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Triunfar... o morir.
Ésa es mi empresa.
Que la llama de la Gloria me consuma
o que, solo,
descienda hasta el sepulcro.
Si me ignoran...
¿qué más me da la vida
si no saben que existo yo en la tierra?
Que los seres de espíritu ambicioso
con la Gloria se acuestan en el tálamo
y fecundan con ansia mil ensueños
que vivaces despiertan al bullicio,
por la madre paridos con ropajes
de alta gala y brocados fastuosos.
En el seno de virgen de la Gloria
las ideas profanan la pureza
y tras parto brutal y doloroso
viene el goce
de ver los hijos sanos.
Si el amor es estéril
y la idea
no fecunda, perdiéndose en los sueños,
en esas noches frígidas de invierno.
Con la musa yo duermo y a su roce
mi pasión se despierta con fiereza;
con mis manos febriles yo la busco,
deseando gozar de su belleza.
Si no pare, ¡no sirvo para nada
y mi vida para siempre será yerma!
¡Eso nunca! O dar hijos al mundo
o, por menos, hacer fértil la tierra.
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