De nuevo

Llegaste a mí de las sombras
y tornaste en luz radiante
lo que tan sólo penumbras
hubo sido en horas antes.

Es morena, cual aquella,
pero es más dulce si cabe.
No me quiere, pero al menos
no ha hecho brotar mi sangre.

Nos miramos los dos en los cristales
de los ojos, tal vez sin conocernos.
Yo la vi nebulosa, por el vino.
Ella vióme tan sólo loco y ebrio.

 

 

 

 

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