Si cantar por cantar es mi
manía
no puedo yo callar aunque quisiera.
No tengo ya la voz de primavera
pero entonar aún puedo todavía.
Recuerdo aquella tarde de aquel día
que entoné las escalas por primera
ocasión, que sentí cómo ligera
brotó la voz del vientre. ¡Qué osadía!
No quería forzarme el buen maestro
ni alcanzar de mi techo las alturas;
pero yo presumía de ser diestro
y me subí hasta un do con florituras.
Sí, al de pecho. - Muchacho, ¡tú estás loco! -.
Dio un gran grito. - Se aprende poco a poco... |