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CVI
Vuelva de la mísera sonrisa
el desprecio implacable a amanecer,
del letargo tu pecho se despierte,
renaciendo a la vida como ayer.
De tus ojos los rayos iluminen
las tinieblas del día y de la fe,
que tus pasos caminen más ligeros,
que la brisa feliz calme tu sed.
Y después, en la cumbre del camino,
si volvieras los pasos hacia atrás,
alto el pecho, atrás la altiva frente,
dile adiós y torna a caminar.
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