido a la tenue luz que se reflejo, no llegue a percibir su después notoria palidez.
        Era muy hermosa, de delicados rasgos, con unos llamativos ojos negros y carnosos labios rojizos que me mostraron una leve sonrisa, su cuello lo tenía tapado con una polera roja y su pelo largo, oscuro y lacio, caía sobre sus brazos y espalda, hasta descansar sobre sus muslos. Se presento diciendo llamarse Erika, levanto la mano esperando que la salude besándosela, al tiempo que Toifer quedaba libre y perplejo ante su aroma. Bese su mano sin poder observarla, siéndome imposible quitar la mirada aquellos ojos, y luego invito a sentarme. Una vez allí, me pregunto mi nombre, y se lo dije con cierta rapidez, me sentía exaltado.
        - Muy lindo nombre- sugirió para mi asombro.
        - ¿Te gusta?.
        - Sí, me trae bellos recuerdos.
        - ¿Se puede saber de quien?.
        - No... nadie importante.- dijo con la voz entrecortada mientras exhalaba el humo de su cigarrillo.
        Continuo hablando sobre la vida en aquel barrio y comento venir de una familia que personalmente me pareció muy extraña, y mas aun sintiendo la tranquilidad en ella al ser tan poco susceptible ante aquellos recuerdos:
        - ...mi padre se suicido a los veintiocho años, se arrojó de un pequeño precipicio de Mar del Plata, dando contra las rocas donde las olas del mar dejan toda su furia-. Aquel dialogo me hizo sentir totalmente incomodo. Se mantuvo unos minutos callada con la vista perdida, hasta que me incitó para que le contase algunas cosas sobre mi vida que no pasare a narrar ya que no tienen importancia.
        Tan bien me cayo su personalidad que quede sorprendido de todo lo que habíamos charlado, y entonces confeso haberme estado observando durante dos noches.
        - ¿De verdad?- pregunte inseguro.
        - Sí- contesto con un tono firme y mostrándome una sonrisa espléndida.
        - ¿Y... por qué?.
        - Creo que es ese comportamiento que tenés, tan extraño, tan similar al mío.
        - ¿Cual?- Le pregunte con creciente curiosidad. Suspiro por unos segundos, y al final dijo:
        - Tu soledad.
        Esto me dejo totalmente atónito, pensativo, y cuando estaba decidido  a preguntarle qué hacia cuando su sentía sola, se levanto disculpándose y diciéndome que debía  marcharse, aunque le encantaría volver a verme.
        Cuando la observe de espaldas mientras se perdía en aquella oscuridad se me cruzaron miles de horribles cosas, trate de dejar de pensar en ellas y solo me dedique a contemplarla. Entonces comprendí aquella similitud a la que se había referido, esa reacción de levantarse así no más, de repente, y marcharse tan misteriosamente; sí, ese comportamiento me recordaba a alguien, estaba grabada impune en alguien, y sin ninguna duda, ese alguien era yo.
        Llegué a mi casa y fui directo a la heladera, abrí una lata de cerveza, me senté en la mesa de la diminuta cocina y mientras bebía, observe a Toifer como se las ingeniaba para acomodarse en su pequeño rincón. Medite por unos segundos, reflexionando, pensando en Erika, me fui a acostar, e intentando sacarme aquella belleza que atrapaba mis pensamientos decidí leer unas citas en un libro que había marcado y después de unos minutos me dormí.
        Al día siguiente me desperté pensando en el ulular de algún tipo de sirena, que no sabía si lo había percibido estando entre lo despierto y lo dormido, o si fue debidamente en un sueño. Caída la tarde comenzó a sentirse serenamente el frío que durante la noche despejo las calles de casi todo transeúnte. Habían comentado en la radio unos cuatro grados bajo cero de sensación térmica (temperatura bastante baja, si se tiene en cuanta que nos encontrábamos a mitad del otoño). Agarre mi sobretodo, la correa de Toifer, y salí como ya era costumbre alrededor de la una y cuarto de la madrugada para realizar mi rutinario paseo antes de obrar al forzado intento por dormir.
        En cuanto coloque el primer pie en el parque observe a Toifer que junto a un árbol se había quedado paralizado con la vista perdida detrás de mí, clave mis sentidos sobre eso y tuve el presentimiento de que alguien se acercaba a paso acelerado. En el mismo segundo en que pensaba darme vuelta, unas suaves y frías manos me taparon los ojo, y volví a escuchar su dulce voz:
        - ¿Quien es?.
        - ¿Erika?- conteste con una pregunta obvia, y ella simplemente saco sus manos de mis ojos y me beso los labios antes de que pudiera decirle algo que olvide al instante.
