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Cuando Alejandro el Grande se
encontraba
a orillas del río Gránico, impaciente,
las lágrimas brillaron en su cara.
- ¿Qué tienes, mi señor? ¿Qué es lo que sientes?
¿Acaso tienes miedo al enemigo,
muy superior en número a nosotros? -.
- No lloro por temor, buenos amigos,
sino pensando que todos estos mozos
que, fieros, hoy se aprestan a
batalla,
ajenos a la muerte, a cualquier daño,
gallardos y valientes, con agallas,
habrán muerto ya todos en cien años.-.
Así de duradera es la victoria,
apenas si pervive algunos días.
La fama y el valor son sólo historias;
y a veces, muchas veces, son mentira. |
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