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Se mece la
hierba...
Se mece la hierba suave
a las caricias del viento.
En el manantial, las aguas
entonan claro concierto.
El Sol desteje las nubes,
cantan airosos los cielos,
reflorecen en las ramas
los nidos de los jilgueros.
Todo hierve de impaciencia,
de bullicio y de contento.
Todo renace, mas yo...
como antes permanezco.
Todos piensan en la vida.
Yo, sólo en la muerte pienso.
En la muerte... y en mi amada.
¡Ah, Dios! ¿Por qué no me habré ya muerto?
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