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He envejecido veinte años en
un día.
Menos tiempo, mejor, para la tumba,
que tengo el alma ya deshecha
de soportar dolores y torturas.
Hoy es el final, no me confundo.
Deseando acabar estoy con todo.
Con los versos, amores, fantasías.
Mejor, sinceramente, dormir solo.
Y si es en un lecho de madera,
en una negra caja mortuoria,
¡mejor! que allí se acaban ya los sueños,
esos sueños de un día hallar la gloria.
Pobre fui y de ruines pensamientos,
a ver si en otra vida cambio en algo.
Porque es que en ésta, ni siquiera
lo que en mortaja gasten sé si valgo.
Adiós mis poesías, mis quimeras.
Adiós a aquellas que amé tanto.
No fui amigo jamás de despedidas,
Así que ya, sin más, cojo y me marcho.
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