La "amistad" Alauita

Hassan II falleció el 23 de julio pasado, a la edad de 70 años. Nombrado Monarca de Marruecos el 26 de febrero de 1961, su reinado se ha caracterizado por una serie casi continua de atentados contra su vida por parte de su propio pueblo, de los cuales se salvó tan sólo por la "baraka" (suerte de Dios) que dicen que poseía. Estos atentados supo castigarlos con mano férrea y sin miramientos. Ante su muerte, es totalmente comprensible que la Diplomacia Española haya transmitido a su heredero su pesar por el óbito. Pero lo que no se acaba de comprender es que la prensa española haga resaltar la fraternal amistad, "desde siempre", entre el monarca alauita y nuestro Soberano, Don Juan Carlos. En definitiva, que se le denomine como "el gran amigo de España". Incluso, eminentes articulistas han derramado lágrimas por el que consideran fallecido "gran estadista" que supo mantener el equilibrio en el Magreb. Deben ser lágrimas de cocodrilo porque, si no, no se entiende...
La realidad es que, desde principios de su reinado, Hassan II se dedicó a tocarle las narices a España, a ver si así sacaba tajada. Y consiguió sacarla. Los que tienen edad para ello recordarán todavía la sangrienta incursión, en los años 60, de "partidas irregulares", procedentes de Marruecos, (en realidad soldados marroquíes armados con sus pertrechos reglamentarios), que invadieron la provincia de Ifni, (española desde los Reyes Católicos) y que costó cantidad de vidas de jóvenes soldados de nuestro Ejército.
Las madres de aquellos muertos podrían opinar al respecto, porque la sangre es un poco más espesa que el agua, aunque se trate de agua salada como la del Estrecho donde tantos marroquíes se han ahogado huyendo en una triste patera del "Paraíso" de Hassan. Al final de esa década hubo que ceder el territorio a la soberanía alauita. Más tarde, y eso ya lo vivimos los menos jóvenes en nuestras propias carnes, Hassan II, aprovechando la enfermedad mortal del General Franco, con la crisis de Gobierno consiguiente, organizó la Marcha Verde al territorio del Sahara. También hubo enfrentamientos, silenciados por la prensa censurada de la época, con sus consiguientes víctimas. ¿Y nuestros pescadores? Siempre hubieron de sufrir sus impertinencias. En definitiva que, de amigo, más bien poco... Oportunista, sinuoso, revanchista hasta la muerte con sus contrincantes y siempre a la espera del menor signo de debilidad española para ganar terreno: Así fue Hassan II. No en balde, los planes del Estado Mayor del Ejército de España siempre han previsto una confrontación militar con Marruecos y no con otro país. Ni con el Reino Unido, por el tan manido Peñón.
Hay que tener memoria y recordar, porque sería de tontos no hacerlo. Y de desagradecidos para con nuestros muertos. "De mis amigos me guarde Dios, que de mis enemigos ya me cuido yo", dice el refrán. Y nunca mejor ocasión para aplicarlo.
Pero la diplomacia es como una señorita y así funciona: Cuando el diplomático y la señorita dicen que no, es que puede ser. Cuando ambos dicen que puede ser, significa que sí. Y cuando los dos dicen que sí, el diplomático ya no es diplomático y la señorita deja de serlo para ser señora. Así que habrá que ser diplomático.
Descanse en paz Hassan II y que Alá le acoja en su seno, pero roguemos que su heredero, también íntimo amigo de nuestro príncipe Felipe y, por tanto, su "primo", tenga una muy diferente idea sobre la amistad que su predecesor, cosa que ya ha empezado a "demostrar" con las reivindicaciones sobre Ceuta y Melilla en cuanto ha visto las maniobras de Jesús Gil. Esperemos que esta vez no nos toque también hacer de "primos" a todos...

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