El golpe de la máquina
golpea
con ansia, torpemente, en mis oídos.
No acierto a adivinar ni lo que sea
mas hace que despierten mis sentidos.
Transcurre lentamente la mañana
para mí que estoy solo, aquí escribiendo,
pero cerca de mí, con mucha gana,
la gente sus labores sigue haciendo.
Hay que acabar la obra y su trabajo
cada cual desempeña eficazmente.
Mientras todos se afanan en el tajo
aquí sentado estoy tan ricamente.
Si no me dan qué hacer no es culpa
mía,
lo que a mí me ordenaron lo he pedido.
Si no me han contestado todavía
será que contestarme no han podido.
Si mañana no obtengo la respuesta
entonces seré yo quien bien se queje
a aquella que me hizo la propuesta,
que sepa la maraña que se teje
capaz de sofocar mis peticiones.
Que tome las medidas pertinentes
para que ellos atiendan a razones
y dejen ya de ser impertinentes.
Espero que no tenga consecuencias
y que a la calle mi jefa no me eche,
que ya tengo dos tristes experiencias
de dos que me mostraron mala leche.
El uno fue un estúpido insolente,
el otro un mentecato sin sentido;
pero ya no hay rencor ni mi alma siente
pudor, pues nada malo he cometido.
A mí quien me la hace me la paga,
es cosa que ya he visto y comprobado.
Será que tengo alguna amiga maga...
Espero que esté siempre de mi lado. |