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EDITORIAL (Mayo 1999) Violencia Letal Desde luego, parece que vivimos en un mundo de locos y no nos sorprende en absoluto que muchos partidarios de algunas sectas anuncien el próximo fin del mundo. En todas las actividades de la vida cotidiana y, lo que es peor, en todo el planeta, no sólo en el llamado tercer mundo, la violencia campa por sus fueros. Lo que ayer era noticia sorprendente y extraordinaria, hoy se convierte en un mero suceso ante la gravedad de los hechos que nos presentan en este momento. La escalofriante matanza de Denver, dos chiquillos armados hasta los dientes con toda clase de mortíferos utensilios, se queda ahora pequeña ante el chaval que espera, en Canadá, a un compañero para darle muerte o ante las bombas de metralla en Londres contra diversos colectivos. Palizas a inmigrantes en nuestro país, apuñalamientos de mujeres, violaciones, venganza indiscriminada contra los violadores, etc... Cuál es la causa de toda esta frenética locura... Quizás los psiquiatras, los psicólogos o los sociólogos nos lo supieran explicar. El único hecho fehaciente es que nos tenemos todos un rencor, que nos la tenemos jurada, que estamos esperando que nos pisen un pie para responder con una bofetada, que no se corresponden con la época de avanzada tecnología que gozamos, cuando el bienestar nos debería volver mucho más complacientes con nuestros semejantes. Y la culpa la puede tener el aislamiento. No hace tantos años, en el Madrid castizo de entonces, todos los vecinos se conocían y se echaban una mano. Hoy, ahora, todos nos encerramos en nuestras casas colmenas, con nuestras puertas blindadas y nos dedicamos a ver la televisión. Si molestamos al vecino no nos importa, porque como no sabemos quién vive al lado... La máxima estadounidense, "un hombre, un voto y un arma", se está convirtiendo en realidad en todo el mundo. ¿Cuántos muchachos acuden un fin de semana a un centro de ocio llevando en el bolsillo una navaja? ¿Cuántas tribus urbanas, enfrentadas unas con otras en feroz guerra, existen ante la mirada atónita de las gentes? ¿Por qué la xenofobia hacia el extranjero que no nos ha causado el menor daño pero que no forma parte de nuestra cultura o etnia? ¡Tantos por qués habría que responder y sin conocer la respuesta, que se nos hace imposible hacerlo! Ayer, cuando la guerra de Vietnam, florecieron los "hippies", aquellos que proclamaban HACER EL AMOR Y NO LA GUERRA. Fueron jóvenes que se rebelaron contra una situación extrema. Hoy, ante la terrible guerra en los Balcanes, debiera revelarse un movimiento semejante, una insumisión contra la violencia consentida por una sociedad que no sabemos a dónde nos conduce, "El hombre es un lobo para el hombre", sentenció el filósofo. Se quedó corto. Desde la humilde tribuna de nuestra Revista queremos infundir a todos los lectores un poco de esperanza y animarles a que colaboren en lo posible a difundir el optimismo. No en vano hay que poner muchos más músculos de la cara en movimiento para gritar que para sonreír. Eso está demostrado por los médicos. |