He contemplado la calle
de cuando tuve diez años.
Entonces no había aquí nadie,
hoy gente brota de un caño.
Recuerdo que aquí aparcaban
dos automóviles viejos,
dos sobrantes de la guerra
que salvaron el pellejo.
Y a mis diez años anduve
por medio de la avenida,
detrás un corro de gentes,
para dar la despedida
a mi padre, que había muerto,
que en una carroza andaba
en su último viaje
a su última morada.
¡Cómo han cambiado los tiempos!
Hoy mil coches van lanzados.
De repente se detienen,
que el semáforo ha cambiado.
¡Cómo ha cambiado la vida!
¡Cuánto y cuán es diferente..!
Antaño aquí nadie hubo,
hoy está llena de gente.
Y es que los años no pasan
sin llevar nada de balde.
Yo lo intuía de siempre,
me he cerciorado esta tarde. |