Primer Congreso Internacional
de Astrología
en Capilla del Monte
 

 

 

 

 

 

 

 


ASTROLOGÍA Y CHAMANISMO

 

MERCURIO: MUNDOS COGNITIVOS

 

 

“El hombre necesita ahora, más que nunca, que le enseñen nuevas ideas que tengan que ver exclusivamente con su mundo interior; ideas de chamanes, no ideas sociales; ideas relativas al enfrentamiento del hombre con lo desconocido, con su muerte personal”.

-Carlos Castaneda.

 

 

 

 

Esta presentación es una introducción a mi trabajo en curso, Astrología y Chamanismo, y apunta a dejar por sentado –desde la astrología- que las cosas no son tan definitivas como nos las contaron.

 

La astrología, sea lo que fuere, acompaña toda experiencia de realidad, miremos desde el ángulo que miremos. Y el chamanismo cambia nuestra idea del mundo; en principio es el rompimiento deliberado, progresivo, cabal e inexorable de la realidad que nos contaron.

 

El viaje chamánico comienza con Mercurio. Hablaré pues de lo que nos contaron. Más bien, dejaré que hablen las voces del mundo: del sentido común, de la ciencia, de la psicología, de la mitología, de la astrología, del chamanismo, acerca de la naturaleza de esta realidad que todos compartimos, como una excusa para revisar la importancia del universo simbólico de Mercurio.

 


 

INDICE.

 

MERCURIO: “Realidad, el hechizo del mundo”.

La transmisión cultural de descripciones.

La necesidad de un alineamiento cognitivo.

El túnel de la realidad humana.

El Inventario de lo posible.

El hechizo de Mercurio.

 

REGENCIAS: “Dualidad y Fragmentación, la homogeneidad de nuestra cognición”.

Mercurio. Sobre la posibilidad de la relatividad.

Virgo. Sobre la realidad de lo percibido.

La cosmología de la fragmentación. Instrumentos y métodos. Reduccionismo y especialización. Teoría y práctica: la realidad objetiva. El criterio de salud y cordura.

Géminis. Sobre la realidad del que percibe.

La conciencia de ser. El ego mental-verbal-dialogante-autoconceptual-sintáctico. Pienso luego existo. Poniendo nombre a todas las cosas. Ser en lenguaje. El mundo de la dualidad.

Sobre la unidad del cartógrafo y la cartografía.

Misterio. La antigua doctrina de las regencias.   

 

DEBILIDAD: “Escisión y Disociación, las limitaciones de nuestra cognición”.

De la conciencia de ser...

... a la primera atención...

...el diálogo interno...

...y la escisión psíquica.

Adolescencia peligrosa.

Posibilidades y alternativas.

Posibilidades versus alternativas.

 

SALTO: “Asombro y Misterio, otro mundo cognitivo”.

Breve crítica de la debilidad.

Una realidad aparte.

El punto de encaje.

Cuando las dudas se desvanecen.

¿Nueva cartografía?

¿Nuevo cartógrafo?


Capítulo Primero

MERCURIO: REALIDAD, EL HECHIZO DEL MUNDO.

 

 

“La realidad, o el mundo tal y como lo conocemos, es sólo una descripción, un flujo interminable de interpretaciones perceptuales que quienes pertenecemos a una determinada sociedad hemos aprendido a formular en común”.

-Carlos Castaneda.

 

 

I. LA TRANSMISIÓN CULTURAL DE DESCRIPCIONES.

 

Sabemos que a medida que el bebé va saliendo de su estado lunar, pre-consciente, de fusión material con su madre y con el medio ambiente, comienza la etapa mercurial del desarrollo psíquico.

 

El niño aprende, este es un hecho final para todos los que pertenecemos a nuestro mundo civilizado. En astrología relacionamos este aprendizaje con Mercurio. Normalmente le asignamos el segundo septenio, que va desde los 7 a los 14 años de edad, ya que en este período lo más sustancioso de nuestra vida transcurre en la escuela. No obstante el entrenamiento mercurial comienza mucho antes.

 

El entrenamiento mercurial puede describirse brevemente como sigue:

Nos separamos del núcleo contenedor materno y emprendemos el camino del concienciamiento. La escisión gradual respecto del estado inicial lunar de fusión indiferenciada con el todo implica un salto evolutivo sin precedentes, pues da lugar a la conciencia de ser y la percepción.

Conseguimos nuestra primera independencia de aquel todo en el que estábamos inmersos con los primeros pasos que damos, cuando podemos movernos dentro de los espacios de aquel todo, cuando gateamos y luego al caminar. También, paralelamente, cuando aprendemos el código de nuestro entorno, y aprendemos el nombre que le corresponde a las cosas que nos rodean, que aprendimos a diferenciar. Incluso a nosotros mismos nos reconocemos con un nombre y respondemos a él, porque también aprendimos a concebirnos como una entidad separada y diferente del resto de los objetos.

 

Entonces comienzan a emerger las funciones auténticamente mentales o conceptuales. Conforme se desarrolla el lenguaje, nos vemos trasladados hacia el mundo de los símbolos, las ideas y los conceptos, elevándonos gradualmente por encima del simple, instintivo, inmediato e impulsivo ego corporal (lunar). Paralelamente comenzamos a gozar de la conciencia del tiempo porque “entre otras cosas, el lenguaje aporta la capacidad ampliada de imaginar secuencias de cosas y sucesos no inmediatamente accesibles a los sentidos corporales. El lenguaje es el medio de tratar al mundo no presente; a través del lenguaje podemos anticipar el futuro, hacer proyectos y canalizar hacia el mañana las actividades del presente” (24).

 

Así es que el yo emerge como un ente mental, verbal o sintáctico. “El pensamiento lineal, conceptual abstracto y consenso-verbal penetra decisivamente en cada uno de los elementos del concienciamiento” (24).

 

Y para resumir, el proceso mercurial de escisión está completo cuando cada yo individual se ha convertido en una “unidad auditiva, verbal, dialogante y autoconceptual sintáctica”(24) y puede coordinar o conectar todo lo aprendido a lo largo de esos años a través del uso adecuado de la mente pensante, con la cual cada ego separado se identifica. En realidad, el hombre promedio se identificará con su ego-mental hasta el resto de sus días.

 

He escrito en cursiva las claves con las que Mercurio suele reconocerse. Por otra parte, remito a las obras de psicología transpersonal, especialmente de Ken Wilber, para quien desee profundizar sobre el desarrollo de la psiquis humana desde una perspectiva integral y evolutiva.

 

La idea que pretendo subrayar en el contexto de esta indagación es, en primer lugar, que dicho aprendizaje que se da en los primeros años de nuestra vida tiene una importancia descomunal, porque nos dejará una impronta definitiva y final. No obstante, por definitiva que nos parezca, el tipo de conciencia de ser que desarrollamos no lo es tanto, como iremos viendo. Y es que de la mano de Mercurio aprendemos a conocer y a manejarnos dentro de los confines de un mundo muy singular: el que nos ha visto nacer.

 

***

 

Naturalmente, siendo niños, no nos enseñamos el mundo solitos -Tarzán podría aleccionarnos al respecto. Muy al contrario, somos guiados y asistidos en este aprendizaje, que es intensivo y compulsivo, sostenido y sin recreos. “Algo de gran importancia en esta etapa es el hecho de que el niño desarrolla la sintaxis a partir de los que le rodean; empieza a reconstruir el mundo percibido por la gente de su entorno. A través del lenguaje, la gramática y la sintaxis, aprende una descripción determinada del mundo, a la que le enseñan a llamar realidad”. (24)

 

Nuestros padres, la escuela primaria, secundaria, los medios de comunicación... todo el mundo circundante, tiene a su cargo la transmisión de las descripciones acerca de cómo la realidad es, y cómo nuestro mundo funciona.

 

El brujo yaqui Don Juan Matus le enseñaba a Carlos Castaneda que todo aquel que entra en contacto con un niño es un maestro que le describe incesantemente el mundo hasta el momento en que el niño es capaz de percibir el mundo tal como se le ha descrito. (9)

 

El proceso mercurial de aprendizaje es el que nos lleva a incorporar y reproducir descripciones que han sido establecidas mucho antes de nuestro nacimiento. Con Mercurio aprendemos a conocer las reglas del juego de la realidad del mundo cotidiano, y cómo relacionarnos con ella.

 

A cada nuevo nacido, Mercurio, usando la voz de cada miembro de su entorno inmediato, le describe las reglas pre-establecidas que caracterizan a nuestro mundo, y cada nuevo nacido se amolda a esas reglas y se aprende esas descripciones de memoria hasta que las hace propias, y es entonces que quedan arraigadas en su conciencia.

 

Es otra forma de decir que desde muy temprana edad nos vamos alineando con los parámetros del mundo cognitivo vigente que nos condiciona para percibir la realidad, dando lugar a una conciencia de ser determinada, esto es: una forma específica de relacionarnos con la realidad, incluida la realidad de nosotros mismos.

Mercurio es el arquetipo planetario que gobierna este alineamiento.

 

 

II. LA NECESIDAD DE UN ALINEAMIENTO COGNITIVO.

 

Lo que en astrología llamamos “Mercurio” es, pues, la función responsable de nuestra cognición. (17)

 

La cognición es parte integrante del modo en el que un sistema vivo (orgánico o inorgánico) interactúa con su entorno. A medida que aumenta el grado de complejidad de un sistema vivo, se incrementa su territorio cognitivo. A un cierto nivel de complejidad, un organismo vivo se acopla estructuralmente no sólo a su entorno, sino consigo mismo. En los seres humanos, la cognición está íntimamente vinculada al lenguaje, el pensamiento y la conciencia. (6)

 

Para los brujos del linaje de don Juan, el acto de estar vivo es definitivamente una cuestión de cognición. Entendamos pues por cognición  “los procesos responsables de la conciencia de la vida cotidiana, procesos que incluyen la memoria, la experiencia, la percepción, y el uso experto en cualquier sintaxis dada”, según la definición de Carlos Castaneda. (8)

 

Por supuesto, la pedagogía mercurial es absolutamente necesaria para la sociabilización, es algo que no puede ser evitado, es lo que, entre otras cosas, nos asegura de que cuando hablamos de algo nos estamos refiriendo al mismo fenómeno.

 

La palabra “comunicación”, que atribuimos a Mercurio, deriva del latin commune y del sufijo ie –similar a fie- que significa “hacer”. Uno de los significados del término “comunicar” es pues el de “hacer común”, es decir: la transmisión de información o de conocimiento entre una persona y otra del modo más exacto posible (2). Ahora bien, para que exista la posibilidad de la comunicación entre los individuos, estos deben compartir cierta semántica lingüística, una visión parecida del mundo, y para ello sus percepciones deben estar alineadas... en suma, deben compartir una realidad.

 

El consenso acerca de una realidad determinada es la condición intrínseca a la sociabilización. Y en este sentido, la función Mercurio incorpora en nosotros las pautas intersubjetivas de la conciencia, por cierto necesarias, que generan en nuestra psiquis un “amplio sustrato inconciente, de naturaleza fundamentalmente lingüística, de sentimientos, realidades descriptivas y percepciones compartidas, (siendo) el único aglutinante psicológico que puede servir para cohesionar una sociedad”. (24)

 

El lenguaje es algo colectivo. También el pensamiento individual es el resultado del pensamiento colectivo y de nuestra interacción con los demás. Reparemos por ejemplo en nuestras opiniones, que tendemos a experimentarlas como nuestras propias verdades; en realidad son el resultado del pensamiento pasado, de todas nuestras experiencias y de lo que otras personas -un profesor, la familia, alguna lectura o lo que fuere- han dicho o han dejado de decir. Como el físico David Bohm bien señala, es cierto que individualmente podemos pensar en varias cosas, pero la mayor parte –sino la totalidad- de nuestro pensamiento procede de nuestro sustrato colectivo. Y todo ello se halla inscrito en el programa de nuestra mente.

 

Podemos decir que cada cultura –es decir, el significado compartido- que subyace a todo tipo de organización social, está cohesionada desde su interior: desde el sustrato mercurial, un gran almacén inconciente de la cognición que opera en todos sus miembros. Cada cultura dispone de sus propios mitos, fantasías colectivas que suelen introducirse en nuestro campo perceptivo como si se tratara de realidades tangibles.

 

Mercurio instala en nuestro disco duro el mismo software operativo para todo el mundo. Todos lo reproducimos mecánicamente en nuestro  cotidiano; todos lo transmitimos sin pensarlo -e incluso sin saberlo. Todos contribuimos en la instalación del mismo software en la conciencia de todo nuevo ser que emerge en nuestro mundo.

 

“El proceso evolutivo de la humanidad ha terminado generando un sustrato de conocimiento tanto manifiesto como tácito -dice Bohm (2)-, en gran medida responsable de nuestra percepción del mundo, del significado que atribuimos a los eventos e incluso de nuestra misma sensación de individualidad. Tal conocimiento, o pensamiento, se mueve independientemente del individuo, o incluso de una determinada cultura, de modo muy parecido a como lo hace un virus”.

 

Para resumir, toda cultura supone una realidad de consenso y dispone de un imperativo cognitivo instalado como una impronta en cada uno de nosotros, elementos pertenecientes a ese todo social mayor que nos engloba.

 

Más allá de la realidad personal de cualquier individuo, está fuera de dudas que todos compartimos una realidad, sobre la cual estamos de acuerdo, que antecede nuestra realidad subjetiva. Y esto, gracias a la función Mercurio.

 

Lo cierto es que este imperativo cognitivo se ha cultivado en nosotros como una necesidad, aunque es igualmente cierto que nadie ha elegido conscientemente comulgar con él. De hecho, fue cultivado en nuestra psiquis antes de que tuviéramos uso de razón. (Además, es precisamente esta cognición la que nos enseñó a relacionarnos con la realidad exclusivamente desde el software de la lingüística y de la lógica de la razón, como veremos más adelante). Dice don Juan Matus: “todos nosotros, los seres humanos, al nacer, somos reclutados en él”. (10)

 

Y lo fundamental que nos interesa en esta fase de nuestra indagación es que a partir de este sustrato mercurial inconciente percibimos, interpretamos y damos por sentado al mundo que nos rodea, tal cual nos lo contaron.

 

 

III. EL TUNEL DE LA REALIDAD HUMANA.

 

Hasta aquí una faceta del fenómeno que los griegos han llamado Hermes, el joven dios alado y veloz, cuya tarea era hacer circular la información entre los mundos humano, celestial e infernal... desde ya, interponiendo algunas trampitas, porque además era muy travieso. En este trabajo me interesa indagar en las “travesuras” que solemos pasar por alto de esta fuerza que en astrología consideramos neutra, andrógina y adaptable.

 

Mercurio gobierna la transmisión y la incorporación en la conciencia de cada individuo, de las descripciones del mundo que se cultivan en toda civilización humana, haciendo posible una realidad compartida según los condicionamientos de una cognición específica, que se identifica con nuestro proceso de vida, configurando la conciencia de ser y la percepción de la realidad.

 

Un hecho fundamental según el linaje de chamanes que extensamente documenta Carlos Castaneda, es que nuestra manera específica de percibir se convierte en un sistema para la interpretación de datos sensoriales:

 

“La condición general de la energía animada –afirma Castaneda- es convertir la energía del universo en general en datos sensoriales. En el caso de (los seres humanos), estos datos sensoriales son a su vez transformados en un sistema de interpretación, en el cual se clasifica la energía en general y se asigna una respuesta dada a cada clasificación, cualquiera que ésta sea. Y el sistema para intepretar los datos sensoriales es su cognición”. (8)

 

Mercurio, nuestra cognición, consiste en un “sistema de taxonomía, en el que las respuestas han sido clasificadas junto con la interpretación de datos sensoriales” (8). Mercurio, que en el cuerpo humano rige los órganos sensoriales (15), es responsable de lo que vamos a percibir y del sistema de taxonomía que vamos a usar para interpretar.

 

***

 

Nosotros, en nuestro particular proceso de cognición, convertimos la energía del universo en datos sensoriales. Según los chamanes este es un hecho energético que exploraremos más adelante.

 

En el hombre, el cerebro parece ser la estructura específica a través de la cual este proceso opera para crear experiencias sensoriales (6), tales como imágenes visuales, olores, sonidos, texturas, sabores, etc. -es decir, para crear una percepción del mundo que nos rodea.

 

Explayémonos en torno a esta función mercurial como un fenómeno biológico, según nos lo cuenta la ciencia cognitiva:

Según la teoría de Santiago propuesta por Humberto Maturana y Franciso Varela, un organismo alumbra –construye, produce- un mundo en su proceso de cognición, de acuerdo a su propia estructura (6).

 

Puesto que los organismos individuales dentro de una misma especie tienen estructuras parecidas, alumbran mundos similares. De este modo, cada sistema construye su propio y distinto mundo, de acuerdo con su propia y distinta estructura, y a través del acoplamiento estructural mutuo los sistemas vivos individuales son parte de cada uno de los mundos de los demás; es decir: se comunican y coordinan su comportamiento. “Hay una ecología de mundos alumbrados por actos de cognición mutuamente coherentes”, dicen. (6)

 

Ahora bien, lo que un organismo particular alumbra en el proceso de cognición, no es el mundo sino un mundo determinado y siempre dependiente de la estructura del organismo.

 

Por consecuente, los organismos vivos responden sólo a una fracción de los estímulos que les atañen. Nosotros, por ejemplo, podemos ver u oir fenómenos únicamente dentro de un determinado campo de frecuencias; no nos percatamos de cosas y sucesos de nuestro entorno que no nos conciernen y que nos son “extraños”. (5)

 

Y a propósito de la cognición de la especie humana, ésta tiene sus características particulares. Nosotros emergemos del proceso cognitivo común a todos los organismos vivos, diferenciándonos en un aspecto fundamental: la capacidad de abstracción. (6)

 

Ya he mencionado que la cognición humana comprende el lenguaje y el pensamiento abstracto; y por lo tanto los símbolos y las representaciones. Desde la perspectiva de la teoría de Santiago, los seres humanos alumbramos juntos nuestro propio mundo desde nuestro mundo abstracto de lenguaje y pensamiento. Lo que percibimos está ampliamente condicionado por el marco conceptual y el contexto cultural en el que estamos inmersos desde nuestro nacimiento. Es decir, la percepción se vuelve un fenómeno social.

 

Nosotros mediante el lenguaje coordinamos nuestro comportamiento y juntos mediante el lenguaje alumbramos nuestro mundo, cada uno de los objetos que lo componen, y a nosotros mismos, creando así la experiencia de una realidad particular.

