N�m 32, II �poca  - Junio 2001 - Edita FE-JONS  -  La Falange  


Las �ltimas lecciones del Frente de Juventudes 

      

Editorial FE

 

M�s reflexiones radicales

Parra Celaya, Manuel. Juventudes de vida espa�ola. El Frente de Juventudes. Historia de un proyecto pedag�gico. Madrid : Fundaci�n Editorial San Fernando, 2001. 540 p.

Cuando S�ez Mar�n public� en 1988 su trabajo sobre el Frente de Juventudes, muchos cr�ticos creyeron estar ante una obra definitiva. Y es cierto que su aportaci�n �m�s all� de valoraciones pol�ticas� ser� fundamental para la comprensi�n de lo que fuera �la obra predilecta del R�gimen�, como lo prueba el hecho de que Manuel Parra se apoye una y otra vez en aquella investigaci�n para realizar su original an�lisis de aquella organizaci�n. Porque esta obra, que acertadamente se abre con el primer verso del Himno de las Falange de Combate, se ocupa primordialmente de un aspecto que aquel autor considerara secundario: frente a la preocupaci�n de S�ez Mar�n por interpretar el Frente de Juventudes como instrumento de socializaci�n de la juventud espa�ola en clave franquista, Parra Celaya hace una lectura promenorizada de su labor pedag�gica, para la que identifica tres l�neas: como transmisora de una ideolog�a determinada �acaso la l�nea m�s obvia�, como parte de una Revoluci�n social de conformidad con lo propuesto por la Carta de la Escuela Moderna y �como consecuencia trascendente de lo anterior, trascendiendo del propagandismo� como v�a de comunicaci�n de un determinado modo de ser (y no s�lo de pensar).

Desde luego, la lectura meramente historiogr�fica �basada en la evoluci�n cronol�gica de lo que comenzaron siendo las Organizaciones Juveniles de FET y de las JONS para acabar en una simple Delegaci�n de la Juventud� es uno de los segmentos elementales de esta obra, siendo el otro vector fundamental el marco ideol�gico en el que el Frente de Juventudes desarroll� su a�n no suficientemente valorada labor. Inevitablemente, Parra Celaya deber� concluir que la aportaci�n doctrinal con mayor peso ser� la del nacionalsindicalismo, si bien se desdibujar�n algunas de sus aristas �por ejemplo, el sentido no confesional de la Falange preb�lica� para facilitar la compenetraci�n entre los or�genes falangistas y la realidad del Movimiento.

Las aportaciones de esta obra, por su complejidad, resultan innumerables. No hay aspecto de inter�s para su prop�sito que quede en barbecho, desde los aspectos organizativos hasta los medios educativos empleados, desde la figura del mando-educador hasta el mismo cancionero. Pero acaso a nosotros dos sean los aspectos que m�s nos interesen. De una parte, la acertada lectura que el autor realiza del nacionalsindicalismo, del que se�ala como elementos b�sicos: un humanismo personalista que parte de una concepci�n cristiana (que no es lo mismo que el humanismo cristiano); una concepci�n nacional basada en su clasicismo, su sentido cr�tico, su armonizaci�n de la unidad nacional con la variedad regional y la moral nacional; una prolongaci�n de la concepci�n nacional en lo imperial; una concepci�n del Estado como instrumento al servicio de la misi�n nacional e integrador de hombres y comunidades; sustituci�n de la participaci�n y representaci�n democr�ticas inorg�nicas por la democracia org�nica; separaci�n Iglesia-Estado; estructuraci�n sindical de la econom�a con car�cter revolucionario (atribuci�n de los medios de producci�n a los productores mismos, imputaci�n de la plusval�a a los productores, nacionalizaci�n del cr�dito y negaci�n del car�cter bilateral de las relaciones de trabajo); y definici�n del falangismo como una forma de ser. Interpreta Parra el Nacionalsindicalismo como el extremo de una l�nea de continuidad que tiene su antecedente m�s remoto en el Regeneracionismo, y encuentra en �l �junto a la indudable influencia orteguiana� la de Marx (cr�tica al capitalismo), la de Nietzsche (�tica de la nobleza y vitalismo), la de Spengler (antirromanticismo), la del krausismo (teor�a organicista de la sociedad), la de Hegel (principio integrador del Estado), la de Fichte (junto con Kant, en las apreciaciones jur�dicas), la de Mussolini (nacionalizaci�n de las masas, am�n de la experiencia fascista, que es s�lo una influencia m�s) y la de D'Ors (clasicismo y sindicalismo).

Junto a este reconocimiento, nos aporta Parra Celaya una nueva lectura de la experiencia de aquellos j�venes que en su d�a aprehendieron cuanto se les ofreci� en el Frente de Juventudes y que hoy �al margen de actitudes pol�ticas concretas� mantienen en su interior el rescoldo de aquella �manera de ser� que entonces se les inculcara.  Posiblemente, junto con la Secci�n Femenina fuera el Frente de Juventudes el instrumento que hiciera posible que el falangismo forme hoy parte de la cultura pol�tica espa�ola, algo con lo que incluso dentro de nuestras filas a�n debemos aprender a vivir.

F. Robles

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