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LA MANSIÓN DE LADY HEATHER Inicio
del reto: La mano de Sara dio un salto repentino haciendo que Grissom se sobresaltara. Finalmente, ella había despertado a pesar de todas las predicciones médicas que no auguraban ese resultado. Aunque
sus ojos no se habían abierto, supo de inmediato quien estaba sosteniendo su
mano. Como el día que fue atacada y él arriesgó todo con tal de salvarla. Ahí
estaba él, hablándole despacio, casi murmurándole. Contemplando su sueño.
Hasta ese momento. Lentamente,
abrió sus ojos y lo vio sentado a su lado. Con una gran sonrisa de verle de
nuevo consciente. Eso era lo único que había deseado desde que la vio
agonizando entre sus brazos. Cuando le había susurrado algo que ya no pudo
escuchar. “Te
amo” pensó, pero sus palabras en aquella habitación, no salieron de su boca. Sara
se remojó los labios y se preparó para hablar. Ella también deseaba decirle
que lo amaba, que había escuchado lo que él le dijo justo antes de que el
mundo despareciera de su percepción. También anhelaba abrazarlo, besarlo e
iniciar una vida a su lado. Pero tenía miedo. El mismo miedo que había
experimentado cuando, él acarició sus labios con sus dedos para calmarla. y
borró con sus labios las lágrimas. El
mismo miedo que la privó de cualquier reacción diferente a salir corriendo de
aquel lugar para luego ser abatida en aquel ataque. Pero,
y si no era cierto, si todo eso era un simple sueño del inconsciente que estaba
jugando con lo que estaba sintiendo. Así, todos sus deseos de confesarle su
amor, podrían difuminarse hasta llegar a ser la realidad que experimentaba. Esa
en la que él no era más que su supervisor. Grissom
seguía sentado, petrificado al ver como los dedos de Sara se movían entre los
suyos, con la misma sutileza que su imagen proyectaba en sus sueños. No era
alguien como ella quien debía tener a su lado. Creer que no lo abandonaría al
descubrir que no es más que un solitario lleno de miedo de dar todo lo que
siente por temor a ser visible, era casi imposible. Además, ella era una chica.
Una hermosa mujer que bien podría estar deslumbrada por la imagen de tutor que
él ostentaba. Y cuando sus aspiraciones sean distintas, su brillo dejaría de
ser importante y lo dejaría con el corazón roto. Se
quedaron en silencio, los dos teniendo demasiado que decirse, pero con el pavor
suficiente para ahuyentar todas las frases que podrían forjarse en sus mentes. Sin
embargo, el sentimiento fue más fuerte y luego de un silencio prolongado, sus
palabras salieron atropellándose. -Griss...
– dijo ella -Sara...
– dijo él Y
los dos volvieron a quedarse callados hasta que él cedió los honores para que
sea ella quien rompa el silencio. -Grissom...
yo... – dijo ella tímidamente – Yo... te... quiero dar las gracias por
salvar mi vida. – concluyó maldiciéndose por no tener el valor de decirle
nada. -Sara...yo
– dijo él ante aquella revelación que era lo único que podía recibir de
ella – Yo... tenía que hacerlo, eres mi subordinada. – concluyó haciendo
que los latidos de emoción de Sara disminuyeran hasta quedar en un estado casi
vegetativo. Eso era lo único que podía esperar de él. Al final, ella era su
supervisada. Un miembro como cualquiera en su equipo. Como
las palabras poco sinceras se habían agotado, Grissom decidió cederle el paso
al resto de sus compañeros para que le dieran mucho más ánimo que el que él
mismo podría ofrecerse en aquel momento. * Ya
había pasado un tiempo desde que Sara fue atacada y casi pierde la vida en un
caso. Ya había sido un largo tiempo desde que ambos se habían acariciado con
sus labios sin decir ni una sola palabra al respecto. Pero
las cosas no debían seguir así, no si evitaban a toda costa cruzarse incluso
en los pasillos. Ella
ya estaba alistando las maletas para irse de Las Vegas. Había decidido no
volver a mezclar algo tan sagrado en su vida como lo era su trabajo con aquel
sentimiento que le era siempre esquivo. Él
había conducido sin sentido durante toda la tarde. Le había marcado a su casa
y no había podido decirle nada. Pero no podía dejar que se fuera. Eso era lo
único que no se perdonaría porque no sólo se marcharía una mente brillante
del laboratorio, sino, una mujer que le daba la oportunidad de tener una vida a
su lado. Las
cartas estaban sobre la mesa. Y
Sara oyó el timbre de su departamento. Y
Grissom vio como alguien se acercaba del otro lado de la puerta. Y
entonces, no hubo más palabras. Ya no eran necesarias. Sólo un beso fue motivo
suficiente para ambos. Un beso que terminó entre las sábanas. Un beso que
destruyó los temores y los confinó a decirse la verdad que yacía desbordándose
tiempo atrás. * Era su primer caso como una pareja, se habían jurado mutuamente no mezclar las dos cosas dentro de su vida. Sin embargo, la sonrisa del rostro de Sara se transformó en una mueca al ver a su “compañero” saliendo de un lugar demasiado pernicioso para lo que pretendían lograr los dos. Y qué decir de la mujer que salió a despedirlo sujetando su mano como si no quisiera dejarlo ir. Fin del primer aparte...
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