El trovador (Soneto)

A la Luna miraba suplicante,
sabiendo que sus rayos te besaban.
¡Qué envidia tan feroz sentí en el alma
sabiendo que la Luna era tu amante!

Cual paladín y audaz guerrero andante
subiendo a cortejar a la ventana,
por una musical y blanca escala
un rayo de la Luna subía a amarte.

¡Quién fuera aquel valiente caballero
de lanza puntiaguda y gran montante,
jinete en un corcel de pelo negro

que, dejando la guerra por el arte,
trocaba por el arpa su cruel hierro,
entonando en la noche sus romances..!

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