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Si por ver mis escritos
publicados
tuviera que decir lo que no siento,
saldría de mi pecho tal lamento
que llegara a los cielos estrellados.
Que mi sino, sin duda, está en los
Hados;
no en las manos de nadie, aunque un portento
me llenase de gozo y de contento
halagando mi oído sus recados.
Libre soy de expresar mi sentimiento
me cueste lo que cueste. Y mis pecados
tan sólo a un sacerdote se los cuento
si es que quiero que sean perdonados.
Y mejor, a mi Dios. Menos violento,
porque existen también curas malvados. |
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