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N�m 31, II �poca - Abril 2001 - Edita FE-JONS - La Falange |
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Provisionalidad de la Seguridad Social |
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Tolerar�s
al inmigrante Inmigraci�n
s� pero controlada Reconciliaci�n Una
cuesti�n de dignidad |
Cualquier decisi�n en materia de Seguridad Social merece una valoraci�n pol�tica por su alcance social y porque, en �ltima instancia, la protecci�n que el Estado otorga a sus ciudadanos responde, en gran medida, a la ideolog�a de quien lo gobierna. Dicho sea esto aunque las opciones ideol�gicas s�lo se debatan entre los estrechos m�rgenes del santificado liberalismo o del proteccionismo rampl�n, o aunque se justifiquen las medidas cualesquiera que sean, en incontrovertibles angustias financieras que ahora hacen inviable, una parte de los derechos que los ciudadanos cre�amos s�lidamente asentados. El preacuerdo alcanzado el paso 30 de marzo entre el sindicato CC.OO. y el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales sobre el futuro de las pensiones, contribuye en muy poco a despejar el futuro incierto que se cierne sobre la Seguridad Social espa�ola. El sistema espa�ol es un sistema de reparto en funci�n del cual, los empresarios y trabajadores en activo y ocupados financian con sus contribuciones a la Seguridad Social, las prestaciones que el sistema regula: pensiones de jubilaci�n, seguro por desempleo, pensi�n por incapacidad laboral temporal, orfandad, viudedad, etc. Por su importancia cuantitativa, las pensiones de jubilaci�n son el centro de las m�s importantes propuestas de reforma; adem�s son las que m�s condicionadas estar�n por la evoluci�n demogr�fica. El condicionante demogr�fico puede expresarse de la siguiente forma. En 1964, la tasa de fertilidad de la mujer espa�ola era de 3 hijos por mujer en edad f�rtil mientras que en la actualidad, esa tasa es de 1�2 (pi�nsese que el nivel de remplazo de la poblaci�n es de 2�1 hijos por mujer). El primer dato refleja el fuerte crecimiento de la natalidad durante el periodo que se extiende entre 1960 y 1975. Estas generaciones cumplir�n 65 a�os entre 2025 y 2040. Al comienzo de este periodo se calcula que la poblaci�n de m�s de 65 a�os representar� el 30 por cien de la poblaci�n en edad laboral (aquella que se encuentra entre los 16 y los 65 a�os). Al final de ese periodo, en torno al a�o 2040, la poblaci�n que superar�a los 65 a�os ser�a superior al 50 por cien de la que est� en edad laboral. Cualquier estimaci�n realizada para un periodo temporal tan lejano es deudora de las hip�tesis sobre las que se realiza; bastar�a modificar alguna de ellas para que las cifras finales tambi�n lo hicieran en un sentido u otro. Baste para ello suponer un cambio en la tasa de actividad de la mujer en Espa�a, o en la tasa estructural de desempleo espa�ola, para que el impacto financiero sobre el sistema de la Seguridad Social, consecuencia de la mencionada evoluci�n demogr�fica, fuese muy diferente. Alarmismos a un lado, la natalidad en Espa�a es extremadamente d�bil y la longevidad es cada vez mayor; ambas tendencias se conjugan mal con un sistema de reparto. De ah�, a suponer que la evoluci�n demogr�fica espa�ola responder� ad infinitum a esos par�metros, media un argumento falaz de los propagandistas de los sistemas contributivos -la alternativa al sistema de reparto-, los cuales no encontraremos muy alejados de los centros financieros. Con una inflexi�n al alza de la natalidad espa�ola, el problema anterior se limitar�a a las generaciones de la explosi�n demogr�fica y la insuficiencia financiera del sistema quedar�a bien cubierta con el ya existente Plan de Reserva, o con la financiaci�n del d�ficit con cargo a los ingresos generales del Estado. De estas dos opciones, el preacuerdo entre CC.OO. y el Ministerio de Trabajo s�lo menciona la primera, pero lo hace de la siguiente forma. En primer lugar, afirma que las contribuciones a este fondo se realizar�an en la medida que lo permitan las posibilidades financieras del sistema, lo cual no compromete absolutamente a nada. Pero, en segundo lugar, hay otro aspecto que la escasa ambici�n del acuerdo ignora. El crecimiento econ�mico del que -cuestiones distributivas a un lado- disfruta Espa�a, deber�a permitir unos dividendos sociales m�s que suficientes para pertrecharse ante la insuficiencia financiera a la que el sistema de la Seguridad Social parece caminar. Finalmente, el acuerdo no contempla compromisos de largo plazo que deber�an estar vinculados al aumento de la natalidad. En Espa�a miramos al exterior �nicamente para contemplar lo que los conductores de la opini�n p�blica deciden. Un horizonte mejor oteado permitir�a tomar ejemplo de Suecia donde cada ni�o recibe una subvenci�n mensual del gobierno de 37000 pesetas, bajo el razonamiento de que el cuidado de los ni�os no s�lo es responsabilidad de los padres sino del conjunto de la sociedad. Otro tanto podr�a decirse de la pol�tica francesa de protecci�n a la familia. El acuerdo CC.OO-Ministerio de Trabajo tambi�n incluye otros aspectos de inter�s. Las mejoras en las pensiones de viudedad se saldar�an con un aumento de diez puntos sobre la base reguladora, aunque la �mejora� vuelve a hacerse depender de las posibilidades financieras de la Seguridad Social; tampoco aqu� llegan los dividendos de la expansi�n econ�mica. Las pensiones de orfandad se benefician del aumento en un a�o del l�mite de edad para percibir la prestaci�n, medida �sta que poco efecto tendr� a juzgar por el elevado nivel de desempleo juvenil que a�n existe. La sensaci�n que se obtiene de la lectura del preacuerdo es la lejan�a con la que cientos de miles de pensionistas en Espa�a ven la otra Espa�a; la que �va bien�. Los garantes del Estado construido a lomos del trabajo de las generaciones mayores, saldan sus deudas con horas de �T�mbola�, unos miles de duros a fin de mes y mucho mestizaje fotogr�fico entre liberales y progresistas. Jos� Manuel Cansino |