Selección de novedades de libros de literatura infantil y juvenil
POESÍA PARA NIÑOS
Rubén Darío
Rubén Darío para niños. Madrid: Susaeta, 2001; 161 pp.; col. Grandes autores para niños; ilust. de Teo Puebla; selección y prólogo de José Morán.
Muchos poemas de Rubén Darío están cercanos al gusto de los niños. Como se indica en el prólogo, además que su poesía es alegre, sensorial, rítmica, musical, colorista, concreta..., Darío «aborda temas exóticos y fantásticos, sabe disfrazarse de cuentista clásico y fabulador legendario, logra originales y efectistas malabarismos con el lenguaje, dialoga y juega con el lector».
Gerardo Diego
Si la palmera supiera: antología poética (2002). Madrid: Anaya, 2002; 136 pp.; col. Sopa de libros; ilust. de Luis de Horna; selección y prólogo de José María Bermejo.
Selección de cuarenta y ocho poemas, entre los que se cuentan algunos tan famosos y populares como El ciprés de Silos y el Romance del Duero, con un prólogo que sirve para centrarlos y estimular el interés del lector.
Gloria Fuertes
Antología. Madrid: Susaeta, 2001; 170 pp.; col. Grandes autores para niños; ilust. de Jesus Gabán; selección y prólogo de José Morán.
Cuidada edición que recopila textos y poesías de la escritora madrileña. En el prólogo se define su poesía como «juego, reinvención, disparate, palabras subidas a un tiovivo, ingenio, canción, sorpresa y humor; pero también, y no en menor medida, contenidos profundamente humanos, morales, dichos con una naturalidad desnuda y directa que a todos llega y acompaña y consuela: amor, soledad, pobreza, dolor, justicia, paz, Dios».
Robert Louis Stevenson
Jardín de versos para niños (A Child´s Garden Verses, 1885). Madrid: Hiperión, 2001; 163 pp.; ilust. de Jessie Willcox Smith; trad. de Gustavo Falaquera.
Magnífica versión castellana de uno de los grandes clásicos de poesía para niños, acompañada por las ilustraciones de una edición norteamericana de 1905. Es el primer libro de versos del escritor escocés, que dedicó a la que fue su niñera, y donde se contienen 64 pequeños poemas en los que intenta recuperar los sentimientos de su infancia.
María Elena Walsh
Tutú Marambá (1960). Madrid: Alfaguara, 2001; 88 pp.; col. infantil;
ilust. de Nancy Fiorini.
Zoo Loco (1964). Madrid: Alfaguara, 2001; 60 pp.; col. infantil; ilust. de Silvia
Jacoboni.
El Reino del Revés (1965). Madrid: Alfaguara, 2001; 86 pp.; col. infantil;
ilust. de Nora Hilb.
Versos tradicionales para cebollitas (1967). Madrid: Alfaguara, 2001; 158 pp.;
col. Alfaguara infantil; ilust. de Viviana Garófoli.
Han sido editados en España recientemente varios libros de poemas de la escritora argentina, una poeta de calidad que conjuga en sus versos las tradiciones literarias castellana y del «nonsense» inglés de Edward Lear y Lewis Carroll.
ÁLBUMES ILUSTRADOS
Wayne Anderson
Érase una vez un bosque (The Tin Forest, 2001). Texto de Helen Ward. Barcelona: Timun Mas, 2001; 30 pp.; col. Sueños del Viento; trad. de Gemma Gallart.
Un anciano solitario termina transformando el basurero en el que vive y trabaja en un bosque tropical. Álbum elegantemente diseñado con unas ilustraciones que juegan con la gradación del color para llevarnos de un mundo inicialmente gris y sucio a un mundo que, cuando la naturaleza va imponiéndose gracias al trabajo del protagonista, se va llenando de colorido.
Asun Balzola
Guillermo, ratón de biblioteca (1982 y 2001). Madrid: Anaya, 2001; 29 pp.; col. Sopa de libros.
