¿Choque de civilizaciones o choque de clanes?


El hombre ha de fijar un final para la guerra, sino la guerra fijará un final para el hombre
J. F. Kennedy

No existe tal sueño americano ("Americano" dream),
sólo hay un único sueño americano (American dream)
creado por una sociedad anglo protestante.
Los mexico-americanos compartirán ese sueño
y esa sociedad sólo si sueñan en inglés".
Samuel Huntington


El libro “El choque de las civilizaciones y la remodelación del nuevo orden mundial” de Samuel Huntington, publicado en 1977, merecería cierta atención así fuera por el solo hecho del enorme éxito que obtuvo cuando apareció, y sobre todo después de los atentados del 11 de septiembre, a raíz de los cuales se volvió uno de los grandes bestsellers en Estados Unidos y otros países, habiéndose afamado su autor, automáticamente, con un prestigio muy cercano al de un visionario.

No obstante, y aunque el libro contiene algunas cosas interesantes y atinadas, resulta que la principal de esas teorías, por principio de cuentas, no fue inventada o, digamos, enunciada por la vez primera por Samuel Huntington, sino por un ex primer ministro canadiense, Lester B. Pearson, Premio Nóbel de la Paz 1957. Tras citar algunas opiniones sobre lo que es una civilización Huntington afirma que, de todos los elementos objetivos que definen a una civilización, es sin duda la religión el más importante. Así, pueblos que comparten raza y lenguaje, nos dice, pero que no comparten el mismo credo religioso, suelen matarse unos a otros, como sucedió en el Líbano y en Yugoslavia. Huntington no explica a qué se debe, entonces, que en Irlanda del Norte los habitantes protestantes unos, católicos otros, no se aniquilan mutuamente por la defensa de dogmas o creencias, sino por la conquista del poder económico y político. Tampoco nos dice Huntington por qué los etarras, pertenecientes a un pueblo católico, el vasco, luchan contra los habitantes de otro pueblo católico, el español.

Por último, no hay ninguna explicación sobre cómo pudo ocurrir, entre dos países musulmanes, Irán e Irak, una guerra que duró casi diez años, que, aunque al principio parecía una guerra santa, la verdad es que en ella y desde un principio Dios tuvo nada o muy poco que ver, ya que no en balde comenzó, como sabemos, con la invasión iraquí de los campos petroleros de la provincia iraní de Khuzestán. En las primeras páginas del libro nos encontramos con varios mapas. Uno de ellos ilustra los territorios ocupados por las nueve civilizaciones del mundo de hoy, que son, según Huntington: la occidental, la latinoamericana, la africana, la islámica, la sínica o china, la hindú, la ortodoxa, la budista y la japonesa.

El gran pensador y escritor rumano Cioran dijo en una ocasión después de conocer a Jorge Luís Borges, que los intelectuales europeos no dejaban de ser unos provincianos si se les comparaba con los intelectuales latinos. Y tenía mucha razón. América Latina, además de la presencia de un gran número de etnias aborígenes, cuenta con una población inmensamente mayoritaria en relación con esos núcleos indígenas, que habla un idioma occidental y piensa en ese idioma, y que profesa una religión heredada de Europa Occidental. Los intelectuales y los escritores, los científicos, los filósofos latinoamericanos, son producto de esa cultura que, desde luego, si entra en la clasificación huntingtoniana de las civilizaciones, sólo puede ocupar un lugar: el de la civilización occidental. Hablar de una civilización latinoamericana en contraposición a la occidental es un disparate que apenas si sería comprensible de un iletrado pero que es inexcusable en un académico Harvariano.

Muchos han criticado la teoría de Huntington. Sin embargo, se han limitado a desvirtuarle, sin mostrar alguna mejor precisión que la que él ha presentado en sociedad. Quiero proponer en esta breve explicación que se orienta a entender la desaparición de los Estados-naciones y la aparición de los nuevos Clanes. Entendiendo Clan como un grupo o asociación de individuos que operan al margen de la necesidad territorial, fuera de la ley o con poder para acomodar la ley, en donde los Estados-nación, son más una casualidad que una necesidad.

¿Por qué es importante reflexionar sobre lo qué está pasando globalmente? Hasta ahora, sin una teoría explicativa que logre envolver la actualidad de la fenomenología social que nos acontece, nos hallamos imposibilitados de poder salir del caos mundial. Si no sabemos cuál es el problema, no sabremos encontrar la solución.

