|
La guinda (
Abril del 2000)
Todos nuestros lectores conocen que la figura de
Jesús Gil y Gil no es santo precisamente de nuestra devoción y que
todos los meses nos tenemos que meter con él, por sus afanes de
protagonismo, sus ínfulas de poder y su desfachatez. Pero este mes no.
Hoy vamos a romper una lanza en su favor, cosa excepcional, pero es que
consideramos que ha sido víctima de un trato execrable e inmerecido, al
menos en su función de Presidente del Club Atlético de Madrid.
Gil ha sido perseguido por sus ambiciones políticas y le han castigado
donde más podía dolerle y más daño podían hacer a una afición
rojiblanca que no tiene la culpa. El orondo personaje posee otras
múltiples propiedades y cargos que le podían haber sido intervenidos o
vigilados. Pues no. Al parecer, el fútbol se prevé como un gran
negocio, todavía mayor que lo es actualmente, y alguien ha querido
aprovecharse de ello.
El mismo señor Rubí lo confesó: De quiebra técnica, nada. Lo que
hace falta es una inyección de capital.
¿Y quién se espera que aporte tal dinero sino un inversionista
aprovechado y con información privilegiada? Así que, al parecer, todo
ha sido una maniobra política y económica para abocar al Atlético a
caer en otras manos que no sean las de la familia Gil. Entiéndase como
se quiera: Telefónica, Prisa o cualquier otro grupo con poder
suficiente.
Lo consideramos un abuso.
A
Primeraclase |