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XXII
De la lira brotaron las notas
al igual que ayer
y a su acorde siniestro en el alma,
me sentí perder.
A tus gracias la lira tan dulce
ya no ha de tejer
una hermosa capa de rosas sangrienta
y blanco clavel.
¡Ay, que si se calla su voz angustiosa
ya no ha de volver
a alegrar con sus notas sombrías
triste atardecer!
Ya una cuerda se ha roto, gritando
la sorpresa cruel;
ha quedado suelta, pendiendo hacia el suelo,
inmóvil, sin ver...
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