 

***

 

Entonces ahora nos toca proseguir con la explicación de Carlos Castaneda: la cognición –Mercurio, consiste en un “sistema de taxonomía, en el que las respuestas han sido clasificadas junto con la interpretación de datos sensoriales”. (8)

 

Los seres humanos en nuestro proceso de cognición alumbramos un mundo, el nuestro, mediante el lenguaje. Respondemos selectivamente a ciertos estímulos determinados –los que forman parte de nuestra cognición. La percepción como un fenómeno social supone pues una predisposición cognitiva, ya que  respondemos a estímulos que se han repetido, se han nombrado, interpretado y que hemos clasificado con la ayuda del mundo circundante -y no respondemos a otros que no han sido constantes, no hemos categorizado y que son inclasificables para nosotros y nuestros semejantes en nuestra condición actual. “La manera en que nuestros progenitores nos socializaron para funcionar en el mundo cotidiano fue a través de la repetición”, asegura don Juan Matus. (10)

 

Es así que todo acto perceptivo supone haber categorizado previamente en base a un sistema de taxonomía que incorporamos a fuerza de repetición desde que somos niños. Tal sistema de taxonomía, conceptual y sintáctico, determina la experiencia sensorial. Por consecuente, nuestro universo se concreta por medio de determinados signos (que hemos ido almacenando desde nuestra infancia) que representan hechos, experiencias o entes reales. A través de dichos signos alumbramos el mundo en nuestro cotidiano.

 

El mundo humano incluye en su centro nuestro mundo interior de pensamiento abstracto, conceptos, símbolos, representaciones mentales y autoconciencia (5). Como humanos, utilizamos representaciones mentales de las personas y objetos que nos rodean. Gracias a esta capacidad de representación, que desarrollamos durante los dos primeros años de nuestra vida, podemos considerar nuestras percepciones repetidas y especialmente conjuntos de percepciones repetidas como objetos y ubicarlos en un espacio independiente y en un tiempo separado del flujo de nuestras vivencias. (23)

 

Resulta que los seres humanos lo vemos todo tamizado por una grilla simbólica o semántica, que funciona como un código que ordena, clasifica e impone su propia estructura en la data que describe (27), definiendo nuestra experiencia cotidiana.

Así funciona el proceso perceptivo de Mercurio.

 

El novelista, escritor e investigador de la mecánica cuántica aplicada a la psicología, Robert Anton Wilson, enfatiza: “lo que sea que estemos describiendo, la mente humana no puede ser separada de aquello que describe” (27). Miremos donde miremos, sobre todo debemos poner la atención en el menú de archivos de nuestra mente, en la estructura del software que nuestro cerebro o nuestra mente usa para interpretar el mundo.

 

Mercurio es el proveedor de este software, que en el caso de la humanidad “incluye el lenguaje, nuestros hábitos linguísticos, y la cosmovisión tribal o cultural acerca de todo, nuestras reglas del juego o prejuicios inconcientes, el tácito túnel de realidad que consiste en sí mismo en construcciones linguísticas y otros símbolos”. (27)

 

***

 

La percepción es pues un fenómeno en principio biológico: cada estructura viva se acopla con su entorno y alumbra un mundo particular. Para los seres humanos es, en gran medida, también un fenómeno social. Por ahora nos interesa el aspecto social de Mercurio: fuimos entrenados desde nuestro nacimiento para interpretar y percibir un mundo específico. Para los chamanes, nosotros percibimos energía, “pero como no podemos percibir energía directamente, procesamos nuestra percepción para ajustarla a un molde”, dice don Juan Matus (10). Venimos aceptando ese molde como herencia de nuestros antecesores, sin saberlo.

 

Lo cierto es que no somos en modo alguno receptores pasivos de señales sensoriales de una realidad objetiva que está afuera. Con Mercurio, somos co-creadores de nuestra realidad; convertimos la energía del universo en datos sensoriales, nuestro sistema de socialización empieza entonces a guiarnos a percibir más en términos de nuestro sistema que en términos de nuestros sentidos (10), y a través de nuestro sistema hacemos que los signos que el cerebro o la mente (o lo que fuere) crea para identificar las experiencias sensoriales representen la realidad física. Luego creemos que dicho sistema o molde al cual ajustamos nuestra percepción es todo lo que existe. Este molde dicta la certeza de que el mundo de “allá afuera” está compuesto de objetos concretos.

 

Por ejemplo, percibimos al Sol, es un hecho final para nosotros. Pero nuestra experiencia sensorial visual del Sol físico como un objeto de allá en el cielo no es una realidad indiscutible, sino lo que nosotros percibimos o alumbramos desde nuestro molde y su sistema de taxonomía, que incorporamos desde niños. Y esa interpretación de la realidad, compartida por todos, está determinada por un software: nuestro sistema cognitivo, que Mercurio se ocupó de instalar en la psiquis humana.

 

***

 

Todos hablan alrededor de lo mismo. Jung dice: “el mundo es simbólico”. Korzybski: “el mapa no es el territorio”. Y también Castaneda nos alerta: “mi mundo cotidiano no está regido por mi percepción sino por la interpretación de mi percepción”. A lo que Maturana y Varela responderían: “no existe un territorio predeterminado del que podamos levantar un mapa: es el propio acto de cartografiar el mundo quien lo crea”.

 

En síntesis: “El mundo que todos vemos -exponen Maturana y Varela (6)- no es el  mundo, sino un mundo alumbrado por todos nosotros”. Nosotros a través de nuestra cognición lo creamos activamente. Aunque no nos enteramos de ello.

 

“Nunca diré mentiras, pero no puedo prometer que diré siempre la verdad” (15), dijo el niño Hermes cuando el rey del Olimpo le asignó su cargo de “mensajero de los dioses”... creamos abstracciones de objetos separados, incluidos nosotros mismos, y luego creemos que eso es la realidad objetiva y final, dotada de existencia autárquica. Pero el mundo no es algo externo, objetivo, predeterminado y con existencia independiente, como el sentido común nos lleva a creer. (5)

 

Así pues, damos por sentada una realidad objetiva compuesta de objetos, sin dudar al respecto. Verdaderamente, nos hemos convencido de que estamos en un mundo de objetos sólidos, y eso se ha convertido en una realidad, nuestra realidad de consenso.

 

A partir de nuestras abstracciones concebimos la vida; estas creaciones determinan, en todo sentido, nuestra relación con el mundo, con los demás, con nosotros mismos; vemos el mundo de acuerdo a una cognición homogénea, el mundo de objetos que nos transmitieron nuestros antepasados y que nosotros transmitiremos -sin darnos cuenta, como algo natural- a nuestra progenie.

 

La descripción del mundo está arraigada en nuestra psiquis. Ni se nos ocurriría estar al margen del consenso general sobre la certeza de lo que la realidad “es”. Todos solemos tomar el hecho de que todo el mundo está de acuerdo con respecto a algo como una prueba de su validez. Ese es el sentido común de Mercurio. Los seres humanos hemos alineado nuestras percepciones y sus interpretaciones desde el mismo molde cognitivo.

 

No nos imaginamos que con la repetición cotidiana y sostenida de las abstracciones archivadas como una impronta en nuestra mente nosotros en el transcurso de cada instante de nuestra vida construimos nuestra  realidad.

 

Hé aquí un dilema de nuestra condición: lo que pensamos que es “la realidad objetiva”, en realidad no lo es.

 

Esto no quiere decir que hay un vacío ahí afuera del que creamos material. Para Maturana y Varela existe un mundo material, aunque carece de características predeterminadas. No afirman que “nada existe”, sino que “no existen cosas” independientes del proceso de cognición (5). Me recuerda la vieja idea de Pitágoras: somos seres de luz, con nuestra mirada alumbramos el mundo y así es como éste existe.

 

Para don Juan: “Por supuesto que es un mundo de objetos, no estamos discutiendo eso. Lo que estoy discutiendo es que, primero, este es un mundo de energía, y después, un mundo de objetos”. (10)

 

Para concluir, Mercurio es la función que instala en la psiquis humana un sistema cognitivo homogéneo, que tiene sus propios principios y leyes que son aplicables a todo acto perceptivo, a cualquier persona y en cualquier situación. El sistema de taxonomía que usamos para describir la realidad de la vida cotidiana, es específico. Profundizaremos en ello más adelante.

 

 

IV. EL INVENTARIO DE LO POSIBLE.

 

Mercurio rige el código de la realidad que todos los integrantes de nuestra civilización aprendimos a formular en conjunto, una realidad que no es La Realidad, sino un mundo específico que alumbramos, percibimos, interpretamos, y permanentemente nos describimos. En el estado actual del desarrollo de la conciencia humana, usamos signos y representaciones mentales determinados para percibir algo que aprendimos a llamar “Realidad Objetiva”, y que nos determinan.

 

Por supuesto, Mercurio no hace todo el trabajo a solas, ya que dispone de la ayuda de todo el sistema planetario, en especial de su opuesto complementario, Júpiter. Aunque en esta indagación prestaremos atención a su relación con la Luna astrológica.

 

El sistema de taxonomía transmitido desde nuestra tierna infancia por Mercurio queda archivado en la psiquis pre-consciente, y es la Luna que, a través de la memoria, nos permite evocar aquellas descripciones y los signos de las experiencias -con las cuales nos hemos familiarizado- auutomáticamente. Identificamos nuestro molde cognitivo con la realidad gracias a la memoria, y ésta cuenta con la ayuda del lenguaje, ya que las descripciones nos llegan a través del pensamiento y su sistema de palabras, y volvemos a ver a Mercurio en acción.

 

Por otro lado, la Luna simboliza lo que en términos de Wilber es el “estado pleromático de fusión o identificación primaria con el entorno material” (24) y por extensión, cubre nuestra necesidad muy humana de identificarnos con algo familiar, que nos proteja, en este caso: el mundo conocido, la realidad visible por todos compartida, “nuestra realidad de consenso”.

 

Mercurio y Luna, pues, operan juntos. Gracias al diálogo interno que activa la Luna por la mañana, al despertar, podemos recordar quién somos, cómo es nuestra vida, quién duerme a nuestro lado, qué desayunamos, a dónde vamos, etc... ; y desde luego, también durante el tiempo de conciencia vigílica se activa toda la serie de guiones e imágenes que nos ponen en marcha en el mundo olvidándonos del misterio.

 

Verdaderamente, lo que denominamos “Mercurio” es capaz de determinar nuestra propia experiencia de la realidad. La realidad es que nuestra cognición determina qué es lo que vamos a percibir y experimentar.

 

En términos de los brujos del linaje de don Juan y Castaneda, Mercurio simboliza todo el proceso de construir el inventario. El inventario es precisamente la cognición, es decir, la selección de un fragmento predeterminado dentro de las infinitas posibilidades de ser, selección que modela nuestra vida y todas las alternativas humanas.

 

Tomemos la explicación del inventario que recibe de su tutora una de las “guerreras” del grupo de Castaneda, Taisha Abelar (1):

“Trata de imaginarte a tí misma como un gigantesco almacén de recuerdos. En este almacén, otros y no tú han depositado sentimientos, ideas, diálogos mentales y patrones de comportamiento. Puesto que es tu almacén puedes entrar, hurgar por ahí a la hora que quieras y usar lo que encuentres. El problema es que no tienes ningún control sobre el inventario, puesto que fue establecido antes de que te posesionaras del almacén. Por eso te ves drásticamente limitada en tu selección de objetos”.

 

Mercurio representa la función encargada de construir nuestro inventario de lo que es la realidad, que dio un nombre a todo lo que es posible ser y experimentar. Mercurio vendió los ítems disponibles en aquel almacén de la cognición, antes de que llegáramos al mundo. La Luna los compró, e hizo del almacén nuestro hogar. Además, nos identificó con cada objeto, al punto de que creemos que nuestra vida consiste en esos objetos.

 

La limitación en la selección de lo posible es la limitación del espectro de posibilidades humanas, que son mucho más bastas que lo que comúnmente creemos.

El problema es que nos identificamos con nuestro mundo cognitivo, y ello nos hace defender hasta las últimas consecuencias la descripción de nuestra realidad conocida, como si nuestra seguridad y nuestra integridad psíquica estuvieran en juego...

...Y de hecho, lo está.

 

El consenso que sostenemos acerca de una descripción es en verdad un escudo que nos protege ante los embates del misterio.

 

 

V. EL HECHIZO DE MERCURIO.

 

En el Tarot, Mercurio es el Mago, Arcano I. En la carta vemos al Mago en plena acción; está a punto de operar sobre los cuatro elementos (fuego, agua, aire y tierra que configuran el mundo sensorial “objetivo”). Tal como nuestra cognición, promete un verdadero acto de magia. El Mago está creando una realidad, haciendo uso de la voluntad humana.

 

La noción de alumbrar un mundo -de Pitágoras y luego la teoría de Santiago- y la de construir un inventario –de la gente de Castaneda- refiere a este fenómeno de la cognición también descripto por el Tarot. En términos de Gurdjieff, crea la conciencia ficticia. Y según la mitología hindú, el sueño de Maya.

 

El significado original de maya es el “poder mágico creativo” por el que el mundo es creado en la obra divina de Brahman. La miríada de formas que percibimos están en su totalidad alumbradas por el divino actor y mago, siendo karma, que significa literalmente “acción”, la fuerza dinámica de la obra, accionada y sostenida por Mercurio. Con el paso de los siglos, la palabra maya cambió de significado. De representar el poder creativo de Brahman, pasó a sigificar el estado psicológico de todo aquel que se halla bajo el hechizo de maya de la obra. Esto es, si confundimos las formas materiales de la obra con la realidad objetiva sin percibir la unidad de Brahman subyacente en todas ellas, estamos bajo el hechizo de maya (5). Curiosamente, Hermes es hijo de una diosa que los griegos llamaron Maya. (15)

 

Nos advierte don Juan: “la primera verdad dice que el mundo es tal como parece y sin embargo no lo es. No es tan sólido y real como nuestra percepción nos ha llevado a creer, pero tampoco es un espejismo. El mundo no es una ilusión, como se ha dicho que es; es real, por una parte, e irreal por la otra. Nosotros percibimos. Éste es un hecho innegable. Pero lo que percibimos no es un hecho del mismo tipo, porque aprendimos qué percibir”. (10)

 

Mercurio el Mago está ubicado significativamente entre el Arcano XXII el Loco y el Arcano II la Sacerdotisa. También llamado Arcano 0, el Loco es la libido del Tarot (22), simbolizando el universo en su estado de caos primordial, el universo en sus infinitas posibilidades de manifestación. Mercurio el Mago selecciona una de tantas posibilidades y crea el hechizo a partir del cual nuestro mundo será contado. Y la Sacerdotisa, asociada a nuestra Luna astrológica, simboliza la primera fuerza contenedora de la psiquis humana, que nos identifica con esa selección.

 

Seleccionamos una posibilidad y aprendimos a percibir una realidad específica, según los dictámenes cognitivos de Mercurio. Desde un sustrato psíquico inconsciente común a todo ser humano, hemos dado por sentado que la realidad es objetiva y está compuesta de objetos separados por un espacio vacío.

Es un hecho energético que todos en conjunto nos alineamos para vivir de acuerdo a una posibilidad; pero dar por sentada una descripción y descartar lo que no incluye esa descripción consituye una magia social. De niños percibíamos cosas que gracias a la socialización, hoy ni siquiera recordamos.

 

Como señala Robert Anton Wilson, “la mayoría de los animales, incluidos los primates más sofisticados (humanos), muestran una habilidad para ignorar cierto tipo de información –la que no “encaja” en su tunel de la realidad impresa y condicionada”. Nuestro peculiar proceso social de percepción y descripción de la realidad, por su propia naturaleza, tiende a excluir percepciones y experiencias que no se ajustan a sus parámetros limitadores.

 

Al respecto Ken Wilber diría que la represión es normal, necesaria y sana, ya que constituye la base de los “mecanismos de defensa necesarios y normales” para impedir que el autosistema se vea inundado por lo que le rodea, interna o externamente (24). Esta “desatención”, por lo tanto, es normal para mantener un equilibrio psíquico normal.

 

Visto astrológicamente, esta dinámica la mantienen conjuntamente Mercurio y la Luna, y es la secuencia que describen los tres primeros arcanos del Tarot. ¿Qué pasa con lo que el Mago Mercurio no seleccionó para nosotros y la Luna no incorporó? ¿Dónde se deposita? Podemos seguir a Quirón, desprogramar nuestras creencias, traspasar los tabús y preguntarle a Lilith, la Luna Negra, pero no en esta indagación.


 

Capítulo Segundo

REGENCIAS: DUALIDAD Y FRAGMENTACIÓN

LA HOMOGENEIDAD DE LA COGNICIÓN

 

“Nosotros percibimos, éste es un hecho innegable. Pero lo que percibimos no es un hecho del mismo tipo, porque aprendemos qué percibir”.

-Carlos Castaneda.

 

 “Lo que nos rodea afecta nuestros sentidos. Esa es la parte que es real. La parte irreal es lo que nuestros sentidos perciben como lo que nos rodea”.

-Carlos Castaneda.

 

“Nunca podemos hablar de la naturaleza sin, al mismo tiempo, hablar de nosotros mismos”.

-Werner Heisenberg.

 

 

I. MERCURIO. SOBRE LA POSIBILIDAD DE LA RELATIVIDAD.

 

Hechizados, es un hecho que todos los individuos que emergemos en nuestro mundo pasamos por el aprendizaje mercurial. La enseñanza de Mercurio es necesaria para la socialización, y a nosotros, que la aprendimos, la incorporamos y la transmitimos, nos parece de lo más natural que así sea, y además la damos por sentada como si fuera la única posible.

 

Entonces ocurre, como nos cuenta Robert Hand (17), que “a este planeta (Mercurio) con frecuencia se lo subestima en los escritos astrológicos. En parte, esto se debe a que no suele ser un motivo obvio de dificultades para la gente”.

 

Y también ocurre que en astrología relacionamos a Mercurio con “la mente, especialmente con las capacidades lógica y de razonamiento” -dónde en realidad convenimos que sí puede volverse un motivo de dificultad –para el caso del pobre fulano que tiene a Mercurio caído en Piscis, por ejemplo.

Y ya que Mercurio gobierna todas las formas de la comunicación, “en el mundo, Mercurio se relaciona con todas las formas de transporte y de movimiento”...

 

Sin embargo, a esta altura podríamos preguntarnos: ¿qué tal si la definición usual que nos contamos de Mercurio en tanto mente lógica, movimiento y demás, es relativa? ¿Y si tan sólo nos refiere un resultado? (¿el que damos por sentado desde una cognición específica?)

 

Como ya he dicho, Mercurio es la fuerza que acompaña el proceso de escisión natural y necesaria de la conciencia humana para la adquisición de autoconciencia, y su inserción en los dictámenes de un mundo cognitivo. El niño aprende a vivir en el mundo de sus semejantes como paso necesario e inexorable y es tan final e indiscutible esta necesidad que de no llevarse a cabo saludablemente, nos encontramos ante un caso de trastorno mental.

 

Qué aprende el niño, ése es un asunto menos final y más arbitrario de lo que parece. En este capítulo corresponde indagar sobre la naturaleza homogénea de la cognición humana, que nos condiciona para percibir e interpretar la realidad de un modo específico al tiempo que determina un tipo específico de conciencia de ser.

 

Propongo que nos observemos por un rato con desapego y asombro, como si desconociéramos la realidad humana.

 

 

II. VIRGO. SOBRE LA REALIDAD DE LO PERCIBIDO.

 

El hecho definitivo es que Mercurio nos habla de un imperativo cognitivo específico que seleccionó para nosotros, previamente a nuestro nacimiento, cómo vamos a percibir e interpretar el mundo.

