Cría cuervos... y tendrás cuervitos.

A dos de nuestros congéneres, por decir algo, les han expulsado de casa mediante sentencia judicial, por abusar y maltratar a sus padres. ¿Os parece poco? En la sentencia, dictada en Ejea de los Caballeros, se reconoce el mal vivir de ambos hermanitos. Ni estudiaban ni trabajaban; pero, eso sí, vivían de narices. Y amenazaban a sus progenitores. ¿Qué pasa? ¿Que le daban al porro o a la pastilla? ¿O que traficaban en ello? Desde luego, mucha culpa la han tenido sus padres que, es de imaginar, no les han vigilado desde pequeños o no se han molestado en educarles.
La letra con sangre entre, decían nuestros abuelos. Y no. Pero que una bofetada a tiempo surte su efecto, eso es cierto. Pero hay padres que es que también se dan a la mandanga. Ni se ocupan de nuestras notas ni de nuestros amigos. Y después, si suspendemos, se limitan a decir: - ¡Pero qué has hecho! ¿Para eso me gasto yo el dinero?
Y si somos sinceros, es para echarse a llorar, porque creo que nuestros padres nos deben algo más que dinero y nosotros algo más que buenas notas. Entrambos nos debemos cariño. Denunciar a un hijo debe ser muy duro, pero vejar a una madre se me hace más. Y vivir del cuento, sin ser escritor, es que ya sobrepasa los límites. En fin, sentencia hubo y no recurrida. Que de quién es la culpa? Sinceramente pienso que de los hijos. Pero también esos padres tienen que estar arrepentidos.
Cría cuervos, pero vigila a los pollitos, digo yo.

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