Creed en mí
A Manguer... seguí creyendo.La música se escuchaba suavemente, el olor a café abundaba en aquella antigua casa, y la charla de aquellos amigos que se habían reunido a jugar un conocido juego de rol, se había tornado muy interesante...ya que los espíritus estaban en medio.
Entre aquellos, se encontraba Facundo Linof, un abogado de poco más de veinticinco años, el cual creía absolutamente en el espiritismo, aunque su gran duda era la existencia de Dios. Javier López, muy católico de familia, cabalista en su sentido más amplio y quien había tenido un exorcismo hacía un par de años, dejándolo con un carácter desorbitado; tan desorbitado, que había quienes creían que aún estaba poseído.
También se encontraba Fernando Velázquez, un estudiante de ciencias de la naturaleza, católico y fiel creyente, con alguna que otra experiencia con fantasmas. Y por supuesto el anfitrión de la casa, Roberto De Felita, profundamente ateo, y a quién no se le podía hacer creer nada.
El señor De Felita hacía poco más de una hora que se encontraba hablando bajo los pacientes oídos de sus amigos. Relataba antiguas actividades que se habían realizado dentro de su ya restaurada casa, tales como abortos, prostitución, violaciones, y hasta el asesinato de un anciano en el conventillo contiguo al patio trasero al cual le había clavado quince puñaladas una niña de doce años con quien se había sobrepasado el pobre anciano.
- Y nunca oí el menor ruido de algún espíritu que se halla quejado. - concluyó con una pequeña sonrisa, que fue interrumpida por López.
- No es necesario que todo lo tomes con el sadismo con que tomas todas las cosa... eso a los espíritus no les agrada.- A lo que De Felita contesto con una sonrisa más sádica que la anterior.
Se noto la incomodidad de aquel momento, entonces el señor Velázquez cambiando el tema le pregunto a Linof que se encontraba a su derecha, cual era su creencia para con el Señor; a lo que contesto:
- Hace algunos años no creía absolutamente nada, aunque halla ido a colegios católicos, aunque halla sido bautizado y haya tomado la comunión, nunca pude creer que todo aquello sea verdad. Pero desde hace solo un par de años, quien sabrá porque se me ha metido en la cabeza que tiene que existir un creador, no puede haber salido todo de la nada, ya que esto es aun menos creíble.
Entonces volvió a interrumpir De Felita.- ¿Que?, ¿acaso no crees en la teoría del Big Bang?.
- ¿Pero, entonces vos si crees?.- dijo exaltado López
- ¡Por supuesto!.
- ¡Ah!, bueno ya es un paso- Concluyo.
- ...Creo que es muy buena la teoría tanto del Big Bang, como la del Little Bang,- continuó con su representativa vos elocuente el señor Linof.- pero los mismos investigadores de estas teorías aseguran que no se descarta la existencia de un creador.
- Bah!, yo no creo nada de todo eso.
- Lo que yo creo es que sería bueno que leyeras sobre todos estos temas que pareces no querer creer.- dijo Velázquez mientras mezclaba el mazo de cartas.
- Pero por supuesto que leo, pero a mí no me la cuentes, esa Biblia es puro invento del hombre, de todos sus profetas; además se contradicen, ¿no es que ante los ojos de Dios todos somos iguales?, y entonces porque toco a algunos la suerte de ser superiores a otros. ¿Por qué Noé tubo la suerte de sobrevivir con sus hijos y las mujeres de sus hijos, ante el diluvio?. ¡No es que somos todos iguales!.
Entonces de un momento a otro comenzó a llover, las gotas golpeaban con fuerza sobre el toldo del patio trasero, López se levanto con su rostro pálido, pero Linof lo sujeto insistiéndole para que se vuelva a sentar.
De Felita le observo el rostro, y riéndose continuo con sus pensamientos sobre el Antiguo Testamento; y arremetió con el nuevo, diciendo que era aun peor...