 

En nuestra realidad de consenso, la educación que cada uno de nosotros recibimos cuando niños para entrar en el mundo, para que todos estemos de acuerdo al referirnos al mundo que compartimos, es específica.

 

Hay un recorte muy nítido sobre el espectro de la realidad que alumbramos, que podemos percibir e interpretar.

 

 

La cosmología de la fragmentación.

 

No nos percibimos a nosotros mismos como esferas luminosas, sino como sofisticados cuerpos físicos sujetos a los vaivenes de la salud y destinados a perecer. Desde una peculiar interpretación de nuestra naturaleza, los seres humanos somos objetos esencialmente materiales y diferenciados.

 

Nos consideramos egos aislados que existimos “dentro” de nuestros cuerpos; los límites entre un ser y otro están definidos por la superficie de nuestra piel, y son intraspasables. Asimismo, la conciencia humana es tan sólo el producto de un órgano pensante llamado cerebro, confinada “dentro” de nuestro cráneo, y por ello, separada de la conciencia de otro ser, así sea humano o no.

 

En palabras del psiquiatra Stanislav Grof (16): “En la vida cotidiana, la mayoría de nosotros piensa que el mundo en que vivimos está hecho de cuerpos físicos perfectamente individualizados, algunos animados y otros inanimados, y que cada uno de ellos posee sus propios límites absolutos. Todos nuestros sentidos (la vista, el oído, el olfato, el sabor y el tacto) parecen indicarnos que, al menos físicamente, nos hallamos separados de todo cuanto vemos. Existe una diferencia entre nosotros y las demás personas, y entre nosotros y el resto del universo, que parece indicar que somos soberanos, autónomos y singulares”.

 

El universo no se nos aparece como filamentos luminosos que se extienden en todas direcciones concebibles. Nuestro universo parece compuesto por bloques desconectados e independientes, materia sólida aquí y allá sin relación alguna entre sí. Percibimos el mundo “exterior” como una multitud de objetos y acontecimientos separados. De paso: planetas allá lejos, nosotros acá abajo, y la sorpresa del neófito ante los prodigios de la astrología.

 

No es energía lo que percibimos. No vemos al universo como un campo vibratorio contínuo de densidad cambiante, ni como un sistema de componentes inseparables, interrelacionados y en constante movimiento; no experimentamos la unidad macrocosmos- microcosmos. Todos los objetos de nuestro entorno natural, incluidos nosotros mismos, están separados por un espacio vacío. Distinguimos los objetos físicos aislados que nos son familiares con la ayuda del lenguaje y la memoria, y lo que no tiene un nombre no existe para nosotros. Nuestra percepción del mundo se ve también limitada al tiempo presente y a nuestra ubicación actual, el espacio y el tiempo se nos aparecen inconexos, luego somos sujetos a la linealidad causal.

 

Ya que por un rato somos investigadores que desconocemos el mundo humano pero con un conocimiento del símbolo astrológico, podemos reconocer que el consenso sobre la traducción de la realidad es homogéneo, pero además es específico. En nuestro estado ordinario de conciencia, percibimos un mundo fragmentado, a la manera de Virgo.

 

 

Instrumentos y Métodos. Reduccionismo y Especialización.

 

Este consenso universal alrededor de una realidad de las cualidades de Virgo, que recorta al hombre de la naturaleza y de todo en general, es lo que define los instrumentos que el hombre y su civilización occidental ha creado para  entender su mundo y relacionarse con él.

 

El resultado de este consenso es pues nuestra ciencia occidental: primero la lógica aristotélica de la certeza y la objetividad, y más tarde el paradigma mecanicista que mantuvo su vigencia hasta el siglo pasado, la ciencia de Descartes y de Newton. Como el físico Fritjof Capra (3) nos cuenta, es la ciencia que considera al universo como “una multitud de objetos diferentes, ensamblados entre sí para formar una máquina enorme”, que puede describirse objetivamente desde la razón y las matemáticas, sin tomar en cuenta al observador humano.

 

René Descartes fundó los pilares de una ciencia basada en la división fundamental de la naturaleza en dos reinos separados e independientes: el de la mente (res cogitans) y el de la materia (res extensa). Proclama a la materia como algo muerto y totalmente separado del observador humano.

 

Esta percepción virginiana de la fragmentación es la que permitió una relación hombre-naturaleza que podemos ejemplificar con palabras de Francis Bacon (4): para él, la naturaleza tenía que ser “acosada en sus vagabundeos”, “sometida y obligada a servir”, “esclavizada”; había que “reprimirla con la fuerza” y la meta de un científico era “torturarla hasta arrancarle sus secretos”.

Bacon existió hace cuatro siglos, pero la manipulación y la explotación de los recursos naturales por ciertos grupos de interés –y por todo humano en general- es una constante en el presente. Ya que nuestro sistema cognitivo nos hace creer que no somos Gaia, podemos darnos el lujo de querer dominar y maltratar a la “tierra muerta” que pisamos.

 

Por otra parte, también la ansiedad cartesiana de la certeza científica absoluta es aún muy popular en nuestra civilización occidental, el funcionamiento de la naturaleza es descripto por modelos matemáticos y su equivalente verbal, y su método racional y analítico sigue siendo nuestro fundamento para referirnos a lo que es real y lo que no puede serlo.

 

Lo que con nuestro concepto virginiano analítico y reduccionista no podemos comprobar o entender de los misterios del universo, pues, queda automáticamente descartado de nuestra conciencia.

 

Las disciplinas humanas son un síntoma de nuestra cognición. De este consenso virginiano sobre una realidad de bloques desconectados deriva la postura reduccionista –la convicción de que hay que reducir los fenómenos complejos a sus partes constitutivas para lograr entenderlos- y la consecuente visión fragmentada de la salud. Se aisla a la enfermedad de la persona que la padece. Mi enfermedad no soy yo, por un lado el cuerpo para el médico, por otro la mente para el psiquiatra, la tiroides y la comunicación no tienen relación, el fármaco que ingiero para el dolor de cabeza me estropea el estómago, la extracción de un pecho converge en una demencia senil...  La extrema polarización de Virgo pinta ese estilo de  cuadros.

 

De la fragmentación a la reducción, y luego a la especialización. El economista desentendido de la psicología social, el antropólogo desconectado de la física subatómica, el matemático aislado en sus números, el médico ignorante de la psicología profunda, el psiquiatra desdeñando a la astrología, el petrolero usamericano olvidado del niño iraquí, el astrólogo hablando de influencias externas...

 

La fragmentación puede verse en la sectorización de la sociedad humana. “Cada individuo fue dividido en un gran número de compartimentos separados, de acuerdo a sus actividades, sus talentos, sus sentimientos, sus creencias, y así sucesivamente, generándose de este modo conflictos sin fin”. (3)

 

La atomización se hace cada día más evidente. La novedad de nuestra época es la pantalla y el pixel, delante de los cuales transcurre gran parte del tiempo de vida vigílica de los habitantes acomodados de occidente.

Ni hablar de los números (Virgo) que manejan nuestro mundo y la distribución de los recursos. Los números son más reales que la “realidad objetiva”, tienen preeminencia sobre los desnutridos. El sistema económico de los números determina el curso de investigación de la ciencia. Y no sólo eso: la identidad de cada objeto está sujeta a un número. Entre ellos el ser humano, es para el mundo un documento identificado con un número, quien no tiene un número no existe, y no estamos lejos de la implementación del código de barras o, como algunos se alarman, del biochip; sumado a la siempre creciente gama de números asociados a cada individuo -fecha de nacimiento, domicilio, teléfono, tarjeta de crédito, cuenta bancaria, obra social, CUIL, AFJP, etcétera, etcétera.

 

La desconección opera también más allá... o más acá, en nuestra interioridad.  No sólo estamos desconectados de nuestro propio cuerpo, de nuestro sentir y del espíritu. También lo estamos de nuestra propia vida. Tal vez podamos reparar en el hecho de que el ser humano promedio experimenta a su vida como si fuera “algo” ajeno a él, que le sucede, que está afuera, que no forma parte de él, y que él padece.

 

Polarizados en la fragmentación virginiana, nuestra realidad objetiva es que nos hemos disociado completamente.

 

 

Teoría y Práctica: la Realidad Objetiva.

 

Es verdad que la vanguardia científica occidental se va alejando, en teoría, de la modalidad de cognición definida por Virgo y la correspondiente lógica aristotélica objetivista, y del paradigma mecanicista, reduccionista y separatista, cartesiano-newtoniano, para entender la realidad.

 

Nos cuenta Fritjof Capra: “El concepto de “espacio vacío” ha perdido ya su significado en astrofísica y en cosmología, ciencias que tratan del universo en términos generales, y el concepto de “objetos sólidos” ha quedado destruido por la física atómica, la ciencia de lo infinitamente pequeño” (3). A principios del siglo XX, la teoría de la Relatividad, luego la Física Cuántica, hoy el emergente paradigma ecológico, los estudios de las bandas transpersonales de la conciencia. La ciencia occidental está trazando nuevos mapas más holísticos de la realidad, en donde la conciencia humana está siendo integrada como parte esencial en el seno de una totalidad; está comenzando a tomar en cuenta la contraparte pisciana de Virgo.

 

Sin embargo, conviene no confundir la teoría intelectual de unos pocos seres humanos con nombre y apellido, con la realidad de hecho experimentada por la inmensa mayoría de la población, incluso por el mismo científico de la vanguardia en su estado ordinario de conciencia.

 

En uno de sus últimos ensayos, (26) Ken Wilber se pregunta: “¿Por qué, si el universo constituye, en realidad, una pauta de pautas y procesos mutuamente interrelacionados –holoarquías de holones- tan pocas disciplinas lo reconocen? Si el Kosmos no es holístico, integral y holónico, sino un asunto fragmentado y confuso, sin contextos, vinculaciones, uniones o comuniones entre las distinas partes, el mundo se nos presentará como el amasijo confuso del que nos hablan las distintas disciplinas. Pero si el mundo es holístico y holónico, ¿porqué no hay más personas que lo vean así? ¿Y porqué tantas disciplinas académicas lo niegan activamente? Si el mundo es total, ¿porqué tantas personas lo consideran fragmentado? Y, ¿porqué, en última instancia, el mundo está roto, fragmentado, alienado y dividido?”.

 

Si bien algunos transforman los mapas de la realidad, el cartógrafo no se ha transformado. Desde la astrología, podemos hablar en torno a la respuesta a las preguntas de Wilber:

 

En su estado ordinario de conciencia, el cartógrafo está condicionado por su cognición que efectúa una cartografía virginiana de la realidad fragmentada. Esta necesariamente determina los instrumentos que va a utilizar para entender el mundo. Más bien, los construye: las disciplinas académicas son hijas de esta cognición.

 

En pleno siglo XXI, la realidad que concebimos y experimentamos es la de la concepción científica medieval, newtoniana, la que está fuera de nosotros, es objetiva, cuyos fragmentos están completamente disociados, y requieren discipinas especializadas para entenderlo, disciplinas desconectadas unas de otras, por cierto.

 

 

El Criterio de Salud y Cordura.

 

Nuestra cognición es homogénea, percibimos el mundo de una forma específica, nuestra cartografía es virginiana, y esta descripción virginiana del mundo es la natural en nosotros, de la cual ni es necesario hablar, porque se la sobreentiende. Es la que damos por sentada, lo que significa que ni se nos podría ocurrir la posibilidad de una realidad diferente.

 

“Durante más de doscientos años la perspectiva newtoniana ha establecido los criterios según los cuales una experiencia de la realidad es aceptable o inaceptable. De acuerdo con ello, una persona “que funciona normalmente” es aquella capaz de reflejar con precisión el mundo objetivo exterior descrito por la ciencia newtoniana”, subraya Stanislav Grof (16).

 

La razón de ello es que el entrenamiento mercurial, intensivo y sostenido, de recortar (Virgo) la realidad y ponerle nombre (Géminis) a sus distintos objetos, operó en nuestra más tierna infancia, sin ofrecernos una alternativa con qué compararla. Don Juan nos dice: “nosotros percibimos únicamente los elementos físicos porque así nos lo enseñaron” (10).

 

Es lo que nos han contado. Además, como hemos estado utilizando ese sistema de intepretación toda la vida, al menos desde que tenemos “uso de razón”, la creencia general es que la actual es la única forma posible de existir y experimentarnos. “Todo cuando se aparte significaticamente de esta percepción de la “realidad objetiva” (de hecho la realidad consensual o lo que la población en general cree que es verdadero) debería ser descartado, por el producto de una imaginación enfebrecida o de un trastorno mental”, constata Grof.

 

No podríamos ir contra los dictámenes de esta interpretación virginiana, porque ni siquiera nos hemos enterado de que estamos condicionados hasta la médula por esos dictámenes. “Y esta es una forma fundamentalmente inconciente de control social –afirma Ken Wilber-, ya que los controles no constituyen una especie de agregado consciente sino que se hallan integrados en la misma descripción de la realidad. De este modo, una vez que el individuo ha construido una determinada descripción de la realidad, su conducta queda ya circunscripta a esa descripción”. (24)

 

Dice Capra: “Los conceptos de espacio vacío y de cuerpos materiales sólidos están tan profundamente arraigados en nuestros hábitos de pensamiento que resulta extremadamente difícil para nosotros imaginar una realidad física en la cual no tengan aplicación”.

 

Estamos condicionados por esta descripción de la realidad. Así viene siendo desde hace generaciones y generaciones. Son en verdad muy pocas las personas que pudieron ver otra cosa: una gran minoría de místicos, y otra mayoría de psicóticos (la misma experiencia desde una estructura psíquica diferente). Podemos pensar que el mundo que percibimos tiene una razón de ser tal. Castaneda nos cuenta que don Juan opinaba que percibir un mundo de objetos sólidos debió haber sido absolutamente indispensable para la sobrevivencia de nuestros antepasados (10).

 

Sea como fuere, lo siguiente se presta, al menos, a la reflexión: “después de milenios de percibir de esta manera, sus herederos, nosotros, estamos hoy día forzados a creer que el mundo está compuesto de objetos”, y nuestra superviencia actual depende de cambiar esta base social de la percepción, siempre según el brujo mayor. (10)

 

En lo que concierne a esta indagación, podemos afirmar que en nuestro estado actual, el recorte de lo posible y de lo imposible es claro y específico, y es eficaz porque para nosotros es final e indiscutible. Lo que percibimos está determinado por nuestra cognición, y en términos astrológicos se trata de la regencia de Mercurio en Virgo.

 

 

III. GÉMINIS. SOBRE LA REALIDAD DEL QUE PERCIBE.

 

No podríamos hablar de la realidad percibida sin referirnos al sujeto que la percibe. Siguiendo a Robert Anton Wilson,  todo tipo de mapas o modelos también muestran, si examinamos, la personalidad o el mobiliario mental de su creador, y del creador de la sociedad y de los sistemas linguísticos –el entorno semántico.

 

 

La Conciencia de Ser.

 

El conocimiento del entorno es una propiedad común a todos los niveles de vida, y a esto lo llamamos cognición. Vimos que los seres humanos emergemos del proceso cognitivo común a todos los organismos vivos, diferenciándonos; no sólo somos conscientes de nuestro entorno, sino también de nosotros mismos y de nuestro mundo interior. No sólo sabemos, sino que sabemos que sabemos. Ser humano es estar dotado de conciencia reflexiva. “Al saber que sabemos, nos damos a luz a nosotros mismos” (6).

 

Es el logos mercurial. En el cielo visible Mercurio es la primera órbita que rodea al Sol, es su primer satélite, suponiendo, para nuestra mirada simbólica, la distancia necesaria para que algo pueda mirarse, pensarse, percibirse a sí mismo, conocerse, o en otras palabras: para exista la posibilidad de autoconciencia.

 

Si estamos de acuerdo que el Sol simboliza el centro y el principio organizador de la totalidad psíquica -el arquetipo del Sí-mismo o “Self”-, Mercurio, por su parte, nos estaría hablando de la conciencia de ser: un nivel de mente o cognición caracterizado por el conocimiento de sí mismo. Mercurio es el arquetipo del ego, “self”, o “modo del yo” del ser humano.

 

Desde esta perspectiva Mercurio, en tanto modelador de un mundo cognitivo y la correspondiente conciencia de ser, nos indica en qué términos estamos dados a relacionamos con la realidad de lo que somos y por extensión, de lo que el mundo es.

 

Quitémonos el lente relativista, constructivista y pluralista de que cada individuo vive su propia realidad –las realidades subjetivas constituyen un fenómeno posterior al tema de nuestra indagación. Pongamos atención en la conciencia de ser genérica, que es estructural, homogénea, que precede a las diferencias entre seres humanos particulares, ya que opera desde una puesta en común definida por una cognición específica.

 

Sin perder nuestra mirada de asombro, pongamos nuestra atención en el tipo de conciencia de ser que define la relación del hombre con su mundo y consigo mismo, como si no fuera la única forma posible.

 

 

El ego mental-verbal-dialogante-autoconceptual-sintáctico.

 

Sabemos que desde nuestra más temprana edad nos vamos alineando bajo los parámetros de una cognición particular. Comenzamos esta indagación con una breve descripción del proceso de escisión y adquisición de autoconciencia bajo la asistencia sostenida de todos los miembros del mundo circundante.

 

“La autoconciencia surge cuando para describirnos a nosotros mismos utilizamos la noción de un objeto y sus conceptos abstractos asociados”, nos cuenta la teoría de Santiago de la cognición. Dicho de otro modo, la autoconciencia surge cuando el niño se ha transformado en un individuo, esto es: un ego individual, que se percibe a sí mismo como una entidad separada y diferenciada, en principio de su madre –como observó Piaget-, y del resto de los egos, de los objetos, y del resto del universo en general.

 

En términos astrológicos, podemos decir que el proceso mercurial de escisión, para nosotros natural, se ha completado cuando percibimos al mundo y a nosotros mismos a la manera de Virgo-. Tras la incorporación de las descripciones de Mercurio, el ego está listo para operar plenamente entre los objetos del fragmentado mundo de sus semejantes.

 

Ahora veamos este mismo proceso desde un punto de vista más interno, pues nos acoplamos para alumbrar el mundo de la fragmentación desde una estructura particular, que incluye el pensamiento abstracto y los conceptos simbólicos.

 

Vimos que durante el crecimiento, el niño traslada su identidad a los reinos mental y verbal, algo que nos parece sumamente saludable. El ámbito lingüístico se expande hasta incluir la reflexión y la conciencia, y el ego está formado cuando se ha convertido en una “unidad auditiva, verbal, dialogante y autoconceptual sintáctica”, en términos de Ken Wilber (24), reconocido estudioso del desarrollo psíquico del ser humano.

 

Estructuralmente, el ego está listo para operar plenamente en el mundo fragmentado de sus semejantes cuando “incluye en su centro nuestro mundo interior de pensamiento abstracto, conceptos, símbolos, representaciones mentales y autoconciencia” (5) y puede coordinar, ordenar y conectar rápidamente todas las descripciones aprendidas a través del uso adecuado de la mente pensante.

En esto consiste la inteligencia de Mercurio.

