Tú eras para mí la flor soñada...

Tú eras para mí la flor soñada,
medrosa y débil, tierna y angelical,
con los ojos bañados en pureza,
con los labios intactos, sin besar.

Por eso te busqué, porque eras mía.
El ángel que a mis sueños diera faz.
Por eso te busqué y aún hoy, sabiendo
que no eres el ángel de bondad,

aún sabiendo los males que te aquejan,
que tu pecho no abriga a la piedad,
pese a todo, vendría yo a buscarte
si supiese que habrías de tornar.


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