|
XXXIX
En tanto que yo lloro abandonado,
tú ríes con los otros, con placer.
¿Es justo que el dolor, uno tan sólo
se vea condenado a padecer?
Tú dices que hay un Dios... Si es eso cierto,
justicia a los pecados ha de hacer.
El día que llamemos a Sus puertas,
¿quién de nosotros dos verá Su tez?
A
poema anterior
A
Menú
A poema siguiente
|