Un apacible ratón de biblioteca llamado Guillermo, «a quien todos llamaban Shakespeare», es invitado por su primo a compartir un auténtico queso manchego. Nueva edición de un álbum magnífico, compuesto con unas acuarelas en tonos ocres y grises con ramalazos verdes, que habla de la importancia de aprender a disfrutar a la vez de la vida y de los libros, y de la satisfacción que deja el atreverse a vivir con sentido de aventura.
Jutta Bauer
El ángel del abuelo (Opas Engel, 2001). Salamanca: Lóguez, 2002; 43 pp.; formato pequeño apaisado.
El narrador cuenta que su abuelo, cuando era pequeño, pasaba por delante de la estatua de un ángel al que no hacía caso... Sin embargo, a lo largo de su vida, el ángel aparecerá una y otra vez, ayudándole sin que se dé cuenta, quitándole dificultades, añadiendo una suerte inexplicable a su vida. Acuarelas con un aire parecido a las de Jean Sempé para El pequeño Nicolás, magníficamente compuestas, para una historia formidable por su profundidad y su buen humor.
Lauren Child
Lucas, un detective en el museo (Dan´s Angel, 2002). Texto de Alexander Sturgis. Barcelona: Serres, 2002; 34 pp.; adaptación de José Morán y Marta Ansón.
Cuando Lucas entra en el museo pensando que allí encontrará cosas interesantes que investigar, se queda paralizado ante La Anunciación, de Fra Angélico, y más aún cuando el ángel Gabriel le habla y se ofrece a ser su guía... Al terminar habrá descubierto algunos misterios ocultos y sabrá mirar mucho mejor, algo tan importante para un detective. La inglesa Lauren Child, muy popular por sus ilustraciones desmañadas y humorísticas de aire pop, hace aquí un trabajo más discreto, de acuerdo con el tema, y consigue un gran álbum de arte.
Delphine Durand
Pica, rasca (Scritch Scratch, 2001). Texto de Miriam Moss. Barcelona: Serres, 2001; 26 pp.; adaptación de Marta Ansón y Pepe Morán.
Un piojo tiene piojitos que van alcanzando las cabecitas de todos los niños de la clase. Texto gracioso e ilustraciones eficaces para mostrar algo desagradable de modo divertido y, a la vez, para conseguir llevar a los niños al comportamiento higiénico correcto, digamos que sin hacer odiosos a los piojos, lo que ya tiene mérito.
Ian Falconer
Olivia (1999). Barcelona: Serres, 2001; 32 pp.; trad. de Esther Rubio.
Olivia, una pequeña cerdita hiperactiva, sueña con ser bailarina (como la del Ensayo General de Degas, su cuadro favorito), y decide pintar las paredes de su habitación como un cuadro de Pollock que vio en el museo y no le pareció gran cosa. Uno de los álbumes estrella del año: perfecto por su capacidad de alcanzar por igual a un público adulto y a un público pequeño, y por su categoría gráfica y literaria.
Kevin Henkes
Prudencia se preocupa (Wemberley Worried, 2000). León: Everest, 2001; 30 pp.; col. Rascacielos; trad. de Teresa Mlawer.
Prudencia es una ratoncita preocupona, siempre agobiada, hasta que hace amigos en el colegio. El autor, experto en historias para prelectores, presenta con simpatía los conflictos de los chicos, y los resuelve con gracia y naturalidad. Sus ilustraciones son muy narrativas, y recogen bien tanto lo que sucede como los sentimientos de los personajes, todos ellos ratoncitos con colas y orejas superexpresivas.
Hilary Knight
Eloise (1951; edición con texto y algunas ilustraciones actualizadas en 2001). Texto de Kay Thompson. Barcelona: Lumen, 2001; 65 pp.; trad. de Humpty Dumpty.
Edición española de unos unos populares álbumes norteamericanos. Eloise, una chica imparable y caprichosa vive con su niñera en el último piso del Hotel Plaza, y hace del hotel su reino para los juegos, creando situaciones disparatadas. Aunque las historias no tienen densidad humana, cuentan con unos dibujos ágilísimos, que transmiten excepcionalmente bien tanto la personalidad expansiva como el continuo movimiento de la protagonista. El mismo tono y ritmo propios de comedia cinematográfica de los años cincuenta, tienen las continuaciones: Eloise en París (Eloise in Paris, 1957; renovado en 2001), Eloise en Navidad (Eloise at Christmastime, 1958; renovado en 1986), Eloíse en Moscú (Eloise in Moscow, 1959; renovado en 1987 y 2002).
