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Entrevistas Los
españoles desde siempre han emigrado a todo el mundo ¿Inmigrantes?
Sí, pero... Desde hace
años una ola de inmigración “ingrata” sacude a nuestro país
PC.- ¿Qué te pasa, Hristo?
Pareces de mal humor. - le preguntamos. Hristo.- ¡Estoy harto de la
conducta de ustedes para con nosotros, los inmigrantes! PC.- ¿Nosotros? ¿Los españoles? Hristo.- No. Con la de su
Gobierno. Esas palabras dieron origen a
una charla, una entrevista y, en fin, a este artículo. En él no
tomamos partido. Simplemente transcribimos las
opiniones de un inmigrante legal. Y así lo hacemos. PC.- ¿De dónde eres, Hristo? Hristo.- Soy rumano, aunque
hace casi nueve años que vivo en España. Antes pasé por otros países,
Alemania, Suiza, Italia, Francia... hasta que recalé en su hermoso país.
Y aquí me he quedado. Aquí conocí a mi compañera, a mi mujer, española.
Aquí trabajo, he adquirido mi vivienda y mi coche, pagándolos con mi
esfuerzo. Y de aquí, si Dios quiere, no me moveré. PC.- Y, ¿qué tiene que ver
con tu malestar de hoy todo ello, Hristo? Hristo.- Pues que han venido
unos vendedores de La Farola, rumanos como yo, y me han pedido algo de
comer, así por la cara. Todas las noches viene una chinita, vendiendo
rosas, y estoy harto de ver chinos y magrebíes vendiendo ilegalmente
tabaco en plena calle. La Policía pasa a su lado y no les dice nada. Yo
tengo que ir periódicamente a renovar mi permiso de estancia, hasta que
me concedan la nacionalidad española, que tengo solicitada. PC.- ¿No has pensado nunca en
volver a tu patria? Hristo.- ¡Ni regalado! Sufrí
la peor tiranía o dictadura que se puede tener. En España me dejan
trabajar, vivir en paz, la gente es amable... Claro que tengo que
trabajar en algo que no es mi oficio, pero... ¡qué voy a hacer! PC.- ¿Cuál es tu oficio,
Hristo? Ése que dices que no puedes ejercer aquí... Hristo.- Profesor de Lengua y
Literatura. Soy Licenciado por la Universidad de Bucarest, pero aquí.
en España, no hay mucha gente interesada en aprender el rumano. A pesar
de que es una de las lenguas latinas, junto con el italiano, francés,
romande, español, portugués, pero... PC.- Y, ¿qué te molesta de
tus compatriotas y de otros inmigrantes que recalan en España? Al fin y
al cabo, tú has sido uno de ellos... Hristo.- Sí, pero yo me lo he
ganado todo trabajando, sudando como un bendito. Los que llegan ahora,
vienen huyendo no de un régimen dictatorial sino de su propia vagancia
en mi país. Se fueron porque no valían
para nada. De todas partes les rebotaron, hasta que
Para mí ya no es un orgullo
decir que soy rumano, porque me afinan a un colectivo que por desgracia,
está en la mente de todos: de maleantes. PC.- ¿No crees que eres
demasiado duro con tu propia gente y con otras etnias que nos visitan y
que viven aquí? Hristo.- ¡Para nada! A mí,
todo el que venga a vivir aquí, a trabajar, a dejarse la piel, como
fueron en su época los españoles, a Alemania, a Suiza... me merece
todo el respeto. Pero los que vienen a vivir del cuento, a explotar sus
desgracias, a vender lo que sea vistiéndose con los trajes típicos de
mi país para llamar la atención, a meterse en la mafia del tabaco de
contrabando, no tiene perdón de Dios. Lo que ocurre es que
en España, los Gobiernos que he conocido son demasiado blandos,
tienen la manga muy ancha, admiten a todo el mundo... En Francia, por
ejemplo, no ocurre eso. Si no cumples con los requisitos establecidos,
te ponen en la frontera y ¡á bientot! PC.- ¿Cuántos idiomas hablas,
por cierto? Hristo.- Pues, dominar, domino
español, italiano, francés y alemán. Me defiendo en portugués y en
inglés. PC.- Y,
con cuatro idiomas completos y dos más a medias, que suponemos
de muy alto nivel, ¿no has conseguido otro trabajo que el que ejerces,
muy digno, de camarero? Hristo.- Pues, no. El hecho de
ser inmigrante te condiciona. Hace años, todos los españoles que iban
a Inglaterra trabajaban de camareros, ¿no lo sabes? PC.- Es cierto. Pero, ¿ni con
tu Licenciatura? Hristo.- Imposible. Hay mucho
inmigrante y se nos juzga a todos por el mismo rasero. Somos extranjeros
y venimos a buscarnos la vida. Claro que, para unos es diferente... PC.- Has mencionado los
vendedores de periódicos como, por ejemplo, La Farola, ¿qué ocurre
con ellos? Hristo.- Pues, mira, hay
mujeres mayores o con hijos que la venden. Pobrecillas, no pueden hacer
otra cosa. Pero hay hombres jóvenes que están también en ello. Ellos
podían estar trabajando, como yo, en lo que fuera. A esos no se lo
perdono. Dejan la imagen de mi país y la de otros por el suelo. Son
unos vagos. PC.- Huiste de una dictadura.
¿Sabes que en España hubo otra? Hristo.- ¡Pero qué dices,
amigo! ¡No tienes ni idea! Vosotros padecisteis una dictadura
con Franco. De derechas. Nosotros y todo el mundo afín de la U.R.S.S.,
padecimos una dictadura y una tiranía. No se puede comparar. Es que no
sabes lo que eso fue. PC.-¿Quizás como Cuba, ahora? Hristo.- Mejor ni hablarlo. PC.- ¿Te sientes inmigrante? Hristo.- Me siento español.
Amigos lectores, no hemos
tocado ni una letra de la entrevista, no opinamos, pero lo que está
claro es que si los españoles fuimos bien recibidos allí donde fuimos,
debemos acoger con gusto al que bien nos venga. Al que venga de
“cara”, pues como dijo Hristo: ¡Puerta! Por supuesto no deseamos implantar esta actitud. La
controversia está planteada. Si alguien quiere rebatirla, abiertos
tiene nuestros buzones y e-mails. Primeraclase lo único que plantea,
apoyándose en la entrevista con Hristo, es que, quien venga a trabajar
y con buenas artes, bienvenido será.
Al que venga de “extranjis”, con falso pasaporte... con ése,
como dijo él: ¡A la frontera! Cuando venimos a la Redacción,
calles Goya, Conde Peñalver, Ortega y Gasset, nos asaltan por doquier
pedigüeños, mendigos, drogadictos...
gente que no es la nuestra. A
nosotros nos exigen pagar el IVA. y el IAE., por trabajar. A
ellos, nada. Los españoles nunca nos hemos
distinguido por ser racistas; más bien al contrario. Allá dónde hemos
ido, hemos dejado bien alto
el pabellón. Vamos, que hemos hecho patria. Nos hemos integrado. Hemos
reconocido nuestros mestizos. Somos una raza, como dijo Hristo, de
primera. Y sí hemos de reconocer algo: a los de segunda, no los
queremos ver ni en pintura. Y eso, que quede claro, no es racismo. Es,
simplemente, lógica. |