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Me dices que
la olvidas...
Me dices que la olvidas,
que no quieres
jamás volverla a ver.
¡Ay! Dime tú, alma mía,
¿por qué mientes
si sabes que la quiero más que ayer?
No te engañes tú misma
contestando
que el orgullo te impide renacer,
que eres mucho
para pedirle cuentas
por su amargo desdén.
Di más bien que eres pobre,
que no tienes
ninguna realidad para ofrecer
y los sueños, ¡ay, alma! son muy caros
para en subasta pública vender...
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