Mercer Mayer
Una pesadilla en mi armario (There´s a nightmare in my closet, 1968). Pontevedra: Kalandraka, 2001; 31 pp.; col. Libros para soñar; trad. de Xosé M. González.
El pequeño narrador cuenta su temor a la pesadilla que se oculta en su armario, y cómo lucha contra ella. Reedición de un álbum quitamiedos ya clásico, de texto escasísimo y en el que todo el peso narrativo lo llevan las ilustraciones, graciosas, bien compuestas, deudoras de los antiguos grabados metálicos.
Alfonso Ruano
El pequeño títere (Das Kleine Lumpenkasperle, 1996). Texto de Michael Ende. Madrid: SM, 2001; 26 pp.; trad. de Marinella Terzi.
Tomás se deshace de su pequeño títere porque prefiere otros juguetes más modernos, pero más tarde lo añora y, gracias a que su abuela lo reconoce y lo repara, lo recupera; en paralelo, el pequeño títere pasa por distintos sitios, echando de menos su función: hacer reír a Tomás. Mini relato sobre las relaciones afectivas de un niño con sus juguetes, enriquecido por las sugerentes ilustraciones como grandes cuadros que transmiten los sentimientos de Tomás y el pequeño títere.
Grégoire Solotareff
3 brujas (3 sorcières, 1999). Barcelona: Corimbo, 2001; 28 pp.; trad. de Margarita Trias.
Después de secuestrar a dos niños, las tres brujas cambiarán al ver que los chicos se ríen y se interesan por ellas. Solotareff intenta enganchar al lector con la fuerza y la claridad de sus composiciones: no pinta detalles, emplea un trazo negro muy grueso para enmarcar las figuras, usa colores restallantes cuyo contraste violento subraya los antagonismos o acentúa los aspectos absurdos, y señala particularidades de interés usando distintos ángulos de observación. En 3 brujas insiste, como en otras historias suyas, en la victoria final de un comportamiento ingenuo y bondadoso sobre otro más astuto y fuerte.
Peter Sís
Madlenka (2000). Barcelona: Lumen, 2001; 44 pp.; trad. de Alejandro Pérez Viza.
Cuando a Madlenka se le mueve un diente quiere decírselo a todo el mundo, y para eso va visitando a todos sus vecinos: el panadero francés, el kioskero indio, el heladero italiano, la vecina alemana, el verdulero peruano, su amiga egipcia...; y vuelve a su casa después de haber dado la vuelta al mundo... Álbum de un poderío gráfico deslumbrante, repleto de referencias a múltiples culturas, todo un elogio de la riqueza multiétnica de Nueva York, una ciudad que contiene al mundo entero en cada una de sus manzanas.
Gabrielle Vincent
La pequeña marioneta (Le petite marionette, 1994). Barcelona: Zendrera Zariquiey, 2002; 73 pp.; trad. de Sylvia Oussedik.
Un niño solo, delante de un teatrillo de marionetas; el titiritero que se da cuenta de su presencia y hace actuar una marioneta para él; el niño que, preocupado cuando ve que un lobo quiere comérsela, agarra la marioneta y sale corriendo con ella; el titiritero que repara entonces en que el niño cree firmemente que la marioneta es de verdad y sale corriendo detrás... Relato contado casi exclusivamente con unos económicos dibujos a carboncillo, que parecen hechos de primera intención y que logran comunicar al lector todas las emociones del protagonista y del titiritero, tanto a través de las expresiones de las caras, a veces solo esbozadas, como por medio del movimiento que tienen las figuras. Ejemplo de álbum que funciona bien a todos los niveles: logrará la identificación con el niño-lector y con el adulto que simplemente lo vean, y a los más reflexivos los dejará boquiabiertos con el inteligente juego dentro-fuera, fantasía-realidad, niñez-madurez.