        Después de unos minutos que caminamos y me desperté de mi ultraísmo de transe en el que me había dejado; comento algo sobre un asesinato que habían cometido la noche anterior a unas diez cuadras del parque, y aun hoy puedo recordar las imágenes creadas en mi mente al escuchar lo que habían hecho con aquel chico de unos veinte años, quien parecía haberse bajado de su moto tranquilamente para que luego alguien, pudiera dar con su cabeza tres inauditos golpes a la pared de una descuidada casa habitada por una retorcida anciana que no la podían despertar para que realice la declaración de lo que hubiera visto o escuchado. Tanto tardaron en dar con ella, que hasta llegaron pensar que también se encontraba muerta.
        Estuvimos caminando hasta que se levanto un fuerte viento que arrasó con el colchón de hojas que se había formado en los caminos del parque. Nos refugiarnos del frío en el hall de entrada de su edificio, que daba a una calle perpendicular al parque.
        Dentro del hall, sobre su pared izquierda, se extendía un pasillo donde el reflejo de la luz del ascensor se filtraba por su pequeña ventanilla en medio de la grisácea oscuridad. Al final de este pasillo se podía distinguir una escalera de mármol que desaparecía clavándose oblicuamente sobre el techo. Tuve el sumo cuidado de hablarle a Toifer para que se mantuviera callado, y nos hundimos en la oscuridad con absoluto silencio, subimos la escalera hasta el segundo piso, doblamos a la izquierda mientras tanteaba las paredes con mis manos, hasta que llegue a ver el diminuto punto rojo del interruptor de luz. Erika lo presiono y se encendió un insignificante plafón fijado en la pared sobre una barnizada puerta marrón que profería la letra “B”. Al contrario de lo que yo esperaba vislumbre un corto pasillo que terminaba a unos pasos del rojo interruptor. Erika se saco su campera, la coloco en el suelo y se acostó sobre ella. Le pregunte que ocurriría si saliera alguien de aquella puerta, pero me contesto que nadie vivía allí hacía ya dos años. Hice lo mismo junto a ella con mi pesado sobretodo mientras que Toifer lo hacia con su persona.
        Me tomó de la mano observando mi ondulado anillo, luego me miro a los ojos y antes de que se me anticipara, la bese en aquellos hermosos labios que aun hoy no puedo olvidar. Nos abrazamos y nos besamos, me ubique sobre ella y la bese, comencé a sacarle el grueso pulover que tenía, y me beso, me saco los dos buzos que tenía puestos de una sola vez, y nos volvimos a besar, le bese los pechos, y volví a besarla, me arrodille colocando sus piernas sobre mis hombros, le desabroche el botón de los jeans al mismo tiempo que habría ambas solapas para bajar el cierre. Pase mis manos por debajo y tire hacia arriba para sacárselos mientras sus manos ya trabajaban con los míos. Me termine de bajar los jeans hasta mis tobillos y volví sobre ella. Mi corazón se había exaltado de tal forma que nunca lo hubiera imaginado. Continuamos durante un tiempo que jamás podré determinar, hasta que llegamos al final.
        Solo se escuchaba nuestra respiración, me tendí a un lado, bese su frente y nos quedamos abrazados tapándonos con lo que teníamos. Estuvimos unos minutos en silencio, hasta que ella encendió un cigarrillo; dialogamos sobre unas diabólicas figuras que imaginamos con la pintura media salida del techo y comenzó a vestirse. Cuando termino dijo que tenía algo que hacer al otro día, y unos segundos después se levanto, me acompaño hasta la planta baja, me beso abrasándome por la nuca y la cintura, y sin decir ni una palabra, me fui.
        En el trayecto a mi casa mientras cruzaba el parque, me asuste al ver una cabizbaja figura de un hombrecillo que arrastraba pesadamente lo que alguna vez habría sido un carrito para hacer compras. Con las manos en los bolsillos y temblando de frio, continúe caminando más rápidamente, y se me cruzó en un fugaz pensamiento la extraña sensación que sentí al estar encima de ella; era algo que me había deleitado, algo jamás vivido, y no era exactamente amor, era solamente análogo al amor que alguna vez había sentido, era algo que parecía penetrar en mi alma y desde allí, estimular a mi cuerpo.
        Desperté con la alarma del radio-despertador escuchando Time, de Pink Floyd, me levante y recordé que mi madre me había dejado una nota sobre la mesa, diciendo que tenía que pasarla a buscar por la casa de una amiga a las dos de la tarde, observe el reloj nuevamente y marcaba la una y veinticinco, me vestí recogí las llaves del auto y salí.