 

Así pues, el nivel egoico del desarrollo psíquico –actual- del ser humano está constituido por un yo con determinadas características, este yo que es auditivo, verbal, dialogante, autoconceptual y sintáctico, “con casi todos los aspectos del entendimiento del yo, incluidos los factores afectivos y cinestésicos, intrínsecamente vinculados al pensamiento social y a la cognición conceptual”. (24)

 

Y ya que tenemos un conocimiento del símbolo astrológico, observemos también esta conclusión de Ken Wilber tras el análisis que hacen diversas escuelas de la psicología: “El meollo del ego es un autopensamiento, un autoconcepto”.

 

Resume Wilber: “El ego es un autoconcepto, o constelación de autoconceptos, junto a las imágenes, fantasías, identificaciones, recuerdos, subpersonalidades, motivaciones, ideas e información relacionados o vinculados con el autoconcepto independiente. Así pues, un “ego sano”, según la interpretación del psicoanálisis, es un “autoconcepto” más o menos “correcto”, que tiene en consideración de un modo adecuado las diversas y frecuentes tendencias discordantes del ego” -cuya naturaleza también es fragmentada.

 

Hay algo que nos debe sonar familiar en las pautas psíquicas de este tipo de conciencia de ser. Es un ego que alumbra un mundo –incluido a sí mismo- desde el pensamiento y los conceptos. El ego es mental, conceptual, un pensamiento que uno tiene de sí mismo. Es el tipo de conciencia del cogito ergo sum –“pienso luego existo”, que formuló Descartes.

 

Nos relacionamos con el ser y con nuestra realidad a partir de una conciencia específica, que tiene los atributos de Géminis. Percibimos un mundo virginiano en base a una estructura mental pensante, según una cognición geminiana. El dictámen de Mercurio es Géminis.

Por lo tanto, el meollo del ego es Géminis. Géminis, luego existo...

 

 

Pienso luego existo.

 

“Nosotros, los humanos, compartimos un mundo abstracto de lenguaje y pensamiento a través del cual creamos juntos nuestro propio mundo”, sostienen Humberto Maturana y Francisco Varela, en su teoría de la cognición. (6)

 

No perdamos la mirada del asombro sobre nuestra condición, porque la Regencia de Mercurio en Géminis nos describe –también- a la estructura que alumbra a un mundo particular, estructura que hermana a todos los hombres de nuestra civilización en su estado actual del desarrollo psíquico -egóico mental-verbal-dialogante-autoconceptual-sintáctico- pertenezcan a la cultura que pertenezcan.

 

“Pienso, luego existo” define nuestra particular conciencia de ser estructuralmente geminiana, una estructura que venimos heredando como especie, que nos hace únicos e inconfundibles. Nuestra condición particular es transmitir pensamiento contínuamente. Los sonidos que emitimos cuando hablamos transmiten pensamiento. Y desde ya, también mediante procesos materiales de nuestra creación, tales como las ondas de radio, la televisión, la escritura, internet, etc., circula el pensamiento y se difunde en nuestro mundo. Nuestro mundo humano es como una red de pensamiento.

 

El proceso del pensamiento del ser humano es en verdad activo, puesto que ha sido capaz de construir un mundo muy peculiar: el nuestro. El que, nos parece, no podría ser de otro modo. Podemos entonces añadir: “Géminis, luego existe nuestra civilización”.

 

Casi todo lo que nos rodea existió primero como un pensamiento. Pensemos en nuestras ciudades y sus enormes bloques de edificios, en las fábricas, en las rutas y los vehículos, en los aviones. Pensemos en las escuelas, las naciones, los partidos políticos. En todo; la ciencia, la tecnología, las armas de destrucción masiva, el dogma religioso –todo lo que la humanidad erigió en su mundo de fragmentación ha existido primero como un pensamiento, ha sido creado por el pensamiento.

 

Nuestro mundo cognitivo fue creado por procesos de pensamiento. De acuerdo con Robert Anton Wilson, en todo el espectro de nuestras creaciones y nuestros instrumentos podemos encontrar el genio, y los defectos, de la mente pensante. (27)

 

A partir de una conciencia a la Géminis nos relacionamos con nosotros mismos y con la realidad, porque de acuerdo a esta conciencia la creamos. Géminis es el núcleo de nuestra propia realidad. Pero estamos tan acostumbrados a que así sea que no nos damos cuenta de su regencia.

 

Del mismo modo, no le prestamos atención a los procesos de pensamiento e ignoramos el poder que tienen para configurar nuestra existencia. La razón de esto es que pensamos que nuestros pensamientos son a lo sumo inofensivos y para empezar, no incumben a nadie más que a cada uno; son un asunto personal, creemos. Es útil tener en cuenta que contrariamente a lo que creemos, el pensamiento es como una enorme base de datos que no es propiedad de ningún individuo. Si bien es cierto que todos somos depósito de pensamiento y  canales de transmisión.

 

No dejemos que a nuestra mente pensante esto le parezca delirante o intrascendente o –peor- normal. Los procesos de pensamiento admiten una modalidad para relacionarnos con la vida, el pensamiento literal, que afirma: “todo esto es un disparate que no merece la menor atención” (el pensamiento de Géminis es aficionado a lo enteramente obvio).

 

Además, “el pensamiento literal –al que tendemos a considerar como el único adecuado- se nos presenta como si fuera un reflejo de la realidad tal y como es”, nos dice David Bohm (2); “bien podríamos decir que, en la medida en que afirmamos que nuestras palabras y nuestros pensamientos describen la realidad tal y como es, estamos idolatrándolos”. Es que en nuestro mundo cognitivo están ubicados en el trono de la regencia.

 

Mercurio rige Géminis, según la astrología tradicional. Y en todo sentido, nuestra conciencia cotidiana es específica y se articula mediante los procesos de pensamiento. La estructura cognitiva geminiana alumbra un mundo y no otro, así como cada sistema construye su propio y distinto mundo, de acuerdo con su propia y distinta estructura.

 

Un extraterrestre estaría asombrado ante este fenómeno que determina la condición del ser humano y su lugar en la cadena del ser. Nuestra cognición incluye el lenguaje, el pensamiento abstracto y conceptos simbólicos inaccesibles a otras especies por nosotros conocidas.

Nosotros desde el sentido común confundimos nuestro mundo con La Realidad Objetiva (puesta afuera) e inferimos que es la única forma posible de existir. Por cierto, es la forma humana, en su estado actual.

 

 

Poniendo nombre a todas las cosas.

 

Volvamos a una afirmación que ya cité antes, de Carlos Castaneda:

“La condición general de la energía animada es convertir la energía del universo en general en datos sensoriales. En el caso de (los seres humanos), estos datos sensoriales son a su vez transformados en un sistema de interpretación, en el cual se clasifica la energía en general y se asigna una respuesta dada a cada clasificación, cualquiera que ésta sea. Y el sistema para intepretar los datos sensoriales es su cognición”. (6)

 

Dicho astrológicamente:

Mercurio convierte la energía del universo en datos sensoriales y provee un sistema de interpretación, un molde, configurando de este modo un mundo cognitivo determinado.

Así como en astrología tradicional Mercurio rige Géminis, el sistema que opera en nuestro mundo cognitivo para clasificar la energía y responder a ella, es Geminiano. En otras palabras, nuestra cognición es estructuralmente Geminiana.

 

Ahora bien, vimos que el acto perceptivo supone un alumbramiento de un mundo específico. Sabemos que lo que percibimos está ampliamente condicionado por nuestro marco conceptual y nuestro contexto cultural, y esa es la base social de la percepción. Por consecuente, la percepción del mundo que nos rodea supone una predisposición cognitiva, ya que respondemos selectivamente a ciertos estímulos, y no a otros.

 

Durante los primeros años de nuestra vida, aprendimos a responder a ciertos estímulos. Como señala don Juan Matus, nuestros progenitores nos socializaron para funcionar en el mundo cotidiano a través de la repetición. Nosotros respondemos automáticamente a los estímulos que se han repetido, se han nombrado y que hemos categorizado -y no a otros que no han sido constantes, nno hemos categorizado y que son inclasificables para nosotros en nuestra condición actual de conciencia.

 

Nuestro sistema de taxonomía define al fenómeno perceptivo configurando nuestro mundo conocido. Particularmente, nosotros clasificamos el mundo desde un sistema de conceptos.

 

Relata la Biblia que Adán fue expulsado del Edén (según Wilber (25) el estado de fusión pre-conciente, de indiferenciación material con el todo, lunar) y Dios le encomendó la misión de ponerle nombre a todas las cosas. Para el ser humano, todo lo que es posible percibir ha sido primero distinguido (separado), luego nombrado y entonces forma parte del inventario de nuestro mundo. “Esto es el arbol” -esto es: existe, nosotros lo hemos alumbrado con la palabra. Y en el principio fue la palabra.

 

Inversamente, todo lo que no tiene nombre, lo que está más allá de la sintaxis, no existe para la conciencia ordinaria. Lo desconocido es, precisamente, lo que no forma parte de nuestra cognición, que no tiene nombre. Sobre ello no tenemos dominio -en otras palabras, son demonios-; de aparecer en nuestro campo perceptivo, es automáticamente temido, reprimido, combatido... hasta que se le asigna un nombre, si es que el distinguido fenómeno se repite, se vuelve conocido: podemos decir: “es”. Es entonces que se instala en el inventario de lo posible, en la base de datos de nuestra cognición, que ha logrado el dominio sobre el nuevo fenómeno ahora “normal”, familiar, clasificado.

 

Comprendamos el poder que tienen los conceptos y las imágenes ligadas a ellos. Es el poder de la dupla Mercurio-Luna incorporando en nosotros un mundo, el nuestro. Con las palabras alumbramos el mundo, establecemos distinciones y creamos la noción de objetos (6). Los objetos son distinciones linguísticas de distinciones linguísticas: establecemos una distinción de distinciones utilizando la palabra “arbol” y así alumbramos un objeto. Una vez que distinguimos un objeto, podemos crear conceptos más abstractos –como ser: la altura del arbol, el color del follaje, el ancho de su tronco- estableciendo distinciones de distinciones de distinciones y así sucesivamente. (5)

 

Los conceptos y sus correspondientes imágenes configuran una convención que alcanza en nuestra mente un poder y una vida propia –veamos: son reales para nosotros la fecha, la hora, un número de télefono, una dirección, etc. Son verdaderamente importantes porque nos sirven para ordenar las cosas y los acontecimientos de nuestro medio ambiente, no sólo en la vida diaria, sino también en nuestros intentos por comprender la naturaleza.

 

Los conceptos son creaciones de la mente que alumbran nuestra realidad. Las palabras, que usualmente reproducimos mecánicamente y para decir una nimiedad tras otra, tienen un trasfondo verdaderamente mágico. Son capaces de sostener el hechizo de nuestra cognición.

No en vano las tradiciones “herméticas” afirman que la palabra opera magia, y que el pensamiento hechiza... el poder de Mercurio es tal, y en nuestro caso es Geminiano.

 

Un detalle, que puntualiza Robert Anton Wilson: después de todo, ¿acaso la inocente palabra “es” no contiene una falacia oculta? (27)

 

 

Ser en Lenguaje.

 

Nuestras distinciones linguísticas no están aisladas. Existen en la “red de acoplamientos estructurales que tejemos continuamente mediante el lenguajeo”, en términos de Maturana. Y el significado emerge como un patrón de relaciones entre estas distinciones linguísticas

El lenguaje es una total abstracción -está constituido por signos de signos, con reglas propias aún más abstractas, que difieren de cultura en cultura-, y nosotros existimos en un “territorio semántico” creado por nuestro lenguajeo. (6)

 

Mediante el lenguaje, los seres humanos coordinamos nuestro comportamiento y juntos mediante el lenguaje alumbramos nuestro mundo. Esta es la particularidad de la condición humana. La cohesión del ser humano radica pues en su capacidad de tejer continuamente la red lingüística en la que está inmerso.

 

Para Maturana y Varela sólo podemos comprender la conciencia humana a través del lenguaje y de todo el contexto social en el que éste está inmerso. “Ser humano es existir en lenguaje”, concluyen. La realidad estructural del humano es Géminis. Mercurio es el acto de alumbrar un mundo y la realidad humana está íntimamente ligada al lenguaje y la abstracción (Mercurio en Géminis).

 

Los seres humanos lo vemos todo a través de una grilla simbólica o semántica, que funciona como un código que ordena, clasifica e impone su propia estructura en la data que describe, definiendo nuestra experiencia de lo que es real. Vemos a través de Géminis, nuestra estructura genérica de conciencia.

 

Mercurio es el proveedor del software de la cognición, que en el caso de la humanidad es Geminiano, ya que “incluye el lenguaje, nuestros hábitos linguísticos, y la cosmovisión tribal o cultural acerca de todo, nuestras reglas del juego o prejuicios inconcientes, el tácito tunel de realidad que consiste en sí mismo en construcciones linguísticas y otros símbolos”. (27)

 

 

El mundo de la Dualidad.

 

La condición de la cognición geminiana es que la experiencia de la unidad es imposible. Para que el entendimiento y la conciencia sean posibles, es preciso separar en pares de opuestos. En nuestro mundo, Mercurio opera desde la división.

Hermes portaba el caduceo. Y nosotros experimentamos la vida desde la dualidad de Géminis.

 

Nuestra particular estructura de conciencia necesita experimentarse en pares de opuestos. Es nuestra condición: no podríamos pensar en la posibilidad de una noche sin un día, del frío sin el calor, la vida sin la muerte (aunque nos arreglamos para olvidarnos de la muerte), de la civilización sin la naturaleza, pues incluso el ser humano se concibe a sí mismo y a sus creaciones como cosas separadas de la naturaleza.

 

Nuestra familiar realidad compuesta por fragmentos separados es evocada desde la dualidad: sujeto/objeto, yo/tú, interior/exterior, arriba/abajo, derecha/izquierda...

 

Todo absolutamente está dividido en nuestra mente pensante. El observador y lo observado, conciente e inconciente, visible e invisible, bien y mal, femenino y masculino, ciencia y religión, oriente y occidente, norte y sur, cuerpo y mente, espíritu y materia, lo empírico y lo espiritual, el cielo y la tierra, luz y oscuridad.

 

“Los opuestos son conceptos abstractos, pertenecientes al reino del pensamiento y como tales, son relativos –nos alerta Capra (3)-. Por el simple hecho de centrar nuestra atención sobre cualquier concepto, creamos su opuesto”. Pero nosotros convertimos la natural división en polarización... Lo gracioso es que “y” puede perfectamente ser reemplazado por “versus”, y uno debe elegir en qué vereda filosófica va a transitar, y qué características tendrán sus contrincantes filosóficos.

 

Naturalmente la astrología no escapa a la mirada dual, pues estamos plagados de pares de opuestos, conceptos necesarios para el entendimiento,  como femenino-masculino, diurno-nocturno, frío-caliente, seco-húmedo, benéfico-maléfico; luego no pueden faltar las banderas separatistas de los astrólogos: astrología técnica vs. simbólica, psicologista vs. determinista, tradicionalista vs. contemporánea, prodeterminista vs. prolibrealbedrista... (y en la jerga porteña) CABA vs Casa XI... etcétera.

 

Y así podemos seguir distinguiendo y clasificando el mundo desde nuestra mente taxonómica geminiana... seguramente no hasta el infinito, ya que la artillería conceptual humana -aunque se crea que algún día todo lo entenderá- tiene sus limitaciones para abarcar y comprender el todo en que misteriosamente estamos inmersos. Si seguimos cultivando la mirada del asombro, podemos divertirnos viendo cómo el ser humano compila y repertoria con minuciosidad todos los datos accesibles a su prisión cognitiva geminiana, creyendo que baraja la toda verdad del universo inconmensurable que es de un modo determinado sin lugar a dudas.

 

En definitiva, el nuestro es el mundo de la dualidad, y no otro. “La dualidad describe la condición habitual de la humanidad. La felicidad existe sólo porque existe la miseria, el dolor por el confort, el bien por el mal, el yang por el yin, el negro por el blanco, el nacimiento por la muerte, y la existencia por la no-existencia. Todos los fenómenos deben ser apareados, ya que los sentidos sólo están equipados para percibir diferencias. La mente pensante tiene la propiedad de separar todo lo que encuentra en dos, porque es, en sí misma, algo dual”. (7)

 

En Géminis la experiencia de la unidad es imposible. La conciencia de ser geminiana supone una polarización y luego la diversificación, dando lugar a la percepción del mundo y de uno mismo fragmentada; es decir, a la Virgo.

 

“La fragmentación del mundo no se origina en las leyes inmutables de la naturaleza, sino en la incoherencia de nuestros procesos de pensamiento”, tal como afirma David Bohm. (2)

 

 

IV. SOBRE LA UNIDAD DEL CARTÓGRAFO Y LA CARTOGRAFÍA.

 

“De acuerdo al sentido común, y el consenso de casi todos los filósofos (occidentales), existimos “adentro” de un “universo objetivo”, o –para decirlo de la otra manera- el “universo objetivo” existe “fuera” de nosotros. Vemos objetos en el “universo exterior” a través de nuestros ojos y luego hacemos fotos –modelos- de ellos en nuestro cerebro. El cerebro “interpreta” lo que los ojos transmiten como señales energéticas. Entonces, vivimos “adentro” de un “universo exterior” y tomamos una fotografía o modelo de él “adentro” de nuestro cerebro, sintetizando e interpretando nuestras fotografías o modelos de partes del universo llamados “objetos”. Lo que sigue es que nunca conocemos el “universo externo” y sus “objetos”. Conocemos el modelo del “universo exterior” de nuestro cerebro. En tal caso, todo lo que vemos, que creemos que existe afuera, en realidad existe adentro, en nuestra cabeza. Vemos un modelo de ello dentro de nuestra cabeza, y en la vida cotidiana nos olvidamos y actuamos como si el modelo existiera afuera de nuestra cabeza. (27)

 

El mundo que nos rodea no es en realidad como pensamos que es -¿es?-. Aseguraríamos que es un mundo de objetos –nosotros incluidos- que están separados de nosotros, allá afuera, en la realidad objetiva. Pero es la estructura de nuestra conciencia de ser la que la que configura este mundo sobre el cual todos estamos de acuerdo -por el bien de nuestra reputada cordura.

 

Don Juan le explica a Carlos Castaneda: “Piensa en una montaña, por ejemplo. Tiene tamaño, color, forma. Incluso tenemos categorías de montañas, que son, por cierto, precisas. No hay nada de malo en todo eso; el error está en que nunca se nos ha ocurrido que nuestros sentidos sólo juegan un papel superficial. Nuestros sentidos perciben como lo hacen porque una característica específica de nuestra conciencia de ser los obliga a hacerlo así”. (9)

 

Así lo obliga nuestra conciencia de ser. Desde nuestra conciencia de ser geminiana interpretamos y percibimos el mundo de la fragmentación virginiana, y nosotros aseguramos: “es así porque así mis sentidos lo testimonian”, sin sospechar de la importancia de nuestro sistema conceptual de descripción -de las características de Géminis, no de Tauro.