NARRATIVA PARA NIÑOS
Richard y Florence Atwater
Los pingüinos de Mr. Popper. Madrid: Siruela, 2002; 160 pp.; col. Las tres edades; ilust. de Robert Lawson; trad. de Anne-Hélène Suárez.
Nueva edición, con las ilustraciones originales, de un clásico norteamericano. Mr. Popper acaba teniendo en su casa toda una familia de pingüinos, con la que organiza un espectáculo de gran éxito. Relato disparatado, que resulta muy eficaz por el modo realista y muy visual con el que se narran situaciones absurdas que causan un eco inmediato en la imaginación del lector.
Juan Farias
Un cesto lleno de palabras (2000). Madrid: Anaya, 2000; 92 pp.; col. Sopa de libros; ilust. de Fuencisla del Amo.
El abuelo de Pedro, que trabaja en una imprenta de las de antes, trae a casa un cesto lleno de palabras en el que, cuando Pedro mete sus manos, va descubriendo un mundo en cada una. Relato con escenas y diálogos en las que abundan descripciones y frases poéticas sencillas y felices, que también son óptimas para ser leídas en voz alta.
Ramón García Domínguez
Cinco cuentos para uoiear (2001). Barcelona: Edebé, 2001; 86 pp.; col. Tucán; ilust. de Francesc Rovira.
Después de un «PR L G », vienen seis capítulos que tienen el mismo título: Canto y cuento de la A, de la E, de la I, de la O, de la U, y de las cinco vocales. Para conectar directamente con los lectores pequeños e involucrarles en su relato, el autor usa el recurso propio de las narraciones orales de dirigirse continuamente a los lectores-oyentes, pero sabe hacerlo sin caer en ninguna clase de infantilismo y sin renunciar a proponerles juegos de ingenio que les llevarán más allá del libro.
David Grossman
Un niño y su papá (Seis historias tituladas: Ach Chadash Legamrei, Itamar Mitchav, Itamar Pogesh Armav, Itamar Metayel al Kirot, Itamar zayad hachalomot, Itamar we-Kova Ha-ksamin). Barcelona: Montena Mondadori, 2001; 91 pp.; col. Contemporánea; ilust. de Barbara Nascimbeni; trad. de la edición italiana de 1999 de Nieves Nueno.
Seis relatos cortos, escritos en tercera persona pero desde dentro del protagonista:
la madre de Itamar está esperando un hermanito; Itamar tiene ganas de
recibir una carta, como sus padres; pierde su miedo a las liebres; pasea por
las paredes y entra en los cuadros de su habitación; acaba conociendo
mejor al duende que le asusta en sueños; cuando su padre ordena cosas
viejas encuentra un sombrero mágico.
El autor recoge con acentos positivos el mundo interior del niño y presenta
de modo atractivo el talante paciente y bromista de sus padres. De todas formas,
quizá los acentos, tan luminosos para un lector adulto porque presentan
muy bien la mezcla de fantasía y realidad del niño, quizá
no sean los más apropiados para niños de pocos años como
Itamar.
Luis Ramoneda
Las aventuras del comisario Cattus (2001) y Nuevas aventuras del comisario Cattus. Barcelona: Magisterio-Casals, 2001 y 2002; 132 y 125 pp.; col. Punto Juvenil; ilust. de Eulalia Pallarés.
Cuatro historias, dos en el primer libro y dos en el segundo, en las que el comisario Cattus y sus ayudantes, el cuervo Vicente y el conejo Lucas, deben resolver diferentes casos. Relatos estructurados en capítulos cortos, contados con numerosos diálogos y un lenguaje asequible pero cuidado y rico. Los argumentos y los incidentes que se suceden son sencillos y lineales, pero los cuentos no son en absoluto blandengues: hay inquietud, dolor e incluso muertes. Es muy acertada la elección de los nombres y el modo en que los comportamientos reflejan distintas actitudes humanas.
