El fantasma invisible

  Pensando en la mañana de aquel día
en que al sur caminé tras la aventura,
confieso que mi audacia y mi osadía
pudieran confundirse con locura.
Resultó tan fatal tal alegría
que en mi alma la herida no se cura;
ha transcurrido ya tiempo suficiente,
mas alberga el fantasma aún en mi mente.

He intentado borrar aquel recuerdo
refugiando mi amor en diez amantes;
buena prueba de no sentirme cuerdo,
como si cinco no fueran ya bastantes.
A las diez supe amar y bien me acuerdo
que logré disfrutar bellos instantes.
Pero al cabo tornaba su memoria,
monótona y tenaz como una noria.

Así que ésta es la historia, amigos míos,
a un deseo imposible encadenado.
Lo mismo que a la mar marchan los ríos,
mi cauce hacia su amor está trazado.
Se seca su caudal en los estíos,
mas luego en el invierno ya no hay vado.
¿Cómo lograr borrar ese invisible
tormento de mi vida? ¡Es imposible!

 

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