        A la vuelta mi madre con una sonrisa me dijo que le encantaría merendar té con facturas. Paré a comprarlas sobre la avenida Caseros, a unas cuadras de casa y cuando me estaba por bajar vi pasar a Erika apurada con los brazos cruzados y su mirada extraviada; la llame, y se dio vuelta intranquila, sus ojos se clavaron ferozmente en los míos, pero al darse cuenta de que era yo su rostro tomo un poco más de color y sus facciones se relajaron. Me saludo apresurada y se fue diciéndome que estaba muy apurada, y que me llamaría a la noche, porque tenía muchas ganas de verme. Desde que entre hasta que salí de la panadería me estuve preguntando por qué estaría tan nerviosa. Regrese al auto, y mientras mi madre me recriminaba por no haberle presentado a mi nueva amiga, una ruidosa luz azul paso velozmente sobre junto a mí, y al final de la calle doblo a la izquierda. Al llegar a la esquina pudimos observar a mitad de cuadra dos patrulleros con sus balizas encendidas y unos cuatro policías entrando en una casa vieja  sujetando nerviosamente sus armas, mientras otros dos se quedaban parapetados en uno de los patrulleros.
        Después de la merienda me encerré en mi cuarto para continuar con un trabajo que tenía que presentar en la facultad a la cual nunca iba. Unas horas mas tarde mi madre entro con el teléfono en la mano, sonriendo y con picara mirada, diciéndome que era mi amiga, la que no le había presentado. Me resulto tan extraña la llamada, que hasta no escuchar su voz no pude creer que era ella. La salude y al instante le pregunte de donde había sacado mi número de teléfono, pero en lugar de responder a mi pregunta me consulto sobre lo que haría esa noche después de las diez y media.
        - Nada, ¿por qué?.
        - Bueno, nos encontramos en el bar que esta en la esquina de Caseros y Entre Ríos a esa hora... chau - Cortó. Fue tan rápida la conversación que no atine reacción alguna, y me quede pensativo con el teléfono en la mano, sin entender lo que ocurría.
        Me encontraba inquieto y sin saber que hacer esperando que llegue la hora, daba vueltas por el departamento como una fiera enjaulada, hasta que mi madre sentada en su senecto sillón dejo de tejer y comenzó a contarme lo que se había enterado gracias a nuestra vecina (su nueva compinche en murmullos rápidos), sobre los policías que habíamos visto por la tarde:
        - Parece que al entrar a la casa, en el primer piso, se encontraron con algo que solo se podría reconocer por su estigma dactilar, ya que su rostro y partes importantes de su cuerpo habían sido destroncadas y destrozadas por algún tipo de filoso utensilio que se hallaba a muy alta temperatura - hizo una pausa para aclararse la garganta y siguió:
        - Dicen que la policía no puedo determinar qué o como se pudo hacer semejante desastre con esa persona, y tuvieron que intervenir especialistas forenses para investigar el caso.
        Trate de tranquilizarla, diciéndole que seguro la vecina había exagerado como siempre lo hacía.
        Eran casi las diez cuando me puse la campera para salir y Toifer se levanto pensando que saldría conmigo, pero le dije que esta vez no me acompañaría, y volvió a acostarse. Mi madre, por suerte se había dormido temprano así que le dejé una nota diciéndole que regresaría temprano y  salí.
        Entre al bar y la vi sentada con sus codos apoyados en la más oculta de las mesas, sujetaba un cigarrillo humeante en su mano izquierda, se encontraba mas pálida que otros dias, pero nada afectaba aquella belleza tan particular. La bese, me senté y le pregunte como estaba.
        -¡Bien! - Contesto sonriendo. - quería que vengas conmigo a un lugar donde hace rato tengo ganas de llevarte... sos la persona que siempre estuve esperando para esto.
        Encendí un cigarrillo y pedí una cerveza, me quede callado, preguntándome por que era tan misteriosa, ¿se haría la misteriosa a propósito?, ¿para qué?.
        -¿Entonces?, me pregunto ansiosa.
        -¡Sí!, por supuesto...¿a dónde queres que te acompañe?.
        -¿Ahh?, es un secreto.- dijo mientras apretaba el filtro del cigarrillo contra el cenicero.
        Al cabo de unas horas, después de algunas cervezas mas, me encontraba con un trago de un prodigioso color grisáceo y un segundo antes de levantarme para ir al baño fue el ultimo momento de aquella noche en que reconocí a mi yo habitual.
