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FE
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La promiscuidad puede ser legal o admitida, deseable o detestable. Promiscuidad entre jueces metidos a políticos, abogados a editores, ex ministros ante los tribunales, periodistas a quienes nadie votó con más poder que el presidente del Congreso, banqueros en operaciones políticas, curas haciendo de estrellas de la tele (que haga lo que quiera pero que se quite el uniforme). Esto también forma parte de la promiscuidad legal. Promiscuidad entre la ley y la delincuencia. No puede ser de otra forma, la mezcla se hace en la periferia del sistema y se mantiene más intacto y resistente el centro, núcleo que queda más lejano a la ola de cambio.
Los norteamericanos la prefieren legal, se casan, se divorcian y se vuelven a casar. Así nos lo muestra al menos el principal órgano de propaganda y transmisión del estilo de vida estadounidense: el cine. La promiscuidad admitida es más europea y facilita la estabilidad del vínculo familiar legal. Las pantallas reproducen modelos de vida a imitar. Tampoco defienden el
modus vivendi mayoritario en EE UU sino en sus ciudades insignia: NY, LA, Washington, San Francisco... Queda una Norteamérica profunda que raramente se refleja en imágenes producidas, acaso en películas sobre sectas llamativas. Mi amigo Emilio dice que los niños españoles conocen mejor la conquista del Oeste que la de América, y es cierto que saben más sobre la Guerra de Secesión, por lo que
podrán explicar en el futuro mejor los problemas de integración de los estados del Sur, que sobre sobre las Guerras Carlistas, cuyo conocimiento ayuda en buen parte a elucidar lo peculiar en lo vasco hoy y algún matrimonio principesco.
El cine como vehículo cultural evidencia el poder y saber hacer de los Estados Unidos. No es la fórmula
acción+espectáculo+sexo+yes very well la que debe inquietarnos, sino ese proceso atomizante que sigue al establecimiento de un orden y moral puramente individual o la potenciación y mantenimiento de características obsoletas de la identidad local, un nacionalismo localista que entraría en conflicto con el Orden Mundial sino tuviera vocación de patio de vecinos
malhumorados y señalara como enemigo a la nación intermediaria.
Debates y actuaciones centradas en lo minúsculo ante las grandes migraciones, ayer vándalos y almohades, todos forman parte de nuestra identidad española porque han estado aquí durante siglos. Vamos, que dentro de mil años estudiarán nuestro presente como nosotros estudiamos a los asirios o a los sumerios. Las explicaciones se harán en torno a pueblos emigrando y poder político, que claro que predomina sobre el económico el cual apoya y participa. Racistas y antirracistas no pueden variar nada del comportamiento cultural de los pueblos. Ambos, en tanto militantes, realizan labores estériles porque la sociedad mediática es quien marca una pauta de opinión hegemónica, al igual que la economía desarrolla un comportamiento político.
Si estás famélico y ves en el horizonte de los sueños un vergel, ¿qué te detendrá? ¿Existe el derecho de propiedad de las naciones? ¿Por qué maketo, moro o sudaca? Tienen más en común un mafioso turco o gringo, un corredor de Bolsa japonés o norteamericano, no es su nacionalidad la que marca sus vidas. Y quienes deciden hoy sobre ese presunto derecho de propiedad de las naciones no son sus habitantes sino centros de poder que suelen estar situados en países ajenos. La clase
dirigente mundial, corrupta, impone a las sociedades valores diferentes a los utilizados por ella en su uso del poder, la sociedad viene siendo aculturada para seguir las pautas de comportamiento que facilitan la perpetuación de esas clases dirigentes, bajo el lema 'no os quedéis con las ganas, quedaros con todo'.
La identidad responde al propio estilo de vida en un entorno específico con un presente determinado. Y el estilo de vida, entorno y presente vienen marcados por la situación de poder (económico, político, social) de cada cual. Poder siempre promiscuo pues mezcla, roba, chantajea, compra y soborna. La promiscuidad total, de ella han derivado en sus conflictos menores la guerra total y eso tienen.
Si tenemos derecho a intervenir en Irak, Somalia, Granada, etc. tenemos también la responsabilidad del hambre en Sudán y la delincuencia en Colombia.
Vázquez de Castro |