La araña y el diablillo
Imposible sería igualarte con aquella dulzura que enfermo mi mente.
Sin dejarme otra opció, sin dejarme escapar
de toda tu hermosura, de toda tu seducción.
No encontré otra cosa que hacer, más que sentarme a esperar,
como no todo diablillo que soy lo hubiera hecho.
Me quede sobre la hoja de un árbol imnotizado por el aroma
de las flores de tu cuerpo. Sentado allí, indefenso,
escuchando a quienes decían: ¡Mirad pobre diablillo sobre
la trampa de una araña!. Pero yo solo esperaba que
por favor vengas a devorarme.
Y por fin sentí tus pasos hacia mí; lentos, seductores, pasos precisos
que de un momento a otro se detuvieron.
No obstante, descubriste lo feo que soy con mi barba y mis bigotes.
Y sin querer saber por qué... decidiste no comerme.
No lo podía cree, sentía que era tan grande,
pero soy tan pequeño. No podía creerlo,
todo se había ido, todo había desaparecido,
todo lo escrito ya estaba borrado.
20
de marzo de 1998.