N�m 32, II �poca  - Mayo 2001 - Edita FE-JONS  -  La Falange  


Caballos de Troya

      

Editorial FE

 

M�s reflexiones radicales

Cuando se trata de socavar conceptos e instituciones fundamentales el proceso utilizado es b�sicamente el mismo: se busca un caso extremo, algo que suene a un atentado de lesa Humanidad; una de esas situaciones que tocan la fibra m�s �ntima del coraz�n y que por su tr�gica singularidad no podr�a ser tomado como base para instituir una ley general sino que constituye la excepci�n que se presenta insolente para burlarse de la regla. Una vez hallado este caso estrella, hay que utilizarlo como icono magn�tico que autom�ticamente nos conduzca a identificar el problema poni�ndole cara y ojos; por eso, suele ser m�s conveniente utilizar la imagen f�sica del caso elegido que perder el tiempo en un estudio sereno y racional de los antecedentes y circunstancias que configuran el hecho. Seguidamente, se accede a los medios de comunicaci�n, que suelen caracterizarse por ser extremadamente d�ciles con el progresismo para evitar ser tachados de retr�grados, y desde all� se procede a un bombardeo inmisericorde de la opini�n p�blica, utilizando el caso estrella con toda clase de artiller�a de apoyo: mientras m�s burda y gruesa sea, mayores efectos se consiguen. Todo vale, si se sirve convenientemente aderezado con verdades a medias y medias verdades, un buen lema de combate que guarde cierta rima (para ser coreado en las manifestaciones), unos cuantos datos comparativos de lo que dicen que sucede en otros pa�ses sobre esa misma cuesti�n, y unos sondeos manipulados con resultados expresados en cifras redondas f�ciles de asimilar; si hay que mentir se miente (�qui�n es Pit�goras para frenar el progreso de la humanidad?). Si tambi�n contamos con la ayudita de intelectuales de la talla de Cristina Almeida (120-120-120) o del inquieto pacifista Ramonc�n, la cosa carece de color.

Por �ltimo, se lanza el mensaje de que nos encontramos ante un problema grav�simo que est� exigiendo cuando menos una m�nima regulaci�n; s�, aunque sea excepcional y para casos muy concretos, pero es indudable que hay que trasladar la demanda y las necesidades de la calle a la normalidad de la ley (aunque finalmente se acabe legalizando la realidad de las cloacas); hay que aplicar nuevos enfoques que nos permitan ofrecer respuestas m�s acordes con una realidad social siempre tan viva como cambiante...

Y por fin se recoge la cosecha plasmada en una reforma legislativa que al principio regula unos supuestos muy espec�ficos, pero cuyas normas comienzan a interpretarse tan abierta, anal�gica y expansivamente (tampoco a los jueces les gusta que les tachen de carcas), que no har� falta ni cambiar la legislaci�n durante un tiempo para que consigamos proyectarla sobre unos supuestos que nada ten�an que ver con la reforma originaria; una reforma que felizmente nos conducir� a un profundo avance social superador de la hip�crita y caduca moral judeocristiana. (M�s adelante se reformar� de nuevo la ley para sentar como principio general lo que hasta ayer fue excepci�n).

As� ocurri� con el Divorcio: ��Qui�n es capaz de no darle una segunda oportunidad al amor y negarle la posibilidad de rectificaci�n a quien cometi� un error cas�ndose con la persona equivocada que adem�s de bestia carece de imaginaci�n en las artes amatorias? �Por qu� condenar a unos hijos �que adem�s son objetores- a soportar una situaci�n preb�lica? �Qu� hacer cuando el amor se acaba?; porque si hay una verdad absoluta, esa es la de que el amor se acaba�. Bueno, esos argumentos se oyen al principio; ahora ya nos encontramos en la avanzad�sima situaci�n de que el matrimonio es una cosa chunga, un mal rollete de r�gidos requisitos burocr�ticos que pretenden encerrar los sentimientos en unos papeles. Hoy se combate el matrimonio salvo que se trate de dos situaciones dignas de protecci�n: si se contrae por en�sima vez, previo cobro de una sustanciosa exclusiva medi�tica y bajo un ex�tico rito caribe�o Guay-guay que exige a los novios dar el s� en taparrabos; o si se trata de un matrimonio reivindicado para una pareja de homosexuales (�no es curioso el deseo febril que hoy empuja a los homosexuales, otrora tan liberales, por contraer matrimonio entre s�?). Salvo en los dos casos anteriores, en todos los dem�s rige el principio de que para amarse sobran los papeles; lo sincero es el arrejuntamiento temporal, una especie de contrato basurilla marital, de duraci�n tan fugaz como esos nuevos contratos laborales: �Te amar� eternamente mi amor... durante un fin de semana�. �Y los hijos? Que se busquen la vida...

