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Maldiciones
A los ateos
¡Vosotros que en el Buen Dios
no creéis o le ignoráis!
¡Vosotros que mancilláis
esos dones que nos dio
cuando, donoso, formó
con vil y baja materia
esas nobles existencias!
¿Por qué le olvidáis, ingratos,
con afán de despojarlo,
a quién debéis reverencia?
Él os dejó en esta vida.
No os exigió nada a cuenta.
¡Es más! De manera cruenta,
por sacaros de la sima
sufrió muerte cruel e indigna.
No debéis de profanar
a la divina piedad.
¡A vosotros os maldigo,
que a quien sólo bien os da
le tenéis por enemigo!

A los lascivos
Vosotros, seres profanos
que en el deleite carnal
pensáis el gozo alcanzar,
en un sueño perturbado
por la visión del pecado,
¿dónde olvidáis la pureza
y el honor? ¿En qué malezas
espinosas las perdisteis?
¿El placer de que os nutristeis
os donó más entereza?
Halláis el goce sufriendo
y haciendo que sufran otros,
mas ha de llegar día pronto
que sufráis el cruel tormento
del lascivo desenfreno.
El Buen Dios siempre fue puro.
No logró el placer del mundo
encender en Él lujuria.
Os maldigo por la injuria
que le haréis hasta el sepulcro.

A los avaros
Vosotros que en las riquezas
fijáis la dicha mayor,
vosotros que en el color
del oro de las monedas
fijáis la dicha terrena,
vosotros que en el tener
no tenéis mayor placer
sois vampiros de los seres
que son mártires sostenes
de vuestra codicia y sed.
¡No prediquéis la largueza
no queriendo compartir
ni el aire con que vivís
sobre la faz de la tierra,
aún no siendo cosa vuestra!
Destrozáis sueños sencillos,
no dais limosna al mendigo,
a nadie amáis sino al oro,
vivís por vuestro tesoro...
¡A vosotros os maldigo!

A los tiranos
¡Vosotros que sojuzgáis
los derechos de los hombres!
¡Vosotros que en el desorden
el poderío lográis
y a los súbditos vejáis!
Vuestro poder es incierto,
sin más ley ni fundamento
que ésa vuestra voluntad.
No existe en vuestro reinar
más que un sordo desconcierto.
¡Hollasteis derecho humano
en vuestro afán de gobierno!
Provocasteis un infierno
con vuestro mandar profano
y caprichos de tirano!
A los pueblos sometidos
a vuestros locos designios
privasteis de libertad,
que de vida es el manjar...
¡A vosotros os maldigo!

A los hipócritas
Engañosos en palabras,
en actos y pensamientos,
no hay verdad en vuestro aserto.
Vuestras miradas son falsas,
al igual que vuestras almas.
No fiáis en los demás
al no poderos fiar
de vuestra conducta y regla.
¡Sois dignos de mayor pena
por tamaña falsedad!
Es vuestro goce el fingir,
no sois malos comediantes.
¿Fingís por amor al arte
o es que no podéis vivir
sin mentira? ¿O porque sí?
Me dais pena, que en la vida
es traidora la mentira
como un arma de dos filos.
¡Yo os conjuro y os maldigo
que os hiera la cuchilla!
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