 

Como Grof señala, “las fronteras que percibimos entre nosotros y el resto del universo deben ser concebidas como un producto de nuestra mente” (16). Y en términos de Capra: “las imágenes de objetos aislados sólo existen en nuestro mundo interior formado por símbolos, conceptos e ideas. La realidad que nos rodea es una danza rítmica continua, y nuestros sentidos traducen una parte de sus vibraciones en modelos de frecuencia que luego pueden ser elaborados por el cerebro”.(4)

 

Podríamos decir que Mercurio en Géminis describe al cartógrafo, y Mercurio en Virgo al mapa que traza el cartógrafo. No se puede separar al mapa de su cartógrafo. La cartografía es un reflejo del cartógrafo. Ambos configuran una unidad, determinada a priori por un sistema cognitivo.

 

Virgo es el mundo alumbrado desde una estructura psíquica que es Géminis. Mercurio describe al fenómeno del alineamiento bajo este patrón de cognición, que es un mundo total en sí mismo, configura una unidad.

 

Nuestra particularidad es que la experiencia de la unidad es imposible, y yo me veo limitada por la sintaxis. Para hablar alrededor de la unidad de la cognición utilizo las herramientas de mi mundo: conceptos astrológicos. Utilizo el concepto “Mercurio”, y para referirme a la unidad de nuestro mundo cognitivo sumo dos conceptos: “Géminis” y “Virgo”. Por decirlo de algún modo, Mercurio se “bifurca” en Géminis y en Virgo, pero tal bifurcación sólo existe en mi palabrerío. Sometida a este patrón de diversificación y nombres, a duras penas intento evocar la comprensión de la unidad.

 

La cognición (Mercurio) dual (Géminis) y fragmentada (Virgo) es una unidad, la que nos lleva a separar a Géminis de Virgo, y del resto de los signos del zodíaco, al observador de lo observado, a la mente de sus herramientas, al bailarín de su danza, al pintor de su obra, al enfermo de su síntoma, a la naturaleza del hombre, a la vida interna y subjetiva del acaecer del mundo externo y objetivo...

 

 “En nuestra vida cotidiana, no somos conscientes de (la) unidad de todas las cosas, sino que dividimos el mundo en objetos y sucesos separados. Esta división es util y necesaria para enfrentarnos cada día al entorno que nos rodea, pero no constituye un rasgo fundamental de la realidad. Es una abstracción ideada por nuestro intelecto discriminador y categorizante. Creer que nuestros conceptos abstractos de “cosas” y “sucesos” separados son realidades de la naturaleza es una ilusión. Los hindúes y budistas nos dicen que esta ilusión está basada en avidya, o la ignorancia, y que es producida por la mente que se haya bajo el encanto de maya”, señala Capra. (3)

 

Bajo este encanto, creamos un mundo de naciones, economías, religiones, grupos políticos, sistemas de valores y egos incompatibles. El mundo es fragmentado por nuestra mente pensante y reducido a pequeñas partes independientes, y desde esta concepción lo entendemos y lo explicamos, entonces es medido, calculado, pesado, y repertoriado por las herramientas creadas por nuestra mente, corroborado por la correspondiente ciencia objetivista, explotado por intereses comerciales, y damos por sentado: “nuestra realidad es así o asá”, ¿qué duda cabe?

 

No caben dudas por una razón sencilla: uno se sirve de las estructuras de su propio nivel de conciencia para percibir y traducir el mundo, pero uno no puede percibir y traducir las propias estructuras, no por completo. Ken Wilber afirma que cada proceso de traducción ve pero no es visto; traduce, pero no es traducido; y puede reprimir, pero no es reprimido. (24)

 

La realidad que percibimos como fragmentos desconectados y traducimos desde nuestra mente dual nos parece final e indiscutible. La realidad que alumbramos es un reflejo de lo que somos. Es el hechizo de nuestra cognición, que todos sostenemos. Mercurio es la clave astrológica del hechizo del mundo.

 

Géminis Cuadratura Virgo.

 

Nuestra cognición de dualidad y fragmentación puede ser descripta astrológicamente por la “bifurcación” de Mercurio en Géminis y en Virgo, los signos de su regencia tradicional.

 

Según nuestra conceptualización de la astrología, Géminis siendo un signo de Aire, pertenece al mundo de las ideas y de los procesos mentales. Virgo, signo de Tierra, pertenece al mundo material y tangible. Ahora bien, ¿porqué una estructura de conciencia geminiana encuentra su reflejo en una realidad virginiana? ¿desde dónde pensar esta “materialización”?

Me parece que podemos encontrar una clave simbólica en el aspecto de Cuadratura que une a ambos signos.

 

Se dice que la cuadratura es el aspecto más dinámico, ya que surge de dividir al círculo zodiacal por cuatro (la cruz, el cuadrado). Se lo vincula pues con la fuerza de la encarnación, es decir, la crucifixión del espíritu en la forma, como señala Dane Rudhyar (21). Según éste, la cuadratura es “la energía que obliga a la idea abstracta a ser un cuerpo concreto”. Obliga a la acción, a la manifestación, a la materialización.

 

El número cuatro representa la idea cobrando una forma concreta y tangible en un plano de realidad; del mismo modo, en la secuencia zodiacal toda idea que se gesta en Géminis tiene su aplicación práctica en Virgo. Formularé lo siguiente: Mercurio, operando sobre la cuadratura Géminis-Virgo, crea el hechizo de la realidad que alumbramos -en otras palabras, nuestro mundo cognitivo.

 

 

V. MISTERIO. LA ANTIGUA DOCTRINA DE LAS REGENCIAS.

 

Percibimos en base a un sistema de intepretación que tiene todas las cualidades de lo que los astrólogos estamos de acuerdo en llamar “Géminis”, y lo que percibimos allá afuera, en tanto objetos separados, es lo que llamamos “Virgo”.

 

El hecho asombroso es que la astrología describe elocuentemente la condición de nuestro mundo cognitivo desde la controvertida Doctrina de las Regencias.

 

En su Astrología Gallica, Morin de Villefranche diferencia entre la Fortaleza Intrínseca de un planeta -“la que mide la cantidad de virtud intrínseca por la cual el planeta actúa por sí mismo”- y su Fortaleza Extrínseca –“la que mide la potencia de un planeta a partir de elementos extrínsecos, es decir su estado en el cielo (zodíaco), etc”-. 

Así pues, “cualquier signo desde el principio de la creación está determinado para la naturaleza de algún planeta y actúa según ésta”. (20)

 

Lo que sigue es que los astrólogos nos aprendimos de memoria el diagrama de los doce signos y sus respectivas regencias planetarias, tal como nos lo contaron. Sabemos que cada signo tiene su planeta “regente”, lo cual significa que signo y planeta tienen una “naturaleza afín”, y que cuando un planeta está emplazado en el signo de su domicilio el resultado es fuerza y armonía incrementada para su función intrínseca. En lenguaje criollo, el planeta está “como en su casa”.

 

Ahora bien, nuestro mundo cognitivo, evidentemente, no tiene dichas características porque Mercurio rige a Géminis y a Virgo. Tratemos de no pensar dicha coincidencia significativa en términos de causa y efecto. Tampoco, parece ser, se le ha atribuido a Mercurio la regencia de esos signos tras la observación de la cognición humana como fenómeno genérico. Nuestra cognición responde a ciertas –llámese- causas “misteriosas”, y la doctrina de las Regencias a otras.

 

La doctrina de las Regencias tiene su origen en la lógica aristotélica objetivista, y la causa de las regencias planetarias de los signos es climática, dícese. Del Manual de Astrología Contemporánea de Eloy M. Dumón: “se dice que Ptolomeo comenzó partiendo de Cancer y Leo porque son los signos donde el Sol es más septentrional en el verano del Hemisferio Norte, o sea, cuando hay más calor. Cancer se lo asignó a la Luna porque es un signo femenino y Leo al Sol, porque es masculino. Los signos opuestos, Capricornio y Acuario, se los asignó a Saturno porque estos signos marcan la época más fría del año y este planeta era el más alejado del Sol, además de ser considerado por los astrólogos, frío en su naturaleza”.(14)

 

Ptolomeo vivía en el siglo II de nuestra era en la región mediterránea y expuso en su Tetrabiblos este sistema que no es de su autoría, sino que le fue transmitido a él por “los antiguos”. Poco importa si desconfiamos de la honestidad intelectual de Ptolomeo, ni tampoco que el sistema de regencias no sea de nuestra predilección personal, sea por los argumentos que fuere.

Lo que sí importa es que éste es parte constituyente del vocabulario básico de la astrología. Ha sido nombrado –es decir: existe-. Los astrólogos nos contamos el sistema de regencias desde hace casi dos milenios por lo menos.

 

En cuanto a la causa de nuestro peculiar mundo cognitivo, los chamanes del linaje de don Juan ofrecen una explicación que nos puede sonar extravagante: es consecuencia de la fijación de lo que ellos llaman el “punto de encaje” en un sitio determinado del huevo luminoso que somos los seres humanos. Exploraremos sus afirmaciones sobre este hecho energético en el último capítulo, ya que su contenido es, en mi parecer, astrológicamente jugoso.

 

Es de suponer que quienes formularon la doctrina de las regencias ni hubieran sospechado que iría a describir, como es en el caso de Mercurio, la naturaleza de nuestra realidad y del mundo cognitivo de la humanidad, aunque no tengo argumento alguno para formular tal hipótesis. Me toca confesar que sí los busqué, “¿de dónde sacaron que un planeta rige a un signo?”, busqué (en literatura escrita) el imposible de un porqué algo más profundo que “naturaleza afín”, y no encontré más que las breves menciones al clima. Así pues elijo quedarme con la duda y un interrogante: ¿habrían hecho esta observación “los antiguos”?

 

Por ahora tenemos dos fenómenos en principio distintos: las regencias de Mercurio por un lado y por otro, la cognición humana. Ambos coinciden significativamente. En términos de Jung, nos encontramos ante un fenómeno ejemplar de sincronicidad pura -y ante la lógica del misterio desafiando nuestra humana racionalidad geminiano-virginiana.

 

***

 

La regencia de Mercurio en Géminis y en Virgo nos habla, también, del enganche colectivo en la descripción común, consensuada por cada uno de los seres humanos que cohabitamos y sostenemos este mundo, de una realidad fragmentada compuesta de objetos físicos que percibimos separados y desconectados. Y esta realidad es concebida desde una mente conceptual dual.

 

 “Mercurio nos ha enseñado a percibir desde Géminis, y desde Géminis aprendimos a dar a Virgo por sentado (como si fuera lo único que existiera)”.

 

No siempre la realidad humana ha tenido estas características. Y es probable que no tenga estas características para siempre. Tal es nuestra condición actual. Siendo un planeta neutro, Mercurio es famoso por su poder de adaptación. Lo cierto es que la antigua teoría de las regencias que correspondió a Mercurio con la cuadratura Géminis-Virgo nació, también, dentro de los confines de la actual cognición Géminis-Virgo.

 


 

Capítulo Tercero

DEBILIDAD: ESCISIÓN Y DISOCIACIÓN

LAS LIMITACIONES DE NUESTRA COGNICIÓN

 

“Los colores hacen que los hombres tengan ojos y no vean.

Los sonidos hacen que los hombres tengan oídos y no oigan.

Los sabores hacen que los hombres tengan paladar y no gusten”.

-Lao Tsé.

 

“De no vaciar el almacén, no hay manera de ser lo que realmente somos”.

-Taisha Aberlar.

 

I. DE LA CONCIENCIA DE SER...

 

“Eres tú, Cilenio (Mercurio), príncipe y autor de todo lo sagrado: por tí es posible conocer los astros visibles y lo profundo del universo, hacer que la faz del mundo pueda ser ensanchada, y reverenciar no sólo las cosas sinó el poder  que hay en ellas, y que los hombres sientan en lo íntimo a Dios en lo que es más grande” –son rezos de Marcus Manilius tomados de su Astronomicon (19), uno de los primeros textos astrológicos que llegaron a nosotros.

 

Mercurio es el responsable de la conciencia de ser y de la percepción. El alineamiento de nuestras percepciones dentro de los confines de un mundo cognitivo homogéneo puede ser considerado como un verdadero logro de nuestra civilización.

 

“Porque antes –prosigue Manilius-, entre los salvajes carentes de percepción, la vida estaba dedicada a lo material inmediato, no tenían lógica sobre los efectos de las cosas, y se asombraban de la aparición de cada nuevo día, ora afligidos por la desaparición de los astros, ora contentos de su reaparecer; azorados por la variable duración del día y la incierta longitud de la noche, por la desigualdad de la sombra debido al alejamiento o la aproximación del Sol, incapaces de averiguar su causa. Todavía el ingenio humano no había establecido las reglas de la sabiduría y la extensa tierra se hallaba baldía en los incultos campos” (19)...

 

Asimismo, la adquisición de una autoconciencia estructuralmente geminiana es un logro individual de cada ser humano, constituye un gran salto, si se lo mira, por ejemplo, en relación a la estructura pre-conciente inicial en la que se encuentra cada nuevo nacido. En ese estado de fusión pleromática, material e instintiva con el entorno, el bebé percibe algo así como un caleidoscopio, según don Juan; luego durante su crecimiento va ajustando su percepción hasta hacerla encajar dentro del molde de la cognición actual.

 

Tanto desde la ontogenia (nuestro desarrollo psíquico individual) como desde la filogenia (el de nuestra especie homínida), salimos de un mundo animal, de fusión pleromática y material inmediata con todo lo que nos rodea; adquirimos cohesión, nos volvimos egos conscientes y autoconscientes, y esta conciencia de ser posibilitó la percepción de nuestro mundo tal como lo conocemos en nuestro estado actual.

 

Algo que a nosotros nos parece de lo más normal, como resultado de la costumbre, es, para los chamanes y para quienes incorporaron la mirada del asombro (consciente), una adquisición milagrosa.

 

Para la psicología evolutiva, nuestro ego o conciencia de ser actual cumple con una función necesaria en el desarrollo de la psiquis humana en este mundo, y es probable que prosiga con su viaje para volverse más conciente de sí misma y del universo, como una totalidad.

Para los chamanes, la transformación es una cuestión de supervivencia.

 

 

II. ...A LA PRIMERA ATENCIÓN...

 

El punto es que el ego se encuentra detenido desde hace milenios en este paso del desarrollo, que en astrología conocemos como “Géminis”: el adolescente, el tercer signo de la secuencia evolutiva que describe el Zodíaco.

 

Las siguientes palabras de Wilber son sumamente elocuentes: “mientras se encuentra en esa fase, el ser humano parece un adolescente jactancioso seguro de que todo lo puede y dispuesto a incomodar al mundo entero para demostrarlo. Pero si esta actitud perdura hasta la edad adulta termina generando cinismo, escepticismo, duda y desesperación. Del mismo modo que hay más cosas en los cielos y en la tierra de las que sueña nuestra filosofía, también hay más niveles de conciencia en los cielos y en la tierra de los que sueña nuestro ego”. (25)

 

El punto es: lo que idealmente sería un “paso” en el desarrollo de la conciencia humana se ha vuelto un patrón existencial cristalizado. Es como si el ser humano detuviera su crecimiento psíquico en la adolescencia. En lugar de servirse de la estructura de conciencia geminiana como instrumento para operar en el mundo durante un período determinado de maduración, para luego seguir su viaje de adquisición de autoconciencia, el ego se ha “aferrado”, por decirlo de algún modo, a esta estructura cognitiva geminiana. El ego se identifica completamente con ella y desde ella da forma a su mundo hasta el resto de sus días, sin conocer otra cosa.

 

Por ello, a la conciencia de ser de los seres humanos adultos, madurada por el proceso del crecimiento, ya no se la puede llamar simplemente “conciencia de ser”. Según los brujos del linaje de don Juan Matus, ha habido una modificación; la conciencia de ser se ha convertido en algo más intenso y complejo, algo que ellos llaman atención.

Así pues, “la conciencia de ser es la materia prima y la atención es el producto final”. (9) 

 

La atención, dicen esos chamanes, es “domar y enriquecer la conciencia de ser a través del proceso de vivir”. Hay tres tipos de atención, que más bien son tres niveles de realización del ser humano, aunque para los fines de esta indagación nos interesa la primera. La primera atención viene a ser “la conciencia animal, que a través del proceso de la experiencia humana ha sido convertida en una facultad compleja, intrincada y extremadamente frágil, que se encarga del mundo cotidiano en todos sus innumerables aspectos, y abarca toda la gama de las alternativas humanas”, en conceptos de Castaneda (9).

 

La primera atención es todo lo que somos como humanos comunes y corrientes: un ego mental-verbal-dialogante-autoconceptual-sintáctico, inmerso en el túnel de realidad semántica de su entorno, etc. Y todo aquello en lo que puede uno pensar, concebir, percibir, forma parte de la primera atención.

La primera atención es pues otro modo de decir: nuestro mundo cognitivo, el inventario de lo posible. El dispositivo mercurial que se ha fijado en Géminis y se refleja en Virgo.

 

 

III. ...EL DIÁLOGO INTERNO...

 

La primera atención funciona muy bien con la realidad de misterio inconmensurable y sus infinitas posibilidades: la atención geminiana la bloquea; la niega con tanta ferocidad que, al final, otras posibilidades no existen para la primera atención. Lo que existe es lo que nos han contado, que es lo que aprendimos a contarnos a nosotros mismos. Para nosotros lo real es el hechizo del mago Mercurio.

 

Ocurre que la conciencia humana está en verdad “hechizada” por el pensamiento, las palabras, la dualidad. La primera atención, fijada en Géminis, supone la fijación de un diálogo interno que no se detiene.

 

El diálogo interno, es decir, las “secuencias sintácticas de signos auditivos con sus correspondientes afectos e imágenes” (24), es intrínseco a la estructura de Géminis, la que configura la primera atención. Por lo tanto nos acompaña desde el momento en que nos despertamos hasta el momento en que nos dormimos. Nuestra conciencia ordinaria de vigilia, geminiana, es algo así como un murmullo en nuestra cabeza.

 

En ese murmullo se asienta el guión con todas las descripciones acerca de nuestro mundo cognitivo, que nos permiten ser operativos en él en todo momento. Vimos que las descripciones condicionan la percepción de la realidad y cómo nos insertarnos en ella.  El guión contiene en su estructura todos los mandatos (culturales, sociales, familiares) patrones de comportamiento, nos hace reaccionar del modo esperable, sentir como corresponde, nos llena con las expectativas del mundo, nos pasea desde el pasado y nos proyecta al futuro, nos quita del aquí y ahora, etc.

 

Y no sólo eso. Castaneda nos dice: “nos hablamos incesantemente a nosotros mismos acerca de nuestro mundo. De hecho, mantenemos nuestro mundo con nuestro diálogo interno. Con nuestro diálogo interno lo renovamos, lo encendemos de vida, lo sostenemos” (11).

 

Es decir, no sólo nos permite funcionar. El diálogo que se desata en nuestro interior es lo que nos ata a la primera atención, o nuestro mundo cotidiano.

 

Por esta razón, trascender la primera atención geminiana es detener este diálogo. Silenciar la mente de los guiones que hemos incorporado desde nuestra infancia, de lo que nos contaron y lo que nos contamos a nosotros mismos, es el “parar el mundo” al que se refiere Carlos Castaneda (y también todos los místicos, en otros términos parecidos). Sólo entonces, según los chamanes de su linaje, el hechizo se rompe y el mundo es “como debería ser”; sin los dictámenes del sistema cognitivo geminiano seríamos capaces de “inimaginables proezas de percepción”. Desde luego, tal vez no haya cosa más dificil de lograr que detener el diálogo interno.