        Abandonamos el bar; y entre confusas imágenes recuerdo haberme subido a un auto blanco que ella manejaba, donde platicamos y reímos a los gritos ya que la música que se desprendía de los parlantes de aquellas puertas estaba a todo volumen. No logro acordarme ni siquiera una sola esquina por donde hallamos pasado; solo sé que de un momento a otro nos detuvimos, apagamos el estéreo y cayó sobre nosotros el más inusitado de los silencios, salvo por el sonido molesto que perdura en los oídos después de escuchar la música tan fuerte. Note lo deslumbrante de aquel lugar totalmente desconocido, fije mi vista lo mejor que pude y logre observar detenidamente lo que parecía la entrada a un descomunal bosque.
        Cuando entramos sentí un leve escalofrío que ella percibió a través de mi mano, de la que iba fuertemente agarrada. En este bosque que a simple vista era tan vivo, tan verde, no se percibía un solo rastro de vida animal, no se escuchaba ni un solo ruido, mas que el de nuestros calculadores pasos. De esta forma anduvimos como dos enamorados, mirando felices y estupefactos aquel paisaje tan extraño y extravagante, en el que se podía observar una gran cantidad de gigantescos arboles con sus imponentes copas ubicadas a mas de veinte metros de altura y entrerodeados por miles de caminitos naturales que formaban un dédalo inmenso, cruzado por lo que parecía ser un sendero principal decorado por unos pequeños bancos construidos con troncos infantilmente tallados.
        Caminamos por el hermoso pasaje durante casi media hora, hasta llegar a un puente adoquinado que cruzaba sobre un apacible arrollo en el que sentí ganas de zambullirme. Después de el puente el sendero su hacía mucho mas angosto. Mientras lo  atravesábamos comencé a escuchar el ruido de unos tambores que sonaban sin responder a melodía alguna, nos dirigimos en dirección a aquellas percusiones descompasadas hasta que llegamos a una caverna donde entre una blancuzca niebla alcance a visualizar unas cuantas personas moviéndose estrafalariamente.
        Entramos despacio y sonriendo, mirando sus rostros deformados por los estímulos y el ruido de su música que enfermaba sus mentes. Era un lugar oscuro, en el que la única luz que se reflejaba en sus ojos, intentaba penetrar por una abertura amplia que daba la impresión de un semicírculo deforme. Nadie se hablaba, nadie me hablaba, mas que Erika que sonreía conmigo.
        Soy como un duende que ríe entre ellos, pense, cuando comencé a imaginar las detestables cosas que, no sé por qué, deseaba que le ocurrieran a todas esas personas que me rodeaban.
        Mi primera inspiración se poso sobre un sujeto que me observaba en una extraña forma, sentí ganas de introducirle algún tipo de instrumento explosivo por su orificio anal, hasta llegar al centro de su ya exaltado corazón, donde con un simple impulso de mis pensamientos lograría detonar mi preciado instrumento, reventando de adentro hacia afuera sus entrañas. Todo para poder observar lo bien que se veía ahora (totalmente agrietada) aquella insulsa persona.
        El entusiasmo me surgió de repente al darme cuenta de mi idealidad para con esto, que elegí a una linda mujer totalmente fuera de su órbita terrestre, bailando al son de los tambores. Para ella estuve poco menos pretencioso, pero la expresión de su rostro al sentir la exasperante retorcida en su suave y delicado cuello, me deleito totalmente, ya que sus ojos tenían la gran impresión de querer salir de sus casi perfectas cuencas, como si fueran dos canicas de leche verdosa.
        Y así anduve caminando como el nuevo morador del andrajoso sitio, aventurándome con quienes me daba la gana. Hasta que descubrí su rostro, que tenía la misma expresión que yo sentía, en mi tal vez, pálida cara. Y entre pequeñas risas forzadas y numerosos chapoteos de sangre nos largamos por la deforme abertura del lugar, escuchando su ya no, tan enferma música.
        Luego caminamos por una playa casi desierta, de no ser por alguna especie rara de cangrejo deforme que salía del mar en busca de algún tipo desecho cloacal; cuando se me ocurrió preguntarle, si allí dentro, no se sentía como un pequeño duende, el cual estaba totalmente fuera de sí. Su respuesta fue la hizo que dentro de mi piel, mi sangre y mi cabeza surgiera un leve estremecimiento de horror.
        - Mas que un duende, me sentí como un demonio alegremente satisfecho.
        Esa fue la ultima vez que escuche su voz, y no recuerdo que se halla despedido. Nada puedo entender sobre todo lo ocurrido, ¿quien era ella?, ¿que era?, no puedo decirlo, solo en sueños intento descifrarlo. Lo ultimo que supe, por lo que me dijeron, es que me encontraron envuelto entre su campera y la mía, debajo del banco donde conocí, a la horrible belleza que en menos de una semana, toco el fondo de mi corazón.

 


 
 


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