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La guinda Son de resaltar las manifestaciones del señor don Javier Clemente. Ya el mes pasado hablamos de él y no nos gusta ser reiterativos, pero es que las declaraciones del buen señor no tienen por dónde cogerse. Él, dice, no se arrodilla más que cuando va a Misa. Lo cual nos parece muy bien, que hinque la rodilla ante Dios. Pero que no admita sus errores y no avenga a pedir excusas ante su crasa ignorancia, su prepotencia, su mal hablar y, sobre todo, la chulería por la que anda por esos mundos, nos parece demasiado. De sabios es reconocer los errores. Nos tememos que cuando estas páginas estén en la calle, don Javier esté en el mismo sitio. Pagaríamos con gusto a quien nos vendiera las fotos de verle correr por la calle de la Sierpe, perseguido a cantazos por los aficionados del Betis. Que no sea lelo y se vaya, aun sin la pasta gansa, para el Nervión antes de que acabe en el Guadalquivir, con una piedra de molino atada al cuello. |