Jeremy Strong
A cien kilómetros por hora con mi perro (The Hundres Mile an Hour Dog, 2001). Barcelona: Edebé, 2001; 114 pp.; col. Tucán, serie verde; ilust. de Davi; trad. de Mari Carmen Llerena.
Cuando Trevor debe sacar a pasear a Rayo, su perro, las cosas se le complican debido al matón de la clase, y se le arreglan gracias a Tina, una compañera que resulta ser una «organizadora nata». Relato acelerado en el que se suceden persecuciones, carreras y situaciones disparatadas. Pero, además del ritmo imparable, el lector-niño encontrará comparaciones divertidas y observaciones con las que le resultará fácil identificarse.
Antonia Rodenas
Un puñado de besos (2001). Madrid: Anaya, 2001; 26 pp.; col. Sopa de libros; ilust. de Carme Solé Vendrell.
Relato para primeros lectores, quizá para ser leído en voz alta y contemplado juntos, adulto y niño. Su protagonista es Kati, una chica pequeña que siempre tiene besos para dar y que, por eso, nos dirá la narración, era «rica, muy rica». Las ilustraciones son unos primeros planos de las caras de los niños que recogen y potencian los sentimientos que transmite la historia.
NARRATIVA PARA JÓVENES
Lucía Baquedano
El pueblo sombrío (2002). Madrid: Edelvives, 2002; 119 pp.; col. Sueños de papel.
Isabel, una chica universitaria que vuelve a su pueblo navarro en verano, acaba descubriendo un zulo de ETA, cayendo en la cuenta del significado completo de sucesos olvidados de su infancia, y encontrando novio en un chico que se define a sí mismo como «convencional y aburrido». Novela centrada en los conflictos afectivos de la protagonista y narradora, y que deja en segundo plano los aspectos argumentales de «thriller». La historia se va tensando al compás de los vaivenes interiores que sufre Isabel, al principio los normales en cualquier persona joven, pero de profundidad y altura mucho mayores cuando entran en juego vidas humanas. Ejemplo de relato que cumple con honradez y categoría su función de puente hacia temas y obras literarias de gran calado, y que puede por eso ser calificado de buena literatura juvenil.
Richard Henry Dana
Dos años al pie del mástil: relato personal de la vida en la mar (Two Years Before the Mast, 1840). Barcelona: Alba, 2001; 572 pp.; col. Alba clásica; trad. de Francisco Torres Oliver.
El autor, un universitario norteamericano, cuenta su travesía marinera de dos años en la que aprende todos los pormenores del oficio y se familiariza con la vida de un barco y el modo de vida de los tripulantes. La historia es muy técnica —son multitud los términos y las operaciones marineras, bien explicadas en un apéndice final—, pero es también atractiva porque hay tensión en las muchas cosas que suceden, y porque su autor sabe perfilar con acierto a los personajes y añadir en cada caso las observaciones oportunas. El libro influyó en autores como Fenimore Cooper o Herman Melville, y con él se inició el realismo narrativo en esta clase de relatos.
Jules Feiffer
El hombre del techo (The Man of the Ceiling, 1995). Madrid: Anaya, 2001; 191 pp.; trad. de Alberto Jiménez Rioja.
Jimmy Jibbet, mal deportista y mal estudiante porque no hace más que
dibujar continuamente, no es comprendido por su padre, un hombre obsesionado
con el béisbol, ni por su madre, una diseñadora de modas muy ocupada.
Primer libro escrito por su autor, un conocido dibujante de tiras cómicas
satíricas, en el que se combinan texto con ilustraciones y con las viñetas
de cómic que realiza el protagonista. Con acentos de narración
oral, El hombre del techo supera sus limitaciones literarias por la muy convincente
descripción de la orientación vocacional de Jimmy, donde parecen
contenerse parte de los sentimientos de infancia del autor, y donde se apoya
la principal reflexión de la historia en torno al éxito y al fracaso.
Laura Gallego García
La leyenda del Rey Errante (2002). Madrid: SM, 2002; 215 pp.; col. El Barco de vapor, serie Roja.