El poder de las decisiones es todavía un patrimonio reservado con vigilia por el gobierno, es su presa y no la suelta. Hoy, los ciudadanos de cualquier país medianamente desarrollado podrían masificar las consultas populares, llevando a referéndum diario sus leyes. La corrupción y el sistema son permeables, sus intereses radican en pautas que permitan mayores negocios. La ideología, la cultura y etnia son intrascendentes, por ello la teoría de un “Choque de Civilizaciones” no funciona. Los Clanes funcionan en base a intereses.

¿Qué nos haría pensar que la inocencia y respeto a la soberanía de los países serían respetado por las más importantes multinacionales? Después de todo, una de esas súper empresas tiene más volumen de ingresos que la mayoría de pequeñas naciones del Sur. La guerra es el principal negocio y más rentable. Materia prima, diseño, desarrollo, investigación, ingeniería, ciencia, diplomacia, industrias, políticos, militares, bancos son la parafernalia inmediata. Generan empleo y riqueza, en especial cuando el territorio conquistado es consumido con voracidad. Hoy ya no creo que pueda darse el libre mercado. Lo que demuestra que la riqueza natural es insuficiente para el desarrollo que ostenta el Primer Mundo. Todas estas naciones con un negro historial de explotación, invasión, esclavismo y guerras. Qatar podría ser un ejemplo en contrario, con la mayor cantidad de multimillonarios por metro cuadrado, pero es eso, una excepción. Nadar en oro negro y tener un limitado territorio y poca población, es una excepción.

Mientras el poder sin control caiga en manos de multinacionales es imposible creer que no se favorecerán guerras de conquista. Es curioso ver como las principales cadenas informativas norteamericanas mantienen desinformados a su público. Se da excesiva cobertura a los ataques palestinos en Israel pero pasa inadvertida la política de los asesinatos selectivos y las reiteradas operaciones militares israelíes. La doble moral es patente, terrorismo cuando se trata de árabes e incursión militar cuando se trata de ellos mismos o sus aliados. Debemos por ello, identificar a la violencia como violencia y condenarla exclusivamente como tal. Aquí no hay bandos buenos y malos, ni unos son terroristas y los otros santos, ambos son violentos y deben ser juzgados como tales.

Encontramos al clan norteamericano, integrada por políticos, militares y multinacionales. Vemos con claridad a sus ciudadanos en un escenario secundario, marginal donde su poder de decisión está reducido a breves consultas periódicas. Un sistema involucionado adrede por el interés de los clanes. El ciudadano de a pie, sirve como símbolo para los debates pero no entra al debate. En este Clan norteamericano entran todos aquellos que juegan a favor del poder estadounidense y no se oponen a él. La Unión Europea como bloque, estaría formando su propio clan. Debemos preferir el uso de clan, debido a que el concepto de bloque es demasiado impreciso. Desaparecen los Estados, el poder de las naciones se hace invisible. El clan norteamericano tras la Guerra Fría, que es el único grupo fuerte en el horizonte, aunque anticipa la formación de nuevos clanes globales y avanza en hegemonía.

Cuando el poder pasa del Estado-nación a grupos de hombres en forma consistente y sólida queda claro que Al Qaeda, comprueba con su aparición, es la tendencia global. Emerge como el clan rival. Quiere un espacio geopolítico para el desarrollo cultural y religioso que amalgama en su ideología, que incluye un aislamiento social y territorial que no conviene a las multinacionales pues le inhibe de explotar los bastos recursos planetarios en Oriente, esa concepción les lleva a un choque frontal de clanes, donde el liderazgo moral se pierde y las guerras iniciadas más parecen golpes magistrales y asesinatos selectivos entre las pandillas de la mafia del Chicago de los años 30 que a lo que debe corresponder a países gobernados por demócratas bajo un orden legal internacional. Al Clan no le conviene una Corte Internacional.

Las sorpresivas insurgencias iraquí y chechena, manifiestan clanes locales poderosos, evidencia también que la tendencia general, es el poder en manos de grupos radicales, en ocasiones incontrolables. A falta de una ley y una viabilidad internacional la salida se ve violenta.

En el futuro, si la democracia no se actualiza y los lideres electos no son, lideres morales, ni están bajo la batuta de los ciudadanos, será nuestro futuro un bandolerismo tribal fascista. El poder de la violencia como razón ética y lógica. Y, al contrario de lo predicho por el profesor Huntington, los Estados-nación no seguirán siendo los actores más poderosos, irán perdiendo su protagonismo quizá hasta un punto irrecuperable. Un escenario donde los clanes emergentes serán cada vez más letales.

 

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