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Yo no entendía
Yo no entendía las Rimas del maestro,
tan pronto alegres cual trágicas después.
Yo no sabía por qué tan bruscos cambios.
Yo no sabía... ¡Mas hoy sí que lo sé!
No comprendía mi mente sin camino,
cuando gozoso gozaba su querer,
cómo cantaba, su espíritu embriagado
de amor y luego lloraba su desdén.
También por una tarde fui dichoso;
de amor eterno promesas escuché.
Mas luego de esa rato idolatrado,
¿a dónde la promesa, di, se fue?
Y aunque el poeta sufriera por Elisa
más veces mil pesares que yo por ti, mujer,
en algo le aventajo: ¡Gustavo la amó siempre!
Mas yo ya no te amo. ¡Yo te amé!
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