-... Al menos el antiguo era interesante.
Para entonces, perros de toda la cuadra habían comenzado a aullar. López volvió a levantarse diciendo que él se iba y que no quería saber nada de aquella casa, porque comenzaba a escuchar ruidos extraños. Velázquez y Linof le insistieron que se quede un poco mas y así marcharse todos juntos, pero su rostro rebelaba el temor que se escapaba por fin, después de retenerlo durante tanto tiempo y observandose el uno al otro, decidieron levantarse.
De Felita los acompaño hasta la puerta y Linof le dijo que lo llamaría para arreglar otra partida en la semana entrante. Saludaron a De Felita, y López antes de retirarse metió una mano en el bolsillo de su abrigo, y saco una estampita de Jesús, se la extendió y le dijo:
- Por favor, guardala.
De Felita la recibió mientras se le escapaba nuevamente una sonrisa y cerro la puerta. En ese instante, el viento aumento su velocidad y las gotas de la lluvia comenzaron a pegar con más fuerza. Dentro de la casa, De Felita, aun con su sonrisa dibujada, colocaba la estampita en la repisa del comedor cuando una de sus ventanas se abrió bruscamente, se apresuro a cerrarla, y el silencio volvió a reinar dentro de la casa, a excepción de aquellos ruidos típicos (como decía el) durante una tormenta.
Cuando se iba a retirar a su cuarto, pudo observar que la estampita no se encontraba en el sitio que la había dejado, bajo la vista, y pudo verla en el piso. - El viento- penso, y fue a levantarla. Cuando lo hizo, noto que se encontraba boca abajo, y en el dorso vio escritas las palabras: “Creed en mí”. La coloco donde antes, ya sin sonreír, apago la luz.
Estaba cruzando el pasillo que lo llevaba hacia su cuarto, cuando los perros comenzaron a aullar nuevamente; el viento con su horrible lamento entraba por las hendiduras de las puertas y ventanas; tan horrible le pareció aquel lamento, y tan real, que percibió sus pasos. Encendió la luz del pasillo y dándose vuelta observó hacia el comedor, donde creyó ver sombras que se movían. Ya con el corazón exaltado se dirigió hacia él.
Al llegar, fueron tan horribles las imágenes con que se encontró que sintió que un enorme grito quería salir del fondo de su pecho, pero quedo atragantado antes de que pudiera escaparse. No entendía aquello, ¿era su comedor aquel?, sin duda que sí... Pero como era antes.
En una de las esquinas, donde debería estar el equipo de música, se encontraba una mujer de rostro enfermo tendida en una cama con sus piernas abiertas, y al lado de ella, sentada , una anciana que metía sus manos dentro de una cacerola humeante; justo en el centro, una prostituta fumaba y bailaba siguiendo el sonido del viento; a su derecha gritaba constantemente una mujer que un hombre golpeaba con intención de violarla nuevamente. Y junto a él que parecía haberse quedado duro ante todas aquellas imágenes, se encontraba una mujercita de uno doce años, con una enorme cuchilla de cocina en sus manos totalmente ensangrentadas, que observándolo le dijo:
- Hace tanto tiempo que no te veía.
Entonces, sin sacar un segundo la mirada de aquella niña, busco a tientas en la repisa, la estampita de Jesús, y en cuanto la encontró, comenzó a correr a lo largo del pasillo, perseguido por algo más que su sobra.
Se encerró en su cuarto, donde nuevamente reino aquel silencio que ya le fascinaba. Puso llave en la puerta, y observo casi llorando con la cabeza gacha aquella estampita que sujetaba con ambas manos; pidiendo misericordia. En aquel momento una luz surgió de la oscuridad de su cuarto, y lo vio, era él, el Señor todo poderoso, y entonces si se largo a llorar, más éste le dijo, no llores, y saco una espina de su corona, le rompió su camisa, y escribió con aquella en su pecho, las siguientes palabras: “Creed en mí”.
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