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Raquel
Desde mis ojos el llanto brotó vivo,
desde mis ojos la pena triste y cruel.
¡Nadie me quiere!
Confío todavía
en que algún día
me quieras tú, Raquel.
Mi alma solitaria pide ayuda.
Tus besos solamente la han de dar.
Mas soy indigno.
No merezco
tus dulces besos...
¡Tan grande es y tan torpe mi maldad!
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