|
V CONFERENCIA ANUAL |
MI EXPERIENCIA EN EL ÁMBITO LABORAL Y OTRAS MÁS
|
Mi nombre es EDGAR JULIO
RODRIGUEZ NIETO, nací en Chiquinquirá (Boyacá) en 1940, somos ocho
hermanos y yo el único sordo
ocupo el sexto lugar de la familia; me dicen que nací sordo porque mi mamá
cuando estaba en embarazo tuvo un susto terrible y esa es la causa de mi
sordera. Mi vida transcurría en
Chiquinquirá junto a mis padres y hermanos quienes iban a la escuela pero
para mí no había educación, permanecía al lado de mis padres.
Me di cuenta a la edad de 8 años que yo era diferente a mis
hermanos porque no hablaba ni escuchaba nada, no me comunicaba, a cada uno
de los miembros de la familia le puse una seña para identificarlos, era
muy necio me subía a los árboles, al techo de la casa siempre estaba
haciendo algo. Mis hermanos trataban de comunicarse conmigo pero yo no les
entendía nada. A los 11 años de edad mi papá
decidió llevarme a la escuela y la profesora escribía en el tablero yo
intentaba copiar, los compañeritos se burlaban de mí y yo me quedaba muy
quieto sentado en el pupitre que me habían asignado. Cuando tenía 12 años y medio
nos tuvimos que venir para Bogotá pues la violencia estaba muy acentuada
las personas de Chiquinquirá esan conservadoras y mis padres liberales,
ya en Bogotá mi papá continuaba buscando una institución para yo entrar
a estudiar y por fin encontró el Instituto para ciegos y sordos donde
empecé a estudiar, en esos momentos
estábamos muy mal económicamente. Estuve dos años interno en el
instituto, allí habían ciegos, sordos, con retardo mental y con parálisis
cerebral. Me esforzaba mucho por
aprender la lengua de señas pues como dije anteriormente yo había creado
unos códigos comunicativos con mi familia y no eran los usados por la
comunidad sorda de ese tiempo, tenía un problema pues todos mis compañeros
de grupo eran mucho más pequeños que yo, me sentía mal, pero con los
sordos mayores que yo empecé a comunicarme me sentía bien y aprendía
con relativa facilidad todo lo que ellos me decían, lastimosamente mi papá
falleció y mi mamá decidió sacarme de estudiar para ponerme a trabajar
pues ella había quedado muy mal económicamente y debía aportar a la
casa, por ese entonces vivíamos en el barrio 7 de Agosto y desde allí me
iba a pie hasta el Centro de la ciudad con el fin de buscar trabajo.
Allí en el Centro me encontré con los sordos adultos que había
conocido en el Instituto, ellos se reunían en un café en donde jugaban
billar, organizaban partidos de fútbol con oyentes. A los 15 años empecé a
aprender en una tipografía que estaba ubicada cerca de la Plaza de Toros
y allí me dieron la oportunidad de trabajar, nos habíamos cambiado de
casa y vivíamos en el Quiroga al sur de la ciudad en las mañanas me iba
en bus y cuando salía de trabajar me tocaba irme a pie pues no tenía
dinero para transportarme, continuaba en contacto con los sordos adultos,
mejoraba mucho mi comunicación
y aprovechaba para enseñarles a mis hermanos lengua de señas. Empecé a tomar licor con los
sordos que ya eran mis amigos y como eran mayores que yo me inicié en la
bebida. Un amigo sordo que me
ayudó muchísimo fue Eliécer Pinzón, pues él es zapatero de profesión
y como trabajaba me daba dinero para poderme transportar hasta que yo
empecé a ganar un sueldo. Trabajaba y me iba para el café
a jugar billar con los sordos, allí conocí a Jaime Cabral (hipoacúsico)
persona que nos empezó a motivar para que nos organizaramos en una
asociación pues teníamos los mismos derechos que los ciegos, fuimos a la
Federación de ciegos y sordos nos entrevistamos con el presidente y dijo
que nos colaboraría para la conformación de nuestra asociación eramos
13 sordos los que iniciábamos pero éste señor viajó y nunca nos ayudó. Como no lográbamos ningún
tipo de ayuda decidimos hacer una huelga, organizamos todo de tal forma
que después no tuviéramos problemas con la policía y nos tomamos la
sede de la Federación de ciegos y sordos pues nosotros teníamos los
mismos derechos de los ciegos pero no podíamos acceder a nada y necesitábamos
recibir parte de esos recursos a los cuales teníamos derecho.
La huelga duró mes y medio nos turnábamos para no perder nuestros
empleos y los jefes fueron muy solidarios con nuestra causa eso fué en el
año de 1959, allí permanecimos hasta que decidieron disolver la Federación
de ciegos y sordos y después de algún
tiempo se crearon el INCI y el INSOR. Vino un sordo de México nos
dijo que ellos tenían asociaciones desde mucho tiempo atrás nos mostró
el carné, pero resultó un vivo nos engañó diciéndonos que era
comerciante que él vendía mercancias y que si nosotros queríamos podíamos
trabajar con él, nosotros le dimos dinero para comprar la mercancía y
nunca más lo volvimos a ver. Jorge y Roberto
Herrera(sordos) viajaron a USA estuvieron 1 año estudiando en dicho país,
cuando regresaron nos contaron de cómo estaban organizados los sordos,
que tenían clubes ellos aprendieron lengua de signos de USA , fué cuando
empezamos a gestionar lo de la asociación, le solicitamos ayuda a la
Alcaldía Mayor y ellos nos dieron en comodato la casa en la que
actualmente funciona la Sociedad de Sordos, los fundadores fuimos 13
sordos y empezamos a trabajar en la sede pues el lugar era feo y sucio nos
llevó algún tiempo limpiar la casa. Me nombraron secretario de la Sociedad y allí empecé sin
saber nada, Jaime Cabral siempre estaba atento a enseñarnos, a decirnos cómo
funcionaba una junta, quiénes los conformaban etc. Yo continuaba trabajando en la
tipografía, ahorrando algo de dinero pues la mayoría lo gastaba en licor
con mis amigos sordos; uno de mis hermanos me dijo que debía ahorrar pues
tenía que comprar una casa para en el futuro tener dónde vivir y así fué
pues desde hace 27 años logré comprar mi apartamento. Queríamos crear la Federación
de sordos pero el proyecto se quedó quieto y continuamos trabajando en la
Sociedad. Cuando me organicé con mi señora
estábamos felices en nuestro hogar, tuvimos una hija sorda y yo no quería
que mi hija sufriera lo mismo que yo había sufrido por eso empecé desde
bebé a comunicarme con ella en nuestro idioma
para que mi hija no tuviera problemas de comunicación y se
identificara como persona sorda, en la actualidad tiene 15 años y pasó
el año entra a octavo, no ha perdido año ni le ha tocado recuperar
ninguna materia, me siento muy orgulloso de ser sordo y tener una hija
sorda con quien tenemos una excelente relación afectiva y de
respeto. La labor de Fenascol ha sido
muy grande pues ahora contamos con intérpretes que aunque no manejen bien
la lengua de señas son personas que nos colaboran, lo importante es estar
unidos y seguir luchando para lograr que todos los sordos puedan acceder a
la universidad, tener textos especializados para sordos y crear más
vocabulario para que los estudiantes sordos puedan entender todo lo académico.
Debemos seguir muy unidos para lograr nuestros objetivos.
|