Crítica de Libros

 

Yo te diré...
La verdadera historia de los últimos de Filipinas (1898-1998)

De Manuel Leguineche

1898. España se hunde y Filipinas representa la última esperanza de un naufragio, que se desvanece lentamente... Manila, Cavite, Baler. Este libro es el intento de recoger sobre el terreno, con impresiones vivas y fuentes nuevas, la experiencia de hace cien años.
Con el testimonio de los descendientes de quienes dieron su vida por una quimera al fin destruida en desigual batalla. Un documento histórico y humano que narra la trágica lucha de unos hombres, a miles de kilómetros de su país, contada por quien recorrió, palmo a palmo, el escenario de los últimos de Filipinas.

(Digamos que un viejo truco de todos los medios de comunicación es crear la controversia entre su público. Para ello suele usarse el truco de publicar o emitir cartas contradictorias que "enganchen" al lector u oyentes. Esto sucedió con el asunto en cuestión. Primeraclase "recibió"  y publicó la carta que a continuación exponemos):

La gesta de Baler

Cien años después de la guerra en Filipinas

En los primeros meses de 1898, un destacamento de cincuenta hombres, al mando del capitán De las Morenas, partió de Manila a relevar a la mermada guarnición que en el pueblecito de Baler, al Noroeste de la isla de Luzón y a más de doscientos kilómetros al norte de la capital, se mantenía a duras penas en sus posiciones. Una vez efectuado el relevo y asentada la nueva tropa, la hostilidad de los insurrectos tagalos fue poniéndose cada día más de manifiesto. Sin otras órdenes más que las de mantener el puesto y sin poder recibir noticias del Cuartel General ya que los revoltosos dominaban el interior de la isla, ante el cada día mayor acoso de los nativos, el capitán De las Morenas y el teniente Martín Cerezo, oficiales al mando de la guarnición junto con el oficial médico doctor Vigil, decidieron atrincherarse en la misión franciscana alrededor de la cual se levantaba el pueblecito de Baler.

Allí se izó, pues, la última bandera española y la que por más tiempo se mantendría  alzada en los dominios españoles de ultramar.

El 27 de junio de 1898 la guarnición tomó posiciones y a partir de aquel instante comenzaron las hostilidades. EL asedio, los ataques con artillería y, sobre todo, la falta de alimentos y las enfermedades propias de tales latitudes, aumentadas por la escasez de víveres frescos, mermaron sensiblemente el número de las tropas españolas. Se hizo precisa una salida desesperada en busca de alimentos.

El capitán De las Morenas falleció, mientras tanto, a consecuencia de la malaria, tomando el mando el teniente Martín Cerezo.

Varias veces recibieron parlamentarios del ya ejército filipino, notificándoles que la guerra había terminado y que España se había retirado de las islas. Todo lo tomaron por añagazas del enemigo y continuaron en su puesto.

Por fin, tras la visita de un capitán español, que no fue creído y, por último, de un coronel que les llevó Prensa procedente de Madrid, Martín Cerezo descubrió por un detalle casual que la noticia del final de la guerra era cierto. Aun asustado por su terquedad en la resistencia, exigió de los sitiadores que la tropa abandonase el fortín llevando armas y pertrechos y que no fuese hecha prisionera. Si no se aceptaban sus condiciones, amenazó con una salida suicida, a la desesperada.

Los filipinos aceptaron y el 2 de junio de 1899, casi después de un año de asedio, la guarnición de Baler (30 sobrevivientes) arrió la bandera de España y salió con todos los honores.

Al teniente Martín Cerezo le fue concedida la Cruz Laureada de San Fernando, por su resistencia, valor y arrojo ante el enemigo. 

Fueron "Los últimos de Filipinas".

Alfonso Ríos de la Cal

Y a esta carta "prefabricada", Francisco Escobar Bravo respondió en nombre de Primeraclase:

Queridos lectores de Primeraclase: En nuestro último número de junio recibimos la colaboración que nos enviaba Alfonso Ríos de la Cal a nuestra sección EL RINCÓN DEL LECTOR, referente a la "gesta de Baler". Efectivamente, días antes, Televisión Española había proyectado la película Los últimos de Filipinas y parece que nuestro lector se sintió contagiado de un patriotismo sublime por un acto de valor de los soldados españoles. Días después adquirí el libro que hoy os quisiera comentar. En el mismo, el autor, periodista de fama y de insospechable tendencia nos relata, tras de un viaje por los lugares donde se vivieron los hechos, cómo se produjeron estos, con testimonios de familiares de los supervivientes.
Manuel Leguineche (Premio Nacional de Periodismo, ganador del Pluma de Oro, el Cirilo Rodríguez, el Godó, el Julio Camba y el Ortega y Gasset) nos retrata una sociedad española de finales del siglo XIX que, cien años después, nos sorprende. Pocas veces en los libros de Historia se había hablado así. El abandono de las colonias por parte de la metrópolis, la condena de los mozos pobres a ir a una guerra absurda tan sólo por no poder pagar la famosa "cuota" y el estado de guerra permanente en el que se mantenían las Islas Filipinas, con fusilamientos no ya de insurgentes en armas sino también de políticos independentistas. Un panorama dictatorial, digno de siglos anteriores y que no era ni ha sido conocido en este país por motivos difíciles de explicar pero muy fáciles de comprender.
En suma, una realidad que no se refleja en la película ni en las palabras encendidas de nuestro comunicante. Es, además, interesante el retrato de la sociedad española anterior a la revuelta. Los peninsulares eran amos y señores de unos nativos a costa de los cuales vivían.
Gesta, sí. Pero obligada para muchos por la sinrazón del mando.

 A Primeraclase

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