| |
Poeta que rematas el soneto
con brillo, con donaire y elegancia,
dejando en las cuartillas la fragancia
de tu verso genial, vivo e inquieto,
no podrán a tu mente poner veto
ni la envidia feroz ni la ignorancia
que te quieran prestar. La Musa escancia
en tus versos icor; y, así, repleto
de esa cálida y mágica ambrosía,
tu pluma ha de volar, ágil, briosa,
en busca de la rima consonante,
llenando tu poema de alegría,
buscando un colofón que huela a rosa
e imite los destellos de un diamante.
¿Has puesto fin feliz a tu tarea?
La Musa al contemplarlo se recrea. |
|