Han de callarse mis labios...

Han de callarse mis labios y mi pluma
pese a que el llanto resuene en mi silencio...
Que mil veces postré mi gloria suma
a tus míseros pies, mas hoy la yergo.

Yo sé que aquí, en el alma, donde laten
quimeras e ilusiones, sigues dentro,
que a pesar de que hieras y que mates
este trágico amor, sigue viviendo.

Pero sé que el orgullo es arma grande
y que el tiempo es la esclusa del olvido:
Sostiene los recuerdos en su embalse
hasta el día en que rompen con gran ruido.

Después, no queda nada. Todo huye
y nacemos de nuevo a nueva vida...
Me costará olvidar, mas no lo dudes...
¡Habrá un día, quizás, que lo consiga!

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