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Alma mía...
Alma mía, ¡qué blanca has sido
ayer,
con la Gracia del Dios que te ha creado!
¿Por qué ingrata Su luz has rechazado,
buscando la penumbra del placer?
¿Qué afán torpe te ha hecho devolver
mal por bien al Rey que te ha elevado,
al que un día ofrendó Su vida a cambio
de tan sólo seguirle hasta el Edén?
¡Ay, mágica virtud que hay has perdido..!
¿Volverás otra vez junto a mi lado
para siempre quedarte y no volver
a marchar por la senda del pecado?
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