 

 

IV. ... Y LA ESCISIÓN PSÍQUICA.

 

El hecho es que el permanente bombardeo de las palabras del mundo nos hechiza, “nos dicta lo que es el mundo, lo que uno debe esperar de él, y cómo uno debe pararse ante él”. (11)

 

Siguiendo a la voz del mundo circundante -disfrazada de nuestros padres, abuelos, maestros, compañeros, colegas, periodistas, libros, películas, carteles, etcétera- y sus dictámenes fijados como una impronta en nuestra mente, nosotros escogemos nuestros caminos de vida -creyendo que ejercemos el libre albedrío.

 

Por consecuente, el diálogo interno -que nos ata a una estructura determinada de lo posible- es lo que verdaderamente restringe nuestras posibilidades de ser. Da lugar a la escisión, interior, en nuestro concepto de nosotros mismos. Nos identificamos con un diminuto aspecto de nosotros mismos, en lugar de permitirnos conocer la totalidad de lo que somos.

 

La voz de nuestra estructura cognitiva geminiana es el origen de nuestra fragmentación (Virgo) interior. Pues al seguir los comandos de este diálogo, para mantener una identidad operativa en el mundo compartido, ciertos aspectos de nuestro ser total necesariamente quedan desvinculados y alienados, configurando lo que C.G.Jung denominó la “Sombra”: lo que no alumbramos, lo que nuestro diálogo interno no nos permitió ser, lo que no queremos o no podemos nombrar de nosotros mismos.

 

El diálogo interno y sus guiones predeterminados genera la división interna que en principio todo ser humano padece: Persona/Sombra, Consciente/Inconsciente.

Desde la perspectiva jungiana, la “persona” es el aspecto de nuestro yo que permanece a la luz -es alumbrado, nombrado-, una mascara social que adoptamos para la interacción social. La persona “consiste en un papel particular elaborado para facilitar labores distintas, de modo que uno puede –y debe- poseer diferentes “personas”: una persona padre, una persona doctor, una persona marido, una persona esposa, etc. La suma total de todas las personas posibles de un individuo constituyen su ego total, y el ego propiamente dicho se elabora y construye con el aprendizaje y combinación de varias personas integradas en un autoconcepto”, resume Wilber (24).

 

La estructura de conciencia geminiana, que se ha convertido en “la primera atención”, supone tal escisión interna. A través del diálogo interno alumbramos un mundo escindido de nosotros mismos: por un lado el mundo “externo” fragmentado de allá afuera y por otro nuestro fragmentado mundo interno. Mundos virginianos, de hecho, enfermos, si la fragmentación supone disociación.

 

 

V. ADOLESCENCIA PELIGROSA.

 

La primera atención y el diálogo interno funcionan muy bien con la realidad de misterio inconmensurable, en el sentido de que bloquean sus infinitas posibilidades y niegan el misterio con tanta ferocidad que, al final, no existe para nosotros. El resultado de ignorarlo es la razón -o el exceso de razón-; en efecto, en nuestro mundo nos relacionamos con la totalidad del ser desde un diminuto fragmento que se cree totalidad: la racionalidad, que todo lo explica.

 

Siguiendo a Wilber (25), el egogeminiano- cerró los ojos no sólo a los niveles inferiores de la conciencia (de los cuales consiguió salirse), sino tambien a los dominios superiores (que deberían haber sido su destino). Y de ese modo selló el acceso tanto a la subconciencia como a la supraconciencia, dando origen a la actitud fría, racional, abstracta, distante, individualista, dura, vergonzosa de las emociones y temorosa de Dios tan peculiarmente occidental (que por cierto, es un señor barbudo que está allá afuera en el cielo).

 

El ego –y con él toda una civilización, necesariamente, puesto que está constituida por y sobre esa atención geminiana- se construyó negando a la necesaria Tierra y rechazando el auténtico Cielo. “Y con esta conciencia doblemente fortificada (que reprimía lo inferior y negaba lo superior), el nuevo ego, aquejado de cosmocentricidad, procedió a reconstruir el mundo occidental a su antojo” (25).

 

La conciencia de ser se ha fijado en Géminis, se ha transformado en una atención que define todo lo que somos en nuestra vida cotidiana. Con las experiencias que tenemos con los objetos y los sucesos de nuestro entorno diario se forma el conocimiento racional. Así pues, en la atención geminiana se concibe al mundo desde el pensamiento racional exclusivamente, que es lineal, literal, pertenece a la esfera del intelecto, y como se refleja en un mundo de fragmentación, su función es diferenciar, medir, analizar y catalogar lo que existe. De este modo, creamos un mundo de distinciones intelectuales, de opuestos, que sólo pueden existir en relación unos con otros. (3)

 

De acuerdo con Fritjof Capra: “la importancia del pensamiento racional en nuestra cultura se halla resumido en la famosa afirmación de Descartes Cogito ergo sum –“pienso luego existo”- en virtud de la cual el hombre occidental comenzó a identificar su identidad con la mente racional en vez de con todo su organismo” (4).

 

La racionalidad es el parámetro que rige a nuestro mundo, seamos racionales o no.

El resultado es que la humanidad está encerrada en la mente y sus divisiones. En nuestra civilización predomina el pensamiento abstracto, racional, y el conocimiento científico oficial de la realidad fragmentada suele ser el único válido. La postura cientificista y reduccionista está difundida en todas las instituciones, es la que nos enseñan desde que tenemos memoria, y pretende explicarlo y seccionarlo todo desde los parámetros exclusivos de la razón... Cada vez más fragmentaria y especializada, ha creado tecnologías, instituciones y modos de vida que sólo enfatizan diferencias e incluso reducen al ser humano a un número identificable; también hemos llevado la fragmentación a nuestra sociedad humana y a nuestro concepto de nosotros mismos.

 

Desde esta atención geminiana, nos separamos de todo cuanto existe y asignamos un nombre para todas las cosas de nuestro mundo. Lo que sería un sano establecimiento de distinciones para poder hacernos concientes -adecuado para la conciencia de ser geminiana- da lugar a algo bien diferente, pues, lo que al cabo nos parece importante no es la conciencia y el entendimiento, sino la separación en sí misma.

 

En realidad, como señala don Juan Matus, en este mundo que compartimos son muy pocos los hombres racionales. En efecto, lo que en verdad prevalece es la separación. La mayor parte de los seres humanos quedan absortos en las supuestas diferencias; detalle altamente peligroso. Ya mencioné que deja de haber “y” para dejarnos solamente un “versus” entre las fronteras ficticias de naciones, religiones, ideologías, especies, razas, individuos, capaz de los fratricidios que todos conocemos. Hay gente capaz de actos tan irracionales como matar en nombre de ideas abstractas (religión, patriotismo, números, y lo más escandaloso: libertad), pensando que lo hacen desde su más proba razón -y lo dicen: “Yo tengo Razón”.

 

¿Dónde más se ha visto? Esta razón generó un mundo de locos. (Virgo-Géminis por no decir enfermos-mentales)

 

Hay un juego diabólico en lo que para mi es, sin lugar a dudas, nuestra prisión cognitiva. El término griego diabole significa, precisamente, “división”, “polarización”. Nos hemos separado de todas las cosas, de nuestros semejantes y de nosotros mismos. Por ello la absorción en nosotros mismos y nuestras nimias preocupaciones personales. Somos como células aisladas. Creemos que estamos separadas de las miles de millones de otras células, y lo que es el colmo de los ridículos: a todas les carcome la ilusión de ser especiales e importantes. Por lo mismo la mayoría de los seres humanos parece incapaz de introducirse en el mundo del otro. Compartimos un mundo, aunque el hecho existencial es que vivimos en realidades separadas. Podemos usar las mismas palabras sin entendernos. Si Mercurio es el planeta de la comunicación, su fracaso es notable. El diálogo es desde siempre un problema filosófico. Es que en nuestra prisión cognitiva, el encuentro con el otro (Libra) todavía no existe. El otro es como un objeto más que hemos nombrado. Entonces se lo puede aniquilar sin tanto remordimiento.

 

Encontraremos una causa de la disociación -la insoportable enfermedad de este planeta- en la escisión estructural de cada uno de sus miembros. Transformarnos desde los cimientos es una cuestión de supervivencia.

Necesariamente, el paso inicial es contemplar la mente, darnos cuenta de los comandos de la mente, aquietarla, silenciarla, desidentificarnos de sus guiones, preguntarnos: “¿es verdad esto sobre lo cual está tan convencida?”. Equilibrar a Géminis con Sagitario.

 

 

VI. POSIBILIDADES Y ALTERNATIVAS.

 

Esta forma de atención que configura un ego estructuralmente geminiano no es algo nuevo. Pero tampoco rigió siempre. Visto desde la filogenia, este tipo de estructura de conciencia que Wilber denomina egóico-mental comenzó a surgir y a cristalizar en la psiquis humana aproximadamente entre el segundo y el primer milenio antes de Cristo. Para ser más específicos, según la teoría de Ken Wilber ahora estaríamos en el “período egóico superior”, desde el año 1500 de nuestra era.

 

Para Wilber este es el último estadío fundamental –hasta el momento- en la evolución histórica colectiva del espectro de conciencia; es “el nivel que corona el compuesto humano individual promedio”. Así como Mercurio rige Géminis y determina nuestra relación con la  realidad.

 

La conciencia de ser geminiana es la modalidad promedio del desarrollo psíquico humano. Puede ocurrir que ciertos individuos se desvíen de la media y logren desidentificarse de este estado del ser, para comenzar a despegarse de la dualidad y el pensamiento causal. Es algo que en el amanecer de este nuevo milenio vemos bastante a menudo. Aún así Wilber nos advierte: “todos nosotros seguimos viviendo en los dominios de la estructura egóica y ella es, por así decirlo, la que configura nuestro semblante y la que impone los límites de nuestro horizonte”. (25)

 

La conciencia de ser geminiana es pues la modalidad humana promedio. Es posible desidentificarse de la estructura egoica geminiana. Aún así, continuamos bajo los dictámenes de la primera atención geminiana.

 

En términos de los brujos castanedianos, incluso los videntes más avanzados se ven obligados a cumplir con los mandatos del inventario de la primera atención geminiana con máxima sobriedad. Volviendo a la metáfora del almacén y del inventario, ellos se sirven de los ítems disponibles porque no les queda alternativa –se trata de las reglas del juego del mundo que compartimos-, pero no se identifican con ellos, no los defienden ni menos los idolatran.

 

Dice don Juan: “los videntes tienen que ser seres metódicos, racionales, parangones de sobriedad, y a la vez deben rehusar todas esas cualidades para poder ser completamente libres y abrirse a las maravillas y misterios de la existencia”.

 

Mantener el alineamiento con los requisitos de nuestro mundo cognitivo es una condición sine qua non. Todos estamos hechizados por el diálogo interno y su descripción de la realidad. Pero el brujo tiene algunas ventajas: toda su energía está dirigida a detener ese diálogo, porque sabe que lo que le contaron, y lo que le cuenta su diálogo interno, no es, en modo alguno, la realidad última.

 

 

VII. POSIBILIDADES VERSUS ALTERNATIVAS.

 

La “primera atención”, “nuestro mundo cognitivo”, el “inventario de lo posible”, son diferentes formas de decir “Mercurio en Géminis-Virgo”. Es la matriz que predetermina en todo sentido una posibilidad  humana.

 

Todos los individuos nacidos en este mundo necesariamente se amoldan a esta posibilidad. Todos somos “reclutados” -en términos de don Juan- en este molde. Todos, sin excepción, estamos sujetos al pensamiento, al inventario de la razón, a la sintaxis y la palabra, al diálogo interno, como códigos que imponen su propia estructura en la realidad que describimos: nuestra fragmentada realidad conocida.

 

Luego son posibles algunas alternativas, y en el dominio de las alternativas humanas sí podemos dejar entrar la mirada constructivista, pluralista, de que “cada individuo construye su propia realidad y existen tantas realidades como individuos”.

 

Pero sólo luego. Sería un descuido pasar por alto que el pintor “piensa” (cuando pinta) en forma y color, el músico en frecuencias de sonido, así como cada uno de nosotros sintoniza con un aspecto de la realidad por todos compartida, que es nuestra propia realidad personal y subjetiva desde donde interpretamos; es cierto. Sin embargo,  por más especiales y únicas que sean nuestras realidades particulares, no somos células aisladas sin nada en común. Todos recortamos una realidad de objetos separados y usamos palabras en gran parte del pensamiento. En palabras de Wilson (27): “lo que sea que sepamos, o pensamos que sabemos, acerca de “nosotros mismos” y nuestro “universo”, no lo podemos comunicar sin usar el lenguaje o el simbolismo” –el software geminiano de Mercurio.

 

La realidad subjetiva es una selección de la selección matríz. Recordemos la explicación de Taisha Abelar (1): “en este almacén (el inventario de nuestra cognición), otros y no tú han depositado sentimientos, ideas, diálogos mentales y patrones de comportamiento. Puesto que es tu almacén puedes entrar, hurgar por ahí a la hora que quieras y usar lo que encuentres. El problema es que no tienes ningún control sobre el inventario, puesto que fue establecido antes de que te posesionaras del almacén. Por eso te ves drásticamente limitada en tu selección de objetos.” 

 

“Tantas realidades como individuos”, sí. Pero la subjetividad está presa dentro de los confines de la cognición homogénea.

***

 

A nivel genérico, venimos viendo que Mercurio configura un patrón de cognición homogéneo para nuestra civilización. Todos estamos condicionados por una matriz Géminis-Virgo. Por el hecho de haber nacido en este mundo, aprendimos a consolidar una atención de las características de Géminis para describir y percibir una realidad objetiva de las características de Virgo. El entrenamiento sostenido de Mercurio que opera desde nuestra infancia nos capacitó para movernos a la Virgo según una estructura geminiana de conciencia.

 

Entonces revisemos la definición que Robert Hand (17) hace del Mercurio astrológico: Mercurio es el aspecto de la conciencia que crea la relación entre sujeto y objeto, interior/exterior, arriba/abajo..., necesaria para que exista la conciencia. Por eso, Mercurio es el poder de superar la brecha que existe entre entes separados. Pues ocupamos un espacio que no puede ser ocupado por dos objetos simultáneamente, pero podemos movernos por el espacio vacío entre los objetos que nos rodean. Estamos separados aunque no del todo aislados, pues utilizamos el lenguaje para comunicarnos.

 

Esta definición de Mercurio, tan contundente, natural e indiscutible para nosotros los estudiosos de la astrología, es en realidad la descripción de un resultado. Es la forma que resulta del recorte específico que hicimos todos en conjunto para describir el mundo por todos consensuado.

 

Mercurio simboliza todo el proceso que lleva a este resultado; esto es: el proceso de asentamiento en la conciencia humana de una cognición específica que conlleva una forma de alumbrar e interpretar la realidad. Mercurio es la función que crea y sostiene el hechizo del mundo que compartimos, que posibilita la autoconciencia y todo lo que nos permite ser operativos para movernos juntos dentro de los confines de una realidad.

 

A mi entender, el Mercurio de la definición usual es el Mercurio previamente modificado por sus regencias, es decir, el resultado del alineamiento humano en un sistema cognitivo homogéneo determinado.

 

***

Podemos formular:

 

1) A nivel genérico, la Regencia de Mercurio habla de una posibilidad humana dada a priori, que condiciona a todos los seres humanos sin excepción.

 

2) A nivel individual, Mercurio personal habla de las alternativas humanas.

“Las alternativas tienen que ver con el nivel de nuestra escala cotidiana, con la primera atención, con lo conocido (nuestro mundo cognitivo), y son de hecho bastante limitadas en número y alcance” (9).

 

Todos tenemos en nuestro Radix a Mercurio ubicado en alguno de los doce signos del zodíaco, configurado de una manera particular, determinando una alternativa individual, la realidad personal y subjetiva de cada uno de nosotros, lo que se presta a afirmaciones acuarianas como “existen tantas realidades como individuos”. En él podemos encontrar un indicador de la realidad que percibimos e interpretamos: la selección subjetiva dentro de la selección homogénea, en qué mundo estamos inmersos dentro de nuestra matriz cognitiva. (Tema de investigación).

 

Al estar enmarcado en una posibilidad, siempre es el Mercurio de la mente consciente y objetiva, del manejo del lenguaje, de la capacidad de abstracción, lógica y raciocinio, del pensamiento literal y el impulso intelectual, el movimiento, y demás; el que no es objeto de esta indagación.

 

***

Por otro lado:

3) A modo de hipótesis, sugiero que el Mercurio natal personal nos indica –además de lo que ya conocemos- el grado de facilidad o de dificultad para adaptarnos y movernos dentro de la matriz cognitiva vigente, alineada bajo Géminis-Virgo.

 

La doctrina de las regencias cobra una nueva elocuencia.

Mercurio radix en Géminis y en Virgo se mueve con mayor fuerza y armonía dentro de la matriz consensuada que Mercurio en su “debilidad”.

 

Para amoldarse a la matriz, el esfuerzo de Sagitario y de Piscis es notable, ya que consiste en aprender lo distinto a su naturaleza. Ambos pueden vivir una pesadilla ya que naturalmente sintonizan con el todo, más que con las partes, son más afines con las imágenes que con las palabras, con los símbolos más que con lo literal. Son formas antagónicas de concebir el mundo. El exiliado en Sagitario no se puede quedar con que “las cosas son así”. Es el que interpreta que el aleteo de una mariposa en Tokyo repercute en Nueva York, se pregunta: “¿porqué?”, y recibe como respuesta: “¡vos que andás siempre pensando en esas tonterías, la vida está en la calle!”. El caído en Piscis, ensoñador, sabe (inconscientemente, a veces conscientemente) que todo está en todo y que somos uno con la esencia de todas las cosas, no puede comunicarlo con palabras; la voz del mundo se ríe de él: “¡bajá de la nube, pescado!”.

 

De ningún modo me refiero a estados de conciencia: “ahora propongo que el que tiene a Mercurio en Géminis es en realidad inferior a quien tiene Mercurio en Sagitario”, “Piscis es el Mercurio más evolucionado”; en absoluto. Mercurio natal no es un indicador de estados de conciencia. Parece mostrar distintas alternativas para mirar el mundo y mirarse a sí mismo. Todas en la “primera atención”; aunque, podría decir, pueden estar en desigualdad de condiciones...

