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Maldecir del pasado es un
engaño
para ver de paliar un tanto el daño.
Al fin y al cabo, esa mujer me quiso.
Ofender su memoria no es preciso.
Antes bien, procuraré ser indulgente,
recordando su rostro complaciente,
aquella faz que se llenaba de alegría
cuando cansada llegaba y la hacía mía.
Fue un cariño fugaz, eso es bien
cierto,
pero en verdad deseo no haya muerto.
Que viva alegre y muy feliz. Y el pareado
se acabó porque el cuento se ha acabado. |
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