El astuto Borrell

La dimisión del candidato a la Presidencia del Gobierno por el PSOE, don José Borrell, no ha sorprendido en demasía a los expertos en política. Desde hace tiempo se venía haciendo notar que el candidato que se levantó contra el Secretario General de su Partido, exigiendo que existiesen unas primarias en las cuales, inopinadamente, venció a su contrincante, no era bien visto por sus correligionarios.
Y es que Borrell jamás ha sido un hombre que se haya hecho acreedor a muchas simpatías, ni entre sus compañeros ni entre sus adversarios. Es, en suma, una persona que se hace antipática sin que podamos definir exactamente el por qué. Tal vez haya sido su trayectoria por el Ministerio de Hacienda; tal vez su mismo rostro, que nos recuerda a Maquiavelo... El hecho es que se han publicado muchos chistes en la Prensa en los que aparecía con puñales clavados en la espalda mientras que sonreía a troche y moche.
Lo extraño de su postura es que haya presentado, voluntariamente, su dimisión, en un país en el que, como muy bien sabemos, nadie está propenso a conjugar tal verbo. Hasta los mismos académicos de la Lengua están pensando en suprimirlo del Diccionario, sobre todo en su conjugación en primera persona... Así que nos quedamos con la duda de si ha dimitido o de si le han obligado a hacerlo, conscientes como están los socialistas del escándalo levantado en la Hacienda catalana por parte de funcionarios afines al candidato. Como ha dicho el señor Arenas, Borrell tendrá muchas cosas que explicar algún día...
Lo malo para los socialistas es que les ha dejado compuestos y sin novio; es decir, sin un candidato que se decida a pasar por las urnas enfrentándose a un Aznar que, quiérase o no, cada día va subiendo en las encuestas. No es de creer que ninguno de los barones del PSOE que gozan de respaldo popular y que gobiernan en distintas Comunidades se vaya a jugar el tipo en unas elecciones que están seguros de perder. Y González menos. Él puede ser el contrincante para dentro de cinco años, pero es demasiado listo para intentar un asalto suicida a la Moncloa el año que viene.
Ya sólo queda Almunia, que arrastra el lastre de haber sido derrotado por Borrell hace poco más de un año y que, seguramente, será el chivo expiatorio que tenga que dar la cara ante el P.P. Su importancia como político, siempre nos remitimos a las encuestas, es mínima y no creemos que los socialistas tengan mucho reparo en sacrificarle.
Ha sido astuto Borrell, Viéndose con el agua al cuello por las investigaciones de Hacienda que, si se demuestra la mitad de lo que se imagina, van a traer cola, y casi seguro perdedor de las próximas generales, ha preferido escurrir el bulto e intentar capear el temporal. Tal vez haya acertado.

A Primeraclase

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