As� ocurri� con el Aborto: �A ver, �qui�n es el inhumano degenerado capaz de negarle el derecho a disponer de su cuerpo a una disminuida ps�quica, menor de edad, violada por su padre, por su hermano y por el t�o del butano; con un feto monstruoso de incierto progenitor creci�ndole en el vientre, que adem�s conllevar� ineludiblemente un grav�simo riesgo para la vida de madre e hijo (y posiblemente tambi�n para el m�dico que atienda el parto), caso de empe�arse ciegamente en no interrumpir voluntariamente dicho embarazo?�. Acto seguido aparece, no el del butano, sino el t�o Paco con la rebaja (y con algo muy parecido a un bistur�), y la realidad nos abofetea con el criminal enga�o de que en nuestro pa�s el 99% de los abortos se ejecuta bajo el amparo legal (es un decir) de la remota posibilidad de que la madre pueda padecer un grave peligro ps�quico en su embarazo; lo que traducido significa, m�s o menos, que el psiquiatra de la cl�nica abortista debe firmar un papelito antes (o despu�s) de realizar la salut�fera faena. Y avanzando avanzando, ya tenemos la RU-486 con un nombrecito que asusta, y el pildorazo del d�a despu�s, que al final acabar�n regal�ndolo como oferta especial de un men� familiar en McDonald�s.

As� est� ocurriendo con la Homosexualidad, aunque en este caso se trabaje el asunto en un aspecto victimista colectivo m�s que como un lacrim�geno caso individual, presentando a los homosexuales como una minor�a supuestamente castigada (�por qui�n, c�mo y cu�ndo?) pese a que curiosamente nos dicen que todos los grandes �hombres� han sido homosexuales: ��Qu� clase de machista racista, fascista, taxista, taxidermista, xen�fobo y hom�fobo no admite que en los armarios existan otros seres diferentes de las polillas? �Pero si est� comprobado hist�ricamente que hasta el Capit�n Trueno tuvo su �momento Boris� con el jovenzuelo Crisp�n! Por no hablar de Roberto Alc�zar y Pedr�n..., algo mucho m�s fuerte, y que tuvo lugar en plena dictadura burlando inteligentemente la f�rrea censura franquista�. M�s adelante, vuelve otra vez el t�o Paco con la rebaja (aunque esta vez viene de San Francisco y con un atrevid�simo pa�uelo rosa), y ahora ya se nos exige, no s�lo el matrimonio entre gays y lesbianas, que es cosa liviana, sino el derecho de �stos a la adopci�n de criaturitas para orientarlas convenientemente mirando hacia Hollywood. La legalizaci�n de tr�os y dem�s pol�gonos amatorios, vendr� un poquito despu�s; paciencia...

As� tambi�n comienza a ocurrir con la Eutanasia, aunque en este caso a los defensores de la muerte (ajena, claro) se les escap� un aut�ntico caso estrella, el del tetrapl�jico Ram�n Sampedro, un caso que se present� cuando todav�a la sociedad no estaba suficientemente preparada para digerirlo; pero no importa, paciencia; ya surgir� (o convencer�n a) otro.

Y lo siguiente que ya merodea alrededor de nuestra puerta, es la Manipulaci�n Gen�tica: ��C�mo no permitir que se act�e sobre algunos min�sculos genes cuando se trata de salvar a una pobre ni�a enfermita? �C�mo no concebir un hermanito para que le done a su hermanita lo que sea menester para su supervivencia? �Qui�n es el fariseo capaz de invocar la �tica para dejar morir a una ni�a? �C�mo impedir la investigaci�n que nos conducir� a superar la esclavitud del dolor y la enfermedad?�. Y as�, poco a poco, nos ir�n adecuando el �nimo para recibir las barbaridades m�s escabrosas de una ciencia gen�tica sin l�mites de ning�n tipo que convertir�n al planeta en la isla del Dr. Moreau.

Estas batallas demag�gicas (tanto en sus medios como en sus fines), no dejan de tener su l�gica: si la vieja estrategia del Caballo de Troya funciona �por qu� cambiarla? Lo que no resulta l�gico, es que cuando analizamos cada uno de los anteriores objetivos a batir, podemos concluir que el objetivo final y �ltimo es acabar con la concepci�n milenaria y cristiana de la familia, y por tanto, con la l�nea de flotaci�n de la sociedad cristiana; y sin embargo, todas las anteriores �conquistas� han sido conseguidas en Occidente gracias a la acci�n u omisi�n, directa, de unos pol�ticos que no se cortaron un pelo al presentarse electoralmente apelando al voto cristiano e invocando como fundamento de su actuaci�n pol�tica el denominado Humanismo Cristiano; unos pol�ticos que no le hubieran hecho ascos a firmar la condena del mism�simo Jes�s, siempre que la opci�n sobre Barrab�s se hubiese adoptado conforme a un riguroso procedimiento democr�tico.

Estos introductores de tantos Caballos de Troya son responsables en gran parte de la actual situaci�n de descristianizaci�n de nuestra sociedad, capaz de asistir con cara de p�ker a los avances sociales m�s repulsivos, siempre que nos los presenten revestidos del m�gico tejido del progresismo, �nicamente apreciable a las inteligencias verdaderamente libres. �Hasta cu�ndo tendremos que soportar este enga�o?

 

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