Walid, príncipe de Kinda, un joven con muchas cualidades para ser un
gran Rey, es derrotado tres veces consecutivas por un tejedor de alfombras en
un certamen de poetas; cuando se deja llevar por el rencor, los acontecimientos
lo llevan a perder su reino y huir, a unirse a una partida de bandoleros primero,
a un clan de beduinos más tarde y, finalmente, a trabajar para un importante
mercader.
Buena historia, en la tradición de algunos cuentos clásicos orientales,
que atrapa el interés del lector y que tiene momentos excelentes. Sería
realmente magnífica si evitase algunas obviedades típicas a lo
Paulo Coelho, de quien es la cita que abre la novela.
Batya Gur
Espiando a un amigo (Meraguel betoj ba-bait, 2000). Madrid: Siruela, 2001 ; 234 pp.; col. Las Tres Edades; trad. de Sonia de Pedro.
Shabi, un chico de doce o trece años, tutor en su escuela de Benyi,
un alumno más pequeño de ocho años, quiere descubrir qué
pasa cuando Benyi se comporta de modo extraño.
En sus vendidas novelas policiacas, la escritora israelí cuenta las cosas
de un modo lento y pormenorizado, algo muy apropiado para ir desvelando poco
a poco los entresijos del caso y para ir mostrando el mundo interior de sus
personajes. Y aunque el mismo estilo calmoso y discursivo en boca de un narrador
de doce años no acaba de funcionar bien, la historia interesa porque
los personajes y las relaciones entre ellos están bien dibujadas.
O. Henry
Un príncipe del Chaparral (A Chaparral Prince). Relato contenido en la selección titulada Cómo asaltar un tren. Barcelona: Ediciones del Bronce, 2002; 192 pp.; col. Clásicos del Bronce; trad. de Marcelo Cohen.
Lena, que a sus once años trabaja como una esclava en una posada del
Oeste norteamericano, escribe a su madre una carta diciéndole que se
matará si no la ve, a raíz de que su jefa le prohibe leer y le
quita los cuentos de Grimm.
Son varios los sumandos que aclaran el por qué de la gran popularidad
de los relatos costumbristas de O. Henry: grandes dotes de narrador, protagonistas
de buen corazón aunque sean delincuentes, tramas ingeniosamente montadas,
acentos amables y un sentido del humor irónico que muchas veces se basa
en un giro final efectista... Pero el acento debe ponerse aquí en la
capacidad curativa que pueden tener los cuentos fantásticos para los
niños, al modo en que lo hace Dickens en la primera parte de Tiempos
difíciles. Y el lector puede tener la seguridad de que nunca un final
tan improbable ha resultado tan fabulosamente satisfactorio.
Santiago Herraiz
Me queda Madrid (2002). Madrid: Editex, 2002; 189 pp.
Amordazados (2002). Madrid: Bruño, 2002; 155 pp.; col. Paralelo Cero.
En Me queda Madrid, Martín, un chico gallego que ha comenzado a estudiar
Derecho en Madrid, cuenta sus primeros meses en la capital, hasta la muerte
inesperada de un compañero de clase; y en la segunda parte de la historia,
un profesor de la facultad se propone recuperar a Martín cuando desaparece
de la circulación.
En Amordazados el protagonista es Antxo, un agente que sigue la pista de un
terrorista que planea un atentado próximo en Madrid, y al que Guzmán,
un chico que observa cosas extrañas en un piso de universitarios que
son vecinos suyos, le da las pistas que necesita.
Si en la primera novela el autor revela un gran dominio de los ambientes y de
las mentes juveniles, que pinta con buen humor sarcástico e incisivo,
en la segunda muestra un sobresaliente pulso narrativo al construir con precisión
un tenso relato de acción de los que no se pueden dejar hasta el final.
José Luis de Juan
Recordando a Lampe (2001). Madrid: SM, 2001; 203 pp.; col. Gran angular.
Después de ser criado de Kant durante casi cuarenta años, el antiguo
soldado del ejército prusiano Martin Lampe es despedido y sustituido
por otro ex soldado llamado Kauffmann.
