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EDITORIAL (Abril de
2000)
¡Vaya
batacazo..!
Nadie se lo podía creer, pero ha sido como la
primavera, que ha venido y nadie sabe cómo ha sido. Las elecciones del
pasado 12 de marzo han clarificado, creemos que definitivamente, lo que
desea el pueblo español: Paz, tranquilidad y trabajo, al margen de
ideologías de derechas o de izquierdas. Y está visto, y bien
refrendado en las urnas, que con este espíritu han votado los
españoles, tanto de un signo como de otro. Esperemos, pues, que este
voto de confianza dado o regalado, porque no creemos que sea merecido,
al Partido Popular y a su Presidente don José María Aznar, sirva para
algo. Si no, habremos metido la pezuña hasta el corvejón.
Habría que analizar las causas de la derrota trascendental que ha
sufrido la izquierda, con una pérdida de millón y pico de votos, pero
tal vez sea más práctico pensar que, de una vez para siempre, se ha
perdido el miedo a la derechona y a los recuerdos que origina. Para gran
parte de los votantes, la guerra civil y sus secuelas solamente son un
recuerdo e, incluso, historia que han leído en los libros. Y esto es
muy importante. Todos sabemos que los elegidos son hijos de aquellos que
detentaron el poder durante décadas, pero ya no parecen asustar a
nadie. En cambio, los llamados progresistas no se pueden quitar de
encima el olor a "felipismo" que bien se ha conocido durante
estos últimos años. Así que se ha preferido confiar en lo que puedas
ser y no en lo que ya se sabe lo que es.
Habría que considerar también que el señor Almunia no era el
candidato idóneo para liderar las huestes socialistas. Su derrota ante
Borrell en las primarias y su posterior recogida del testigo cuando
aquél abandonó, no le cualificaban para oponerse a un Aznar que, aún
salpicado por escándalos financieros dentro de Partido, tenía una
talla más que suficiente para hacerle frente. Y así ha sido. La
derrota ha sido estrepitosa y sin paliativos.
Decíamos en nuestra Guinda del número anterior que no nos parecía
correcto el abandono de su cargo por parte de Almunia. Y nos ratificamos
en dicha aseveración. NO se puede dejar sin cabeza visible a un Partido
ante un revés electoral, por duro que haya sido. Ahí creemos más
racional la postura de Izquierda Unida. Todo se mantiene igual hasta que
en un nuevo Congreso se busque al sustituto. Eso es lo que debería
haber hecho el PSOE y no dejar el cargo vacío y a la espera de que los
barones de hoy cojan el relevo mañana. Los socialistas no tienen más
remedio que hacer lo que en su día hicieron los Populares: Buscar un
hombre nuevo, que no tenga ataduras con el pasado y que no esté
involucrado en nada de aquello. Mientras no observen esta norma
tendremos PP para rato.
En definitiva, los resultados no significan que España se haya vuelto
de derechas de repente. Tan sólo se ha confiado en un sistema que
durante cuatro años ha funcionado mejor o peor, salpicado de algún que
otro acontecimiento tremebundo, como el caso Piqué o las andanzas de
Telefónica, pero que no han llamado la atención tan significativamente
como los escándalos que protagonizó el PSOE y que todavía están en
la memoria de todos. Se ha preferido al timador de guante blanco, bien
enfundado en un terno elegante y con una cartera reluciente que
atracador a mano armada, sucio, y raído, en que se nos habían
transformado los dirigentes del PSOE.
¿Habremos acertado? Lo deseamos. Pero, desde luego, el batacazo de la
izquierda a sido morrocotudo e histórico.
A
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