El terrorismo en el siglo XXI


Existen tantas definiciones de terrorismo como autores que han tratado el tema. A pesar de esto, utilizaremos una para este análisis particular. Entenderemos al terrorismo como un medio de presión que transforma a la política en un tipo de guerra, y cuyo fin NO es la rendición incondicional del oponente (pues es técnicamente imposible), sino que su desorientación (del Estado) y la toma del control sobre sus acciones.

El terrorismo posee, al menos, tres características que le son esenciales: Primero es impredecible, segundo es indiscriminado (hay víctimas inocentes) y por último produce sufrimiento innecesario. El terrorismo es un tipo de violencia política que actúa sobre la incertidumbre social, desquiciando la convivencia democrática, y -por ende- el funcionamiento del Estado. Su papel es demoledor, pero nunca constructor de sociedades. Su fin último es la derrota del Estado por la vía de su propio desquiciamiento y el temor ejercido sobre la sociedad civil.

Generalmente, el terrorismo se nutre de dos núcleos causales: el primero corresponde a aquellos grupos marginados de la toma de decisiones dentro del Estado y el segundo se refiere a la existencia de una doctrina fundamentalista, sustituyendo, por la fuerza, lo que la popularidad o el arraigo nacional les niega.

Frente a este mal social del mundo moderno, ha resultado negativo el uso -por parte del Estado- de políticas de represión militar, pues han agravado la situación al generar una respuesta negativa de parte de importantes sectores sociales. Esto generalmente se traduce en animadversión en contra de las fuerzas represivas del Estado, y adhesiones o simpatías populares hacia la causa terrorista. Por lo tanto, una acción preventiva o correctiva del terrorismo doméstico, debería poner énfasis en acciones generadas a través de medios civiles y políticos. Es en este punto donde les cabe una gran cuota de responsabilidad a los medios de comunicación como generadores de opinión pública. Una adecuada legislación antiterrorista debe ser desarrollada tomando en cuenta los problemas que plantea la defensa del Estado de Derecho y la salvaguarda ante el uso indiscriminado de la fuerza durante estados de emergencia. A nivel internacional, la marginación de algunos estados o grupos étnicos respecto de las decisiones mundiales y la asignación de recursos, también genera respuestas de terrorismo interestatal.

Respecto al combate del terrorismo, estudios comparativos de respuestas contrainsurgentes, muestran que las acciones exitosas en este campo, han sido aquellas que han puesto un gran énfasis en los factores políticos, más que militares. Se aplica el principio de que una adecuada combinación de medios civiles, económicos, políticos, legales y diplomáticos, aún cuando puedan y deban estar apoyados por la fuerza militar, se constituyen en la mejor respuesta de las democracias al flagelo del terror.

Existen factores que caracterizan al terrorismo, su poder práctico, esta basado en la imposibilidad de prever sus ataques, esto es, cuándo, dónde y contra quién se efectuarán, otorgando grandes márgenes de impunidad a sus acciones. El terrorismo no es una ideología revolucionaria ni un instrumento político de ésta. El terrorismo sería una táctica, un método de utilización de la violencia, empleado por individuos con diferentes convicciones en vista de fines que pueden ser de muy distinta índole, el terrorista no espera que de su acción se derive directamente el éxito de su causa, porque sabe que carece de la fuerza y el poder necesario para ello; su esperanza radica en que sus actos tengan un efecto propagandístico al constituirse en un ejemplo para que otros se sumen a su lucha. En este sentido, el impacto terrorista no se mide sólo por el número de víctimas, sino que, prioritariamente, por el efecto psicológico que provoca, el cual depende más de la audacia del golpe, que de la cantidad de bajas, y ciertamente la violencia siempre causa conmoción.

Miranda* plantea, que el terrorismo es un tipo de violencia cuyo fin es que ..."la gente mire". En un mundo globalizado por las comunicaciones, los efectos de un acto terrorista pueden alcanzar dimensiones planetarias (Torres Gemelas de Nueva York). Sin duda, no es casual el hecho de que éste se haya incrementado a fines de la década de 1960, coincidiendo aproximadamente con la fecha en que el acceso a la televisión se hace masivo en todo el mundo. En tal sentido, los modernos medios de comunicación representan una vitrina ideal para los terroristas. Así el éxito de una operación terrorista depende, casi por completo, de la cantidad de publicidad que recibe. Lo novedoso en el terrorismo contemporáneo radica en la divulgación instantánea a través de los medios de comunicación, especialmente la televisión. Al terrorista de hoy no le interesa solamente capturar un avión o una figura pública, sino también capturar simultáneamente a los medios y evidentemente a la comunidad internacional.

Para lograr atención periodística, el terrorismo ha diseñado dos armas que son prácticamente infalibles: el terrorismo indiscriminado y el terrorismo internacional. El factor sorpresa desempeña un papel preponderante, cuando cualquier individuo, en cualquier momento o lugar, puede convertirse en blanco y caer víctima de un atentado. A su vez, un atentado perpetrado en el extranjero, especialmente en una ciudad o país importante, constituye siempre una noticia destacada, y recibe una cobertura más amplia que un atentado local.

Cabe destacar el papel de los medios de comunicación en relación al terrorismo moderno y plantear las enormes dificultades que existen al tratar de resolver o atenuar dicho problema. Sin embargo, creemos necesaria una salida por la vía de la reformulación del derecho internacional, tanto en la definición sobre terrorismo, como en las medidas conjuntas para combatirlo. Podemo concluir que la conmoción sicológica que provoca el terrorismo es desproporcionadamente grande en relación al daño efectivo y si bien es cierto que el terrorismo ha ocupado un lugar dominante en el escenario internacional en estos últimos veinte años, lo ha hecho no tanto por sus actos sino por la atención que ha recibido.

En el largo plazo, el terrorismo ha fracasado en sus propósitos desestabilizadores, incluso cuando opera al interior de sociedades en donde finalmente logra un efecto contrario a sus fines. En la mayoría de los casos esto se traduce en un reforzamiento del poder y legitimidad del Estado ante la amenaza del desorden y la violencia generalizada.

* Fernando Miranda. La política del terror, apuntes para una teoría del terrorismo, México, Grijalbo, 1998.

 

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