 

El patrón Geminiano es la voz del mundo. Hablando de astrología, es lo que frecuentemente describe (y a veces juzga) a los demás signos. Es quien suele tener la última palabra en los debates astrológicos (como en cualquier otra disciplina occidental), casi nunca sin algo de sorna. El que se lleva las de ganar está circunscripto a la matriz de consenso, porque a su disposición tiene las pruebas, las estadísticas, identificadas con dni, e identificadas con la razón. La voz del mundo descarta lo que no entiende desde su racionalidad, lo niega secamente; cuando se le aparece algo diferente lo tilda de desquiciado, extraviado, e incluso puede sentirse ofendido por la ocurrencia. Para ser aceptadas por el consenso, las formas de pensamiento “exiliadas” y “caídas” (sea cual fuere el estado de conciencia) también deben presentar los argumentos lógicos y lineales, sólo entonces el mundo presta un oído para escuchar lo que no es racional o empíricamente demostrable. Por ejemplo, siempre existieron voces que contaron que hay otras realidades, pero el hombre occidental recién comenzó a escuchar en las últimas décadas, cuando la ciencia occidental de vanguardia comenzó a ofrecer pruebas científicamente documentadas.

 

Y ya que Mercurio es el planeta natural de la Casa Tres, y Géminis sucede a Aries y a Tauro, abarcándolos, entre paréntesis, escuchemos una típica conversación. Si ponemos atención  en los asuntos que interesan a la mente humana, a la hora de sostener el mundo cotidiano con la “gente como uno”, el astrólogo no tardará en identificar que la mente saltica entre Aries, Tauro y Géminis: quién soy y quién no soy, qué hice y qué no hice qué estoy haciendo y qué voy a hacer, qué tengo y qué no tengo y qué me gustaría tener (objetos de todo tipo, autos parejas hijos amigos)... comida, plata y sexo serán los temas recurrentes, qué pienso y qué no pienso, esto es así o asá.... Es también lo primero que se pregunta la mente cuando un desconocido se acerca a nuestra vida.  Si no llegara a respondérselo a sí misma, ¡atención, nos asalta la duda!... lo que sigue es que el pobre sujeto es raro, sospechoso, peligroso, se las trae, etcétera, etcétera.

 


 
Capítulo Cuarto

SALTO: ASOMBRO Y MISTERIO

OTRO MUNDO COGNITIVO

 

“Nosotros percibimos únicamente los elementos físicos porque así nos lo enseñaron. Asimismo, es posible reeducar nuestra percepción”.

-Carlos Castaneda.

 

“Lo que necesitamos hacer para que la magia pueda apoderarse de nosotros es desvanecer las dudas de nuestras mentes. Una vez desvanecidas las dudas, todo es posible”.

-Carlos Castaneda.

 

 

I. BREVE CRÍTICA DE LA DEBILIDAD.

 

No podemos hablar de las regencias de Mercurio sin referirnos a sus debilidades. Tradicionalmente, se dice que cuando un planeta está en el signo opuesto de su domicilio, el resultado es una disminución de su fuerza y armonía. Mercurio tiene su domicilio indiscutible en Géminis, por lo tanto está exiliado en Sagitario.

 

Por otro lado, tradicionalmente cada planeta tiene un signo donde está exaltado, que “simplemente significa que sus puntos favorables son enfatizados” (13). Y cuando en su signo opuesto, está en caída: sus puntos nefastos son enfatizados. El caso de Mercurio es controvertido, porque a la vez que rige a Virgo, se asume que en Virgo se exalta. Otros autores modernos proponen que la exaltación de Mercurio es Acuario. De todas formas todos parecen estar de acuerdo en que el signo de su caída es Piscis.

 

En síntesis, Sagitario y Piscis suelen ser considerados signos débiles e incluso nefastos para Mercurio. Esto, evidentemente, desde el punto de vista de la matriz cognitiva Géminis-Virgo, que dictamina qué es real y qué no lo es, en qué términos es saludable relacionarnos con lo real. Somos educados para percibir e interpretar desde esa matriz objetivista, racional, analítica, reduccionista, lineal, conceptual...

 

¿Casualidad? Nuestra civilización ha descuidado el cultivo de la sabiduría intuitiva, aquella que es integrativa, sintética, holística, no-lineal, simbólica. Poetas, místicos, algunos filósofos esotéricos -exponentes de las realidades de Sagitario y de Piscis- siempre han estado para denunciarlo, aunque siempre confinados a la marginalidad de la Casa XII, para otros pocos locos, que “andan en cosas raras”, ávidos de escuchar que el conocimiento intuitivo y el conocimiento racional son dos aspectos complementarios e igualmente válidos de la mente humana.

 

¿Casualidad? Rebalsamos de preconceptos impuestos por nuestra cognición, preconceptos que se basan en lo que nos han contado, a lo que hemos atribuido un sentido: es el sentido común sobre el cual se sustenta y se arraiga el mundo. Fervientemente creemos en el sentido común, lo defendemos, lo adoramos. Las descripciones del mundo se han vuelto nuestra verdad, la sostenemos con toda la sagrada parafernalia ritualística. Miremos a Júpiter, contracara de Mercurio, señor de Sagitario y de Piscis: hemos calmado algo natural en el ser humano, la búsqueda y la trascendencia (empírica y real), creyendo en lo que nos contaron, teniendo fe en los dictámenes de la primera atención.

En semejante contexto, Júpiter el gran benevolente reza: “la ignorancia es bendición”. Zeus era el padre del niño Hermes, se divertía enormemente con sus travesuras y lo protegía.

 

¿Cuántas personas tuvieron experiencias más allá de la sintaxis en el pasado? La dificultad para integrarlas (por el hecho de haber sido educados para percibir Virgo bajo los lineamientos de una matriz cognitiva que no deja lugar a otra posibilidad), de comunicarlas (de hecho, están más allá de la sintaxis geminiana) sumado a la falta de contención (pensemos en el diagnóstico de un sacerdote medieval o su equivalente actual, el psicoanalista ortodoxo; ambos emisarios de Júpiter), sumado a la incomprensión e incluso la ridiculización (ya que la verdad del espectro de lo posible está dictado por el sentido común) han contribuido enormemente a la trágica pérdida de cordura de tales personajes. O a su silenciamiento. ¿Casualidad?

 

El hechizo de Mercurio se hace realidad. El hechizo de la palabra: si decimos “Mercurio está debil”, pues, lo está. Y a otra cosa.

 

¿Y si cambiamos el discurso? Afirma William James: “nuestra conciencia normal de vigilia, que nosotros llamamos racional, no es más que un tipo especial de conciencia, ya que a su alrededor, separadas de ella por la más transparente de las películas, existen formas potenciales de conciencia totalmente diferentes”. (3)

 

Ahora sí, cambiemos de estados de conciencia.

 

 

II. UNA REALIDAD APARTE.

 

A continuación transcribiré lo que tal vez sea la piedra angular de la obra de Carlos Castaneda.

 

“La cognición humana puede ser interrumpida temporalmente. Cuando ocurre esta interrupción, afirman los videntes que la energía puede ser percibida directamente como fluye en el universo”. (8)

 

En primer lugar, es pues posible interrumpir la matriz cognitiva Géminis-Virgo. El mundo que conocemos es una posibilidad, que se desmorona cuando “desvanecemos las dudas de nuestras mentes” (11) y logramos detener el diálogo interno que nos mantiene sujetos a esa posibilidad, creando la cerrazón mental que nos hace dudar de que existen otras posibilidades.

 

El chamanismo rompe con nuestra idea del mundo. Carlos Castaneda nos va a describir el mundo desde la cognición particular de los chamanes, que es diferente a la cognición del mundo cotidiano. En términos astrológicos, parece tratarse de un mundo cognitivo de las supuestas debilidades de Mercurio: Sagitario-Piscis.

 

Los chamanes de Castaneda se denominan a sí mismos “videntes”. Algunos apuntan a convertirse en “hombres de conocimiento”. Emplean el verbo “ver”, un ver que no es con los ojos -ya que no hablan de un cuerpo “físico”-Virgo sino de un cuerpo “de ensueño”-Piscis. Todas claves correspondientes al Sagitario astrológico, que se aplican al sujeto que percibe (el chamán).

 

Los chamanes no interpretan el mundo desde la dualidad conceptual geminiana. Aunque para transmitirnos lo que ven están sujetos a la sintaxis, nos advierten de no tomar las palabras al pie de la letra. Por lo tanto, el que pretendo hacer es un juego peligroso, no obstante me lo permito, ya que Castaneda se tomó el trabajo de escribir sobre ello y las analogías que se derivan de sus escritos me parecen altamente sugestivas.

 

Desde Sagitario no describen un mundo virginiano de aislados objetos físicos. Cuando ven, perciben “energía tal como fluye en el universo”. Describen a Piscis, de esta forma:

 

“Percibir energía directamente les permitió a los chamanes del linaje de don Juan ver a los seres humanos como conglomerados de campos de energía, que tienen la apariencia de esferas luminosas”.

“El observar a los seres humanos de tal forma, les permitió a aquellos chamanes llegar a conclusiones energéticas extraordinarias. Notaron que cada una de esas esferas luminosas está conectada individualmente a una masa energética de proporciones inconcebibles que existe en el universo; una masa a la que llamaron el oscuro mar de la conciencia.

“Lo que descubrieron los chamanes del México antiguo, cuando enfocaron su ver en el oscuro mar de la conciencia, fue la revelación de que todo el cosmos está compuesto por filamentos luminosos que se dirigen en todas direcciones sin jamás tocarse el uno al otro. Vieron que son filamentos individuales y que, sin embargo, se agrupan en masas de tamaño inconcebible.

“El hecho energético de que el universo está compuesto por filamentos luminosos dio origen a la conclusión de los chamanes, de que cada uno de esos filamentos que se extienden infinitamente es un campo de energía. (8)

¿Suena a Piscis?

 

Volvamos a un punto de la explicación de los brujos sobre este mismo principio aplicado al hombre:

                            

“Percibir energía directamente les permitió a los chamanes del linaje de don Juan ver a los seres humanos como conglomerados de campos de energía, que tienen la apariencia de esferas luminosas”.

 

En otras palabras, desde la cognición Sagitario-Piscis de un chamán, cuando uno percibe a un hombre “como energía que fluye en el universo”, no se encuentra con un cuerpo físico separado del resto de los objetos; uno "ve" a una bola luminosa.

 

Pero todo hombre y toda mujer es una estrella, ya decía el también controvertido Aleister Crowley. Y si añadimos la ley de correspondencia del legendario Hermes Trismegisto: como es arriba así es abajo, y hacemos sinapsis, no tardará en llegar a nuestra mente la imagen de lo que nosotros, desde nuestra nuestra matriz cognitiva Géminis-Virgo, percibimos y conocemos como  Sol”.

 

En el macrocosmos el Sol, en el microcosmos el huevo luminoso humano. Ambos análogos, esferas luminosas. Podríamos sintetizar la idea de esta forma: “Nosotros somos soles”.

 

 

III. MERCURIO: “EL PUNTO DE ENCAJE”

 

Pero las analogías no acaban en el Sol y el huevo luminoso. Sigamos las pistas de la cognición Sagitario-Piscis que nos ofrece Carlos Castaneda.

 

“(Los chamanes) observaron que cada esfera individual está unida al mar oscuro de la conciencia en un punto que es aún más brillante que la misma esfera luminosa. Esos chamanes llamaron a ese punto de unión el punto de encaje porque observaron que es en ese lugar donde ocurre la percepción.

“Observaron que los filamentos luminosos o, más bien, campos de energía de tal naturaleza, convergen y pasan a través del punto de encaje.

“Dado que se determinó que el tamaño del punto de encaje era equivalente al de una pelota de tenis moderna, sólo un número finito aunque extremadamente grande de campos de energía, converge en y pasa a través de ese punto”.

“Cuando los videntes del México antiguo vieron el punto de encaje, descubrieron el hecho energético de que el impacto de los campos de energía que pasan a través del punto de encaje era transformado en datos sensoriales; datos que luego eran interpretados como la cognición del mundo de la vida cotidiana”. (8)

 

Ya dijimos que el huevo luminoso es análogo a lo que desde nuestra matriz cognitiva Géminis-Virgo percibimos como “el Sol de allá arriba en el cielo”.

Ahora nos toca proponer que el punto de encaje, ese punto brillante por donde los filamentos luminosos deben pasar para que ocurra la percepción, es análogo a Mercurio. 

 

Refresquemos una clave simbólica tradicional para Mercurio como fuerza activa, que es “conectar” lo que se nos aparece como separado. Si nuestra hipótesis es felíz, ahora podríamos tener en cuenta que lo que llamamos Mercurio también conecta a los huevos luminosos indivuales que somos cada uno de nosotros, con el oscuro mar de la conciencia que es el universo.

 

Si lo vemos en el cielo de nuestro mundo fragmentado, Mercurio es la primera órbita en torno al Sol. Para conectarse con el “exterior” la luz solar atraviesa la órbita de Mercurio, y vice-versa.

Del mismo modo, en términos de Castaneda, a través del punto de encaje “las emanaciones que están en el interior del capullo (energético) se alinean con las que están afuera y encajan con ellas” (9). Este alineamiento o conexión, según él, es lo que da lugar a la conciencia de ser y a la percepción. Ya vimos que conciencia de ser y percepción son funciones que corresponden al Mercurio astrológico. 

 

Pero detengámonos en una descripción más precisa que hacen los chamanes de este punto de encaje, o Mercurio:

 

“Dado que se determinó que el tamaño del punto de encaje era equivalente al de una pelota de tenis moderna, sólo un número finito aunque extremadamente grande de campos de energía, converge en y pasa a través de ese punto”.

 

Recordemos que Mercurio es un planeta diminuto en relación al Sol. Proporcionalmente, es en verdad mucho más diminuto que una pelota de tenis en relación al capullo humano, pero a mi entender, la analogía es igualmente sugestiva.

 

Por otra parte, como ya se ha dilucidado, el diminuto Mercurio tiene a su cargo la función psíquica de alumbrar un mundo particular que nos predispone a percibir de una manera determinada, y limitada, por cierto.

En los términos de Castaneda, pongamos atención en ese número finito de “campos de energía”, o como dice en otra parte, “filamentos luminosos”, que pasan por el punto de encaje-Mercurio haciendo posible la percepción del mundo de la vida cotidiana... Y hay más:

 

“Los antiguos videntes vieron que la conciencia de ser del hombre es un resplandor de luminosidad ambarina, más intenso que el resto del capullo”.

(9)

 

Cuando Mercurio está en su máxima elongación y podemos observarlo en el cielo, podríamos decir que se nos aparece como una brillante luz ambarina. Por otro lado, naranja es el color que la tradición astrológica atribuyó desde siempre a Mercurio.

 

***

 

Lo que está allá arriba en el cielo, que nosotros conocemos como “Mercurio” desde nuestra cognición Géminis-Virgo, es análogo a lo que los chamanes, desde su cognición Sagitario-Piscis, conocen como el “Punto de Encaje”.

 

Que la semántica no se vuelva un límite para nuestra comprensión del fenómeno. Miremos desde donde miremos, percibamos lo que percibamos (así sea un planeta pequeño cerca del Sol o un punto de intensa luminosidad al ras de la esfera energética humana), reciba el nombre que reciba, lo verdaderamente importante es que estamos hablando alrededor de la fuerza responsable del misterio de la percepción humana:

 

“Cuando los videntes del México antiguo vieron el punto de encaje, descubrieron el hecho energético de que el impacto de los campos de energía que pasan a través del punto de encaje era transformado en datos sensoriales; datos que luego eran interpretados como la cognición del mundo de la vida cotidiana”.

 

Al fenómeno “Mercurio” la mitología de nuestra civilización lo hizo responsable del manejo de la información que circulaba entre el mundo humano (¿el huevo luminoso?) y el celestial (¿el oscuro mar de la conciencia?). En la antigua grecia era Hermes, el mensajero del Olimpo. Era todavía un niño que había probado ser muy rápido, astuto, e inteligente cuando se le encomendó semejante tarea, y si bien prometió no mentir, lo cierto es que no decía toda la verdad: nuestro mundo no es La Realidad. Así pues, en principio Hermes nos conecta con la conciencia “olímpica” desde un espectro determinado, limitado, específico, típico de su propia conciencia de ser: la de un joven avispado.

 

Ya hemos explorado el universo simbólico de Mercurio en términos de cognición, conciencia de ser, percepción. He postulado que en nuestra civilización alumbramos todos en conjunto un mundo determinado, que la cognición humana es homogénea, ya que  todos, sin excepción, hemos aprendido a ajustarnos a ella desde nuestra temprana infancia, bajo un entrenamiento intensivo. También he hecho la observación de que nuestro particular mundo cognitivo humano puede describirse desde la gramática astrológica, haciendo uso del concepto tradicional de “regencia”. Mercurio rige a Géminis y a Virgo. En el caso de nuestra civilización, alumbramos un mundo Virginiano desde una estructura de conciencia Geminiana.

Entonces volvamos a la terminología chamánica:

 

“Aquellos chamanes explicaron la homogeneidad de cognición entre los seres humanos por el hecho de que el punto de encaje de toda la raza humana está localizado en el mismo lugar en las esferas energéticas luminosas que somos: a la altura de los omóplatos, a la distancia de un brazo tras ellos y contra el borde de la esfera luminosa”.

 

En palabras de Patricia Kesselman (18): “GÉMINIS: gobierna en la espalda las clavículas y omóplatos, brazos...”

 

Y que las palabras de Carlos Castaneda hablen solas:

 

“El logro de la sociabilización es inmovilizar nuestro punto de encaje”. (10)

 

“La razón, el sentido común, el buen juicio, fuentes de gran orgullo para nosotros, porque las consideramos consecuencia directa de nuestro valor personal, son meramente el resultado de la fijación del punto de encaje en su posición habitual; cuanto más rígido y fijo, más grande nuestra confianza en nosotros mismos; más grande nuestra idea de que podemos explicar lo que fuera”. (10)

 

“Fijar el punto de encaje en una posición significa adquirir cohesión. Esto da la claridad de la percepción. Caso contrario, percibiríamos como un caleidoscopio de imágenes disociadas, como algunos sueños, es así como los niños perciben. La posición habitual no es innata sino creada por los hábitos”. (10)

 

“La humanidad es víctima del punto de encaje porque no sabe que existe, y esto nos obliga a considerar a los productos de su posición habitual como cosas finales e indiscutibles”. (10)

 

 

IV. CUANDO LA DUDA SE DESVANECE.

 

Como vimos, según los brujos del México antiguo la fijación del punto de encaje en lo que parece ser la zona de Géminis es responsable de la conciencia de ser y la percepción del mundo de la vida cotidiana, el que, nos parece, es el único posible. Sin embargo, Mercurio es un planeta neutro, que se caracteriza por su rapidez y su movilidad. Los chamanes vieron que el punto de encaje cambia de posición: los sueños, y también las “alucinaciones” que se dan bajo condiciones de extrema fatiga, enfermedad, ayuno, o por la ingestión de plantas psicotrópicas, son ejemplos de los mundos que se abren por el movimiento –involuntario y “caótico”- del punto de encaje. La experiencia mística también es consecuencia del movimiento del punto de encaje

 

Todos visitamos otras realidades, que en nuestra conciencia de vigilia tenemos bien explicadas: “el sueño no es verdad, es lo que me ocurre cuando duermo”, “tuve una visión producto de una alucinación”, y demás racionalizaciones inconscientes –digo inconscientes porque así nos lo explicaron y lo dimos por sentado sin razonarlo con lucidez-. Pero nosotros no tenemos control sobre el punto de encaje (así como no tenemos control sobre el diálogo interno): este se mueve erráticamente y no se fija en una nueva posición, por ello nuestras experiencias de otras realidades son profundamente incoherentes, si es que las recordamos. 

