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Gigantes que
besáis a las alturas...
Gigantes que besáis a las
alturas
con copas de esmeraldas soñadoras,
vosotros que sabéis desde lo eterno...
¡Dejad que me recubra vuestra sombra!
Hervidero de aves que trináis
en la verde maraña de las hojas,
no ceséis en el canto... ¡Concededle
al espíritu muerto fatal honra!
Florecillas alegres que lucís
en el suelo potente vuestra gloria,
no perdáis vuestras galas, ¡por favor!,
para un día alegrar mi triste fosa...
Nubes grises que el Sol habéis cubierto,
no abracéis a sus rayos, amorosas...
¡Dejad que, cuando al polvo por fin vuelva,
sienta el fuego de Dios sobre mi boca..!
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