Relato fluido, bien enmarcado tanto en los ambientes interiores como en la época
histórica, cuidado en su lenguaje y recorrido todo él por una
ironía bienhumorada. El lector termina interesado tanto en la historia
personal del obtuso Lampe y del diligente Kaufmann, como en las numerosísimas
singularidades de la conducta de Kant, un hombre del que «la soberbia
no era una de sus debilidades».
César Mallorquí
La mansión Dax (2001). Madrid: SM, 2001; 220 pp.; col. Gran Angular plus.
Alejo Zarza, nacido en el barrio madrileño de Lavapiés hacia
1880, después de un origen a lo Oliver Twist, alcanza muy joven una reputación
de carterista de leyenda y es fichado por el multimillonario Sebastián
Dax para vivir y recibir una educación especial junto con otros «jóvenes
talentos» muy singulares.
Narración con aires barojianos y un ritmo narrativo trepidante, y en
el que tanto la evolución moral del protagonista como los episodios de
su vida se mantienen dentro de los mínimos exigibles de verosimilitud.
Frederic Marryat
Los chicos de New Forest (The Children of New Forest, 1847). Madrid: Palabra, 2001; 358 pp.; col. Astor; trad. de Elena Castro Oury.
Inglaterra, 1647, guerra civil entre los monárquicos y los «roundheads»;
los cuatro hijos del difunto coronel Beverley son salvados por Jacob Armitage,
un guarda del bosque que los lleva con él a su casa y los educa; pasado
el tiempo intentan recuperar lo que era suyo.
Última novela que su autor compuso para un público joven, y la
primera «novela histórica» protagonizada por chicos, Los
chicos de New Forest ha seguido editándose ininterrumpidamente desde
su publicación: su estilo retórico en los diálogos y el
ritmo pausado con el que van sucediendo los hechos no restan tensión
a la historia. Y es que Marryat, aunque se dirige a lectores jóvenes
e intenta subrayar en todo momento el comportamiento recto de sus protagonistas,
no compone una novela de buenos y malos sin más: matiza las cosas cuando
es necesario, hace notar cómo los chicos rectifican sus juicios y cómo
se van abriendo sus ojos.
Patrick Modiano
Los mundos de Catalina (Catherine Certitude, 1988). Madrid: SM, 2001; pp.; col. El Barco de vapor; ilust. de Sempé; trad. de Miguel Azaola
Una profesora de ballet de Nueva York recuerda su infancia en París:
su vida con su padre, la relación que ambos tenían con un insoportable
socio, su asistencia a las clases de ballet y, sobre todo, cómo quitarse
las gafas significaba para ella entrar en otro mundo «tan suave y tan
acariciante como una gran almohada de plumón».
Apoyado por unas magníficas ilustraciones, Los mundos de Catalina es
un breve relato en el que no pasa nada que pueda enganchar al lector pequeño,
salvo a ciertos chicos sensibles y ya muy lectores. Modiano ha redactado esta
leve historia con su habitual estilo lacónico y preciso, y con los mismos
acentos de nostalgia y recuperación del pasado de sus otros libros.
Pilar Molina Llorente
Pálpito de sol (2001). Madrid: Anaya, 2001; 123 pp.; col. Senderos de la historia.
El Escorial, 1587; Flavio Orsini, un joven ayudante del orfebre del rey, siente
auténtica obsesión por un relicario que acaban de regalar a Felipe
II, y fuerza que varios amigos suyos le faciliten llegar a ella.
Narración literariamente cuidada, completamente ficticia pero ambientada
con fidelidad en el escenario de pasillos y patios del monasterio de El Escorial.
Con lenguaje rico y descripciones poéticas, la autora presenta una pequeña
intriga protagonizada por unos personajes cuya tensión interior está
bien plasmada.
Luis Ramoneda
Carolina en el país de las estaciones (2002). Madrid: Editex, 2002; 135 pp.
Con once años, Carolina deja su isla del Mediodía para irse a
pasar un año con su abuela, en el país de las Estaciones, donde
se hace amiga de Juan, un chico solitario, y sufre las burlas de sus compañeros
por ser diferente.