 

Los chamanes se entrenan para desplazar y fijar el punto de encaje en una nueva posición, a voluntad. Explica Castaneda: “aquellos chamanes vieron que cuando el punto de encaje estaba en una nueva posición, un haz diferente de campos de energía pasaba a través de él, forzando al punto de encaje a convertir esos campos de energía en datos sensoriales, y a interpretarlos, dando como resultado un verdadero mundo nuevo a percibir. Aquellos chamanes sostuvieron que cada mundo nuevo que surge de tal manera es un mundo omniabarcante, diferente al mundo cotidiano, pero extremadamente parecido a él, por el hecho de que uno podría vivir y morir en él” (8). Sabemos que Mercurio es multifacético, tiene la reputación de adaptarse fácilmente a los requerimientos de toda situación, esté donde esté.

 

Interrumpir la cognición del mundo cotidiano, “parar el mundo”, detener el diálogo interno, silenciar la mente, es desplazar deliberadamente el punto de encaje. Entonces se abre la posibilidad de percibir otros mundos. Es lo que los chamanes llaman ensoñar. Es nuestro “cuerpo de ensueño” (o cuerpo energético) y no nuestro cuerpo físico el que experimenta los otros mundos.

El cuerpo de ensueño es lo que nosotros conocemos vagamente (más bien desconocemos) como “alma”. Y me recuerda al fenómeno que los griegos llamaron “Hermes Psicopompo”. Es el Mercurio que guía a las almas en su viaje entre los mundos.

 

Nos cuenta Castaneda: “don Juan me aseguró que (es) un hecho energético que la posibilidad de viajar a cualquiera de esos mundos, o a todos ellos, es el legado de todo ser humano. Dijo que esos mundos estaban allí para ser interrogados, como preguntas que en ocasiones están rogando ser formuladas, y que todo lo que el vidente o el ser humano necesitaban para alcanzarlos era intentar el movimiento del punto de encaje” (8).

 

Hermes es el patrono de los viajeros, se ocupa del mantenimiento de la libertad de tránsito de los viajeros por todos los caminos del mundo (15). Debe estar aburrido y desocupado, nosotros transitamos como autómatas unos pocos caminos que conocemos.

 

***

 

Como toda explicación, ésta puede ser una de muchas posibles. Lo interesante a notar es que la matriz de la cognición humana, estructuralmente geminiana, se cree final; duda y se cega ante las posibilidades que no encajan en su “túnel de realidad” racionalista. No olvidemos que Géminis es tan sólo el tercer signo en la secuencia evolutiva del Zodíaco, es el adolescente que cree haber encontrado la verdad última con su mente conceptual dual, y parece no estar enterado de que tras de sí vienen otros mundos con perspectivas igualmente válidas.

 

Al respecto los chamanes parecen tener algunas ventajas. Perciben, por cierto, lo que el mundo les ha enseñado a percibir, como todo aquel que nace en nuestro mundo. Conocen muy bien nuestra matriz cognitiva, puesto que también viven en ella; incluso la conocen mejor que el sujeto que permanece atado y cegado por los condicionamientos de esa matriz. Pero además, han gozado del privilegio de haber sido entrenados a percibir la realidad desde otro ángulo.

 

Y lo que hacen con lo que perciben necesariamente también es bien diferente. Por ejemplo, no taxonomizan, se asombran. Se explican lo que ven, aunque al cabo saben que en última instancia, nada saben. Se explican desde la modestia propia de los signos cognitivos finales y universales: Sagitario y Piscis. El Sagitario maduro (no atado a los dogmas del sentido común) sabe que está inserto en algo mayor, cuya naturaleza final es incognoscible para la conciencia humana.

 

Por otro lado, se me puede objetar la honestidad intelectual de Carlos Castaneda. Pues bien, es probable que don Juan no haya existido y que el de Castaneda sea un relato fantástico.  Entonces hablemos de Carlos Castaneda, que sí existió, sus libros son objetos materiales tangibles en nuestra matríz. El pudo haber usado la metáfora para transmitirnos un conocimiento de hecho milenario de todos los chamanismos del mundo: junto con nuestra posibilidad, existen otras posibilidades, otras realidades que podemos conocer.

 

No vaya a sospecharse que yo misma en su momento no me objeté a Carlos Castaneda, a don Juan y su saga fantástica para mi mente. Luego me surgieron preguntas: ¿desde dónde me cuestiono yo la veracidad de sus aseveraciones? ¿desde mi paradigmática realidad objetiva y mi intelecto?

¿Por qué no cuestiono a mi sentido común? ¿por qué no me objeto todo lo que me contaron y que me cuento a mí misma?

Además: ¿A quién le interesa saber si don Juan existió o no existió? ¿a mi mente y su afán literalista? ¿por qué no sospecho de ella?

En última instancia: ¿porqué se habla de don Juan y del punto de encaje si no existen?

 

 

V. ¿NUEVA CARTOGRAFÍA?

 

Volvamos a nuestra primera atención, o estado de conciencia ordinario.

Además de los místicos y chamanes que siempre han existido, la novedad es que en nuestro mundo cognitivo occidental se ha abierto una grieta que deja pasar visiones alternativas. En este sentido, y entre varios otros autores, la obra de Carlos Castaneda, ya como relato o cuestionamiento intelectual, es paradigmática.

 

Por su lado, la ciencia occidental está trazando nuevas cartografías de nuestra realidad que ponen en duda las certezas del sentido común. Sabemos que en las últimas décadas las investigaciones sobre la naturaleza de la realidad y de la conciencia han prosperado notablemente.

 

Nos cuenta el físico Fritjof Capra: “la unidad básica del universo no sólo constituye el rasgo central de la experiencia mística, sino también ha resultado ser una de las más importantes revelaciones de la física moderna” (3). Y el estudioso de la conciencia transpersonal, Stanislav Grof: “la exploración del microcosmos pronto reveló que el universo cotidiano, que aparece ante nosotros como si estuviera compuesto por objetos sólidos y concretos, es en realidad una compleja telaraña de acontecimientos y relaciones unificados. Las exploraciones del reino astrofísico realizadas por los científicos ha dado como resultado revelaciones igualmente sorprendentes. Dentro de esta perspectiva del universo, lo que antes percibíamos como las fronteras entre los objetos y las distinciones entre materia y espacio vacío, es ahora reemplazado por algo nuevo. En lugar de objetos concretos y espacios vacíos entre ellos, todo el universo parece ser un campo contínuo de densidad cambiante. En la física moderna la materia se intercambia con la energía. Dentro de esta nueva cosmovisión, la conciencia es considerada como parte integral de la trama universal y no se limita a las actividades que tienen lugar en el interior de nuestro cráneo. De modo que ahora tenemos un universo que es un sistema infinitamente complejo de fenómenos vibratorios, en lugar de una aglomeración de objetos newtonianos. Estos sistemas vibratorios poseen propiedades y posibilidades inimaginables para la ciencia newtoniana. Uno de los más interesantes de ellos se describe en términos de holografía”. (16)

 

Desde luego, no es novedad alguna para los místicos orientales, el hermetismo y los chamanes, lo es para la forma de pensamiento occidental, por ello me ocupé de citar en este trabajo únicamente a reconocidos pensadores e investigadores que identificamos con occidente. De su mano se va asimilando en el colectivo.

 

Para Grof, esta nueva visión es de consecuencias trascendentales para nuestras vidas, tanto a nivel individual como colectivo. Capra habla de una “crisis de percepción”. Según él, en occidente estamos ante un cambio de paradigma, no sólo en la ciencia, sino también en el más amplio contexto social. En sus términos, un paradigma social es “una constelación de conceptos, valores, percepciones y prácticas compartidos por una comunidad, que conforman una particular visión de la realidad que a su vez, es la base del modo en que dicha comunidad se organiza”(5). Y el nuevo paradigma podría denominarse “holístico”, una concepción del mundo que lo considera más como un todo integrado que como una reunión de sus partes. También se lo puede denominar “ecológico” ya que supone la interdependencia fundamental de todos los fenómenos y la integración de los individuos y las sociedades en los procesos cíclicos de la naturaleza. Diría yo, el paradigma supone una integración Piscis-Virgo.

 

La entrada en la escena de nuestro mundo occidental de semejante discurso parecería ser un indicio de que estamos comenzando a emprender una transición cognitiva. El colectivo preocupándose más y más de la preservación ecológica, interesándose por otros enfoques más “místicos” de concebir la vida, redescubriendo enfoques más holísticos de la salud. Aunque siempre pululó el ocultismo y uno debía convertirse en alquimista y ponerse una toga ceremonial para intentar descifrar los oscuros códigos velados del misterio, hoy se habla del misterio con todas las letras incluso en la televisión.

 

Astrológicamente es un tema conocido: podemos hablar de la aproximación de la era de Acuario, de la llegada de Quirón y sus centauros... En lo que concierne a esta indagación, me toca plantear que la transición cognitiva parece dirigirse hacia la integración de Sagitario y Piscis. Resalto la palabra transición, para distinguirla del ver de la cognición de los chamanes de Castaneda -que no es una transición sino más bien un salto cuántico.

 

Es ínfima la proporción de seres humanos que tiene un conocimiento empírico de esas otras realidades que hoy nos cuentan y es un hecho que la transición llevará cientos de años en cristalizar en la conciencia humana promedio. Aún así considero que debemos tenerla en cuenta a la hora de considerar los cimientos de nuestra disciplina astrológica, que es hija de una cognición Géminis-Virgo, y observar con mayor atención el rol de Mercurio.

 

 

V. ¿NUEVO CARTÓGRAFO?

 

V. ¿NUEVO CARTÓGRAFO?

 

Por su parte, Ken Wilber describe el proceso de ascensión de la conciencia de este modo: "en cada etapa principal del desarrollo aparece la emergencia de una estructura de orden superior, la identificación con dicha estructura superior y la diferenciación o desidentificación de la estructura inferior, de modo que la estructura superior pueda al mismo tiempo operar en las estructuras inferiores e integrarlas". (24)

 

Así pues, en la estructura geminiana de conciencia de ser, algunos individuos llegan a dominar a sus diferentes personas, y a integrarlas en un "ego maduro e integrado". Luego comienzan a desidentificarse de todas estas personas (lo cual no significa alienarse o disociarse), y trascenderlas. Dejan de identificarse exclusivamente con ellas, porque empiezan a desidentificarse del ego geminiano. "La conciencia, o el yo, comienza a trascender la mente egoica verbal; empieza a convertirse en transverbal y transegóica" (24).

 

Al nivel de desarrollo que sucede al ego mental de características geminianas, Ken Wilber lo denominó centáurico.

Tal como su nombre lo indica, parece responder a las características de Sagitario: "a pesar de que este nivel tiene acceso al lenguaje, a la cognición social, a la lógica egóica y a la voluntad, puede y logra superarlos, alcanzando un concienciamiento sensorial prístino y un fllujo psicofisiológico contínuo, así como un proceso de intuición e intencionalidad de alta fantasía. Este nivel está por encima del lenguaje, la lógica y la cultura, pero sin ser preverbal ni precultural, sino transverbal y transcultural. La totalidad de este nivel supone una desidentificación con el ego y una identificación con la mente corporal en su conjunto. Es el estado de la bienaventuranza; del amor cósmico, recepción de gracia, concienciamiento corporal sublime, y función suprema de la conciencia corporal. Se ha integrado el ego, el cuerpo, la persona y la sombra, y es el paso necesario para la transición a los reinos superiores de la conciencia" (24). De la escisión geminiana a la integración sagitariana.

A esta forma de conciencia centáurica y a las subsiguientes -que "incluyen la atemporalidad transtemporal, el amor, la ausencia de evitaciones o desapegos, la aceptación total y unión sujeto-objeto" (24)- me refería en el tercer capítulo ("Posibilidades y Alternativas"), cuando mencionaba a los individuos que trascienden la conciencia de ser promedio, aunque siguen de hecho confinados a los dominios de la primera atención geminiana "que configura nuestro semblante e impone los límites de nuestro horizonte". (25)

 

Ahora bien, desde la perspectiva filogenética de Wilber, la humanidad, en su conjunto, ha comenzado una transición.

Nos cuenta: "Finalmente, con la emergencia plena del nivel egoico-mental, el self devino introspectivo, lo cual le permitió tomar conciencia -y por tanto, trascender parcialmente- sus propios procesos mentales. En Occidente hemos arribado a un punto en el que la mente está comenzando, como ocurrió anteriormente con el entorno y con el cuerpo, a cristalizar en la conciencia y a despojarse de la sensación de identidad. A nivel colectivo estamos comenzando -pero sólo comenzando- a liberarnos de nuestros propios procesos mentales, a dejar de identificarnos exclusivamente con ellos, a trascenderlos y a abrirnos, de ese modo, al siguiente paso evolutivo".(25)

 

En semejante contexto, si este paso evolutivo se diera, quiza convenga cuestionar algunos axiomas cristalizados de la astrología tradicional, como ser la debilidad de Mercurio en Piscis y Sagitario. Las herramientas de conocimiento -cartografías como la astrología- necesariamente se modifican a

la par de los cambios estructurales de conciencia del cartógrafo..

 

Como no puedo dar por sentado el curso que tomará la astrología en el futuro estoy a punto de proponer un absurdo (no obstante, valga el juego de pensarlo): en el caso de que se asiente en la psiquis colectiva una estructura centáurica de ser y concebir al mundo, habría que pensar a Mercurio rigiendo a Sagitario.

 

 

A MODO DE INCONCLUSIÓN...

 

Siguiendo los mandatos del sentido común, nosotros no podemos siquiera concebir la idea de que un mundo diferente sea factible. Pero si entendemos que el mundo alumbrado depende de la estructura que lo alumbra, la idea se vuelve apenas un tanto menos inconcebible.

 

Hoy todos los seres humanos de este mundo alumbramos juntos el mundo que conocemos desde una estructura de conciencia geminiana. Con Mercurio, todos juntos somos magos creando nuestra propia realidad al unísono, la que determina incluso a aquel que se ha desidentificado de la estructura egóica geminiana y no se cree lo que nos contaron acerca de lo que el mundo es.

 

Si la magia de Mercurio se moviera de su fijación geminiana, ¿viviríamos en el mundo de la dualidad? ¿cómo concebir que esto sea posible? La experiencia de los pares de opuestos está tan arraigada en nuestra psiquis que se nos hace dificil pensar en la arbitrariedad de la división del día y la noche, del frío y el calor, de la urbanidad y la naturaleza, etc. ¿Y si la vivencia de los extremos opuestos (condición de nuestra cognición actual) es arbitraria, y no necesariamente sinónimo de humanidad?

 

Esta realidad es nuestra realidad, es consecuencia de nuestra particular cognición actual, pero pensar que es la única posible para el ser humano es probablemente un error. Si la humanidad en su conjunto se modificara estructuralmente, todos juntos crearíamos una magia distinta: alumbraríamos un mundo distinto al actual.

Un hechizo estructuralmente sagitariano abarcaría otra gama de experiencias que para nuestro hechizo actual sigue siendo un cuento de ciencia ficción.

 

 "Es nuestra cognición, que es en esencia nuestro sistema de interpretación, la que restringe nuestros recursos. Nuestro sistema de interpretación es lo que nos dice cuáles son los parámetros de nuestras posibilidades, y cómo hemos estado utilizando ese sistema de intepretación toda la vida, no nos atrevemos a ir contra sus dictámenes". Es la mejor descripción de Mercurio que encontré. La que cuenta don Juan Matus.

 

 

 

VICTORIA ZAIN

 

Dirección: Arce 215 – Piso 30°B (1426) Capital Federal. Buenos Aires, Argentina.

Tel: (54-11) 4771-4563.

 

Teléfono en Capilla del Monte: (03548) 15575131

 

 

Email: [email protected]

 

 


BIBLIOGRAFÍA CITADA:

 

(1)-Abelar, Taisha. Donde cruzan los brujos. Madrid: Gaia, 1994.

(2)-Bohm, David. Sobre el diálogo. Barcelona: Kairós, 1996.

(3)-Capra, Fritjof. El Tao de la física. Málaga: Sirio,1983.

(4)-Capra, Fritjof.  El punto crucial. Buenos Aires: Troquel, 1992.

(5)-Capra, Fritjof. La trama de la vida. Barcelona: Anagrama, 1998.

(6)-Teoría de Santiago de la Cognición, propuesta por Humberto Maturana y Francisco Varela, expuesta en (4).

(7)-Carrol, Peter. Liber null and psychonaut. Maine: Samuel Weiser, 1987. (Mi traducción al castellano)

(8)-Castaneda, Carlos. Las enseñanzas de don Juan. “Comentarios del autor en ocasión del trigésimo año de la publicación”. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 1974.

(9)-Castaneda, Carlos. El fuego interior. Buenos Aires: Emecé, 1986.

(10)-Castaneda, Carlos. El arte de ensoñar. Barcelona: Emecé, 1993.

(11)-Castaneda, Carlos. La rueda del tiempo. Barcelona: Gaia, 1999.

(12)-Chevalier, Jean y Gheerbrant, Alain. Dictionnaire des Symboles. Paris: Laffont /Jupiter, 1982. (Mi traducción)

(13)-Dean, Geoffrey. Recent advances in natal astrology. Londres: The Astrological Association, 1977.

(14)-Dumón, Eloy M. Manual de astrología contemporánea. Buenos Aires: Sirio, 1989.

(15)-Graves, Robert. Los mitos griegos. Buenos Aires: Alianza Editorial, 1993.

(16)-Grof, Stanislav. La mente holotrópica. Buenos Aires: Planeta, 1994.

(17)-Hand, Robert. Los símbolos del horóscopo. Barcelona: Urano, 1993. *

(18)-Kesselman, Patricia. “Curso de astrología médica de Ptolomeo mailing list”.

(19)-Manilius, Marcus. Astronomicon. Traducción de Demetrio Santos. Vallaloid: Barath, 1982.

(20)-Morin de Villefranche, Jean-Baptiste. Astrología Gallica. Libro XVIII:  “Sobre las fortalezas y debilidades de los planetas”. Traducido por Pepita Sanchis.

(21)- Rudhyar, Dane. Astrología de la personalidad. Buenos Aires: Kier, 1989.

(22)-Torres, Roberto. El horóscopo del Tarot. Buenos Aires: Ouroboros, 1998.

(23)-Watzlawick, Paul y otros. La realidad inventada. Barcelona: Gedisa, 1998.

(24)-Wilber, Ken. Proyecto Atman. Buenos Aires: Troquel, 1990.

(25)-Wilber, Ken. Después del Edén. Barcelona: Kairós, 1995.

(26)-Wilber, Ken. Una teoría de todo. Barcelona: Kairós, 2000.

(27)-Wilson, Robert Anton. Quantum Psychology. Las Vegas: New Falcon, 1990. (Mi traducción al castellano)

 

*Si bien en esta indagación fui transitando por otros carriles de argumentación, estoy en deuda con Robert Hand, quien asoció a Mercurio con la creación de “mapas cognitivos”.

Hosted by www.Geocities.ws

1