¡Cuidado con las atletas!

  ¡Hay que ver cómo corren las atletas!
Mirar su galopar es un desmadre.
Lo malo es que no tienen muchas tetas,
en eso se parecen a su padre.

Y las hay, sin embargo, que su aspecto
es de frágil gacela voladora.
Nunca a gusto de todos, en efecto,
cae la lluvia, que hay gente que la implora

y otros muchos suplican que no llueva.
Es que la suerte está mal repartida,
a alguno toca el Gordo y va y se lleva
lo que no ganaré nunca en mi vida

mientras otros pernoctan en la calle
cubiertos de unos míseros cartones.
Hay mujeres con un hermoso talle
y mucha que no cabe en los calzones.

Unas altas y flacas, otras gordas,
pequeñas también hay, la mar de majas,
las hay que nunca escuchan sin ser sordas
y otras para decirles: ¡Lo que rajas!

La Viña del Señor está repleta,
para gustos existen los colores.
Mas tornando al asunto de la atleta,
hay algunas que son casi señores:

Las que lanzan el peso, o el martillo.
¡Vaya estampa que tienen las señoras!
Si ofrecen pasar juntos un ratillo
habrá que mirar bien, que luego lloras.

Que alguno, equivocado, se fue al río,
contaba Tip, pensando era mozuela.
Y luego resultaba ser un tío,
que por menos de nada se la cuela.

Así que habrá que andarse con cuidado
y pedir una fe de nacimiento,
no vaya a ser que busques buen pescado
y te encuentres con carne en el asiento.

 

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