Novela de poeta, escrita con ritmo tranquilo y tono intimista, en la importan
mucho las descripciones y los aciertos expresivos. Logrará enganchar
a cualquier lector sensible, pues la narradora transmite bien los sentimientos
de zozobra interior de la niña que fue, su desazón cuando debe
separarse de sus padres, y su dolor cuando es maltratada por ser de una raza
diferente.
Antonio Sánchez Escalonilla
El príncipe de Tebas (2002). Madrid: Editex, 2002; 254 pp.
Héctor, un chico de trece años con pasión por las leyendas antiguas, hace con su compañero Álex una visita nocturna al Museo Arqueológico de Madrid, donde les ha citado un conserje llamado Virgilio, y un extraño sortilegio los envía de viaje al pasado, a la época de Tartessos. Relato con un arranque magnífico, diálogos vivos, réplicas justas, incidentes continuos, escenas bien montadas. Algunos reprocharán al autor que no perdone a Héctor ni uno sólo de los líos en los que se vieron involucraron los héroes clásicos, otros dirán que tal alarde de conocimientos no sólo está bien integrado en la narración sino que de ahí se deriva que la trama sea inusualmente rica. Y ambas cosas son ciertas.
Lemony Snicket
Un mal principio (A Bad Beginning, 2000), La habitación de los reptiles (The Reptile Room, 2000), El ventanal (The Wide Window, 2000), El aserradero lúgubre (The Miserable Mill, 2000). Barcelona: Lumen, 2001, 2001, 2002, 2002; 165, 193, 221 y 195 pp.; col. Una serie de catastóficas desdichas (A Series of Unfortunate Events); ilust. de Brett Helquist; trad. de Néstor Busquets.
Los hermanos Baudelaire —Violet, 14 años, Klaus, 12, y Sunny, 4—, se quedan huérfanos y herederos de una inmensa fortuna en el primer capítulo de Un mal principio; en ese y en los libros sucesivos, deberán huir del malvado Conde Olaf, un tipo siniestro con un extraño tatuaje de un ojo abierto en el tobillo izquierdo. Primeros cuatro libros de los trece que, según parece, compondrán Una serie de catastróficas desdichas, de gran éxito en los EE.UU. El narrador anima repetidamente al lector a que abandone una lectura que, seguramente, le resultará insoportable, y llena su historia de referencias obvias que se deducen de los ambientes góticos donde se desenvuelve la vida de los Baudelaire, y se pasa los relatos precisando el significado de muchas palabras y haciendo juegos continuos con las convenciones literarias. Son numerosos los comentarios acertados en relación a los sentimientos de los niños en situaciones de conflicto, como este de Violet acerca del dolor por la muerte de sus padres: «Creo que siempre añoraremos a nuestros padres. Pero creo que podemos añorarlos sin ser desgraciados todo el tiempo. A fin de cuentas, ellos no querrían que fuésemos desgraciados». Hay que añadir, por último, que las ilustraciones son magníficas y contribuyen, junto con la encuadernación, a dar un atractivo aire antiguo a los libros.
César Vidal
Fan y la reina de los piratas (2001). Madrid: Alfaguara, 2001; 183 pp.; col. Alfaguara Juvenil.
China, siglo X; Fan, un chico de 14 años cuya familia es cristiana ocultamente,
después de ser expulsado de unas difíciles oposiciones a funcionario
imperial para las que se había preparado duramente, se une a la Reina
Tsu y sus piratas del río Tse Kiang para frustrar una inminente invasión
de los bárbaros, con lo que se gana el reconocimiento del emperador.
Como las demás novelas juveniles de aventuras del autor, también
esta tiene un argumento atractivo, está centrada en pocos personajes,
se sitúa en ambientes y momentos históricos bien documentados
que se precisan con un apéndice final, se propone promover el debido
respeto a las creencias de cada uno, y en ella se usa el tono narrativo propio
de los relatos folletinescos: «Fan podía tener muchos defectos,
pero entre ellos nunca se había encontrado el de la cobardía».
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