GILICONDE

Casi todos los escritores, a lo largo de su vida y de sus obras, van rescatando palabras de nuestra Lengua que yacían en el arcano del olvido; unas, porque perdieron su vigencia de actualidad; otras, porque cayeron en desuso. A todas ellas les prestan un brillo actual y las incorporan al vocabulario moderno.
Hay otros autores que inventan, por así decirlo, nuevas palabras, basándose en el contenido de otras o por motivaciones del presente. De éstas, son pocas las que luego pasan al Diccionario de la Academia; las más se quedan en el argot diario de las gentes. Pero algunas sí son reconocidas por los Académicos.
Lejos de mis modestas pretensiones que la palabra que hoy les presento alcance tan altos honores, sí me agradaría que se incorporase al uso cotidiano, como una nueva expresión que manifieste una singular forma de actuar. Esta palabra no es otra que la que encabeza este artículo: Giliconde.
Definición, según mi particular Diccionario: Manera megalómana y egocéntrica de comportarse, destinada a alcanzar el poder por medio de la inocencia de unos votantes a los que se engaña a golpe de talonario o de falsas promesas. Así se llama a los que buscan huir de la Justicia, buscando la protección de una inmunidad parlamentaria a la vez que llaman la atención de la opinión pública.
Etimología: Nada tiene que ver con las lenguas muertas ni con extranjerismos. Su origen proviene de dos apellidos que están en candelero y en la mente de todos, Gil y Conde. En su origen no mezclo parecidos a otros de uso diario y origen ancestral, como gilipuertas, gilivainas, gilitonto y demás de sonoro y procaz contexto. Porque todas éstas, las citadas, significan casi siempre "tonto de algo". Y, desde luego, los dos personajes que me han inspirado la presente voz, de tontos no tienen un pelo. En cualquier caso, ambos pecan de demasiado listos. Jesús Gil, alcalde de Marbella, no es un idiota en absoluto y sabe que la única forma de enfrentarse a los juicios que tiene pendiente es aliarse con el Poder Constituido, robándole votos y haciéndose el imprescindible socio. Mario Conde es diferente. Él sí busca la huida de la cárcel, la vuelta a estar en el ojo del huracán en vez de verse recluido en una celda, tornar al poder...
Que ninguno de los dos va a alcanzar la Presidencia del Gobierno está más claro que el caldo de un asilo; pero que van a incordiar lo suyo y, tal vez sobre todo en el caso de Conde, a sacar escaño para el Congreso de los Diputados es muy factible. Y los dos con las mismas falsas promesas y argucias: Gil, basándose en que crea riqueza y trabajo allí donde desembarca (parece el bandido generoso) y Conde, alardeando de sus conocimientos de ingeniería económica y de su buen hacer comercial.
Los dos han visto el caso de José María Ruiz Mateos, que alcanzó el escaño de eurodiputado y se las han prometido felices. Pero el caso es bien distinto. El dueño de Rumasa ya ha salido ganador de uno de los juicios que tenía. Y seguro que ganará otros muchos. Porque Ruiz Mateos lo que hizo fue estafar al Fisco, deporte nacional por aquel entonces, más practicado que el fútbol mismo, pero no defraudó a sus socios ni empleados. Conde, y según queda reflejado en sentencia judicial, estafó a sus cuentacorrentistas e intento figurar en el primer puesto de la Política con fondos de extraña procedencia. Lo de Gil ya no tiene nombre: Sin ser convicto, todavía, buscar curarse en salud. Allí por donde pasa se sabe rodear de melifluos personajes que gozan de adversa fama en otros países. Y usa y abusa de su cargo para imponer sus criterios.
Así que queda inventada la palabra giliconde. ¿Se verá recompensado mi esfuerzo mental - que tampoco ha sido tanto porque el tema estaba mascado - con la aceptación de los castellanoparlantes? Sería esperar demasiado, pero todo se andará.

A Primeraclase

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