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El pajarillo
La tormenta se agolpaba
en lo cielos y rugiendo.
Se iluminaban las ondas
infinitas, con su fuego.
El inerme pajarillo
se estremecía gimiendo
en la rama del anciano
azotado por el viento.
Estaba solo en el árbol,
a su compañera viendo
en otro árbol lejano,
contemplándole con miedo.
El pajarillo temblaba
de temor pero, sintiendo
la llamada de la hembra,
se lanzó a cruzar el cielo.
Vino la racha de aire
azotándole en el pecho.
No pudo seguir volando,
viniendo a caer al suelo.
Vio la hembra, con terror,
morir a su compañero.
Quedó sola allí, piando,
queriendo llamar al muerto.
Y cuando el sol encendióse,
cuando volvió ya el contento,
vi a la hembra que, orgullosa,
alzaba otra vez el vuelo.
Y, ¡oh ingrata criatura..!
Que un reluciente jilguero
iba volando a su lado
por los azules senderos.
Y allí, solo, quedó en tierra
un cadáver descompuesto.
Al sol sus carnes expuestas
cual